En España, la hija de 13 años de una madre fue secuestrada y violada por un vecino. El agresor fue condenado a nueve años de prisión.
Aproximadamente seis años después de cumplir su condena, el agresor fue puesto en libertad condicional y regresó a la ciudad. Se encontró con la madre en un bar cerca de una parada de autobús.
El agresor le preguntó burlonamente: "¿Cómo está tu hija?". Enfurecida, ella compró gasolina, regresó al bar, roció al hombre con ella y le prendió fuego.
El hombre sufrió quemaduras graves y murió pocos días después.
Aunque estaba presa del pánico, no huyó, sino que confesó lo sucedido a quienes la rodeaban y esperó a que llegara la policía.
Fue condenada a cinco años y seis meses de prisión, pero gracias a una campaña de indulto y por motivos de salud, fue puesta en libertad tras cumplir parte de su condena.
En pleno incendio en Filipinas, una mujer se negó a salir sin rescatar a sus perros. Los salvó uno por uno y logró sobrevivir.
Hay gente que se gana el cielo mucho antes de morir. ☺️🐶❤️🪽
Toda la atención en el bono del Boric mientras los empresarios destruyen la naturaleza, se cagan a la gente y hacen abandono de animalitos, los mismo q se declaran gente bien, s aplauden ellos mismos pa la teleton y hablan de pais solidario. #Explosión#Renca#URGENTE#Quilicura
LA INJUSTICIA DEL AZAR
Y LA CRUDEZA DEL DESTINO
Hay muertes que no admiten explicación moral. No enseñan, no redimen, no ordenan el mundo. Ocurren y ya. Son la expresión más desnuda del azar, esa fuerza impersonal que reparte tragedias sin criterio, como si el universo jugara a lanzar dados sobre la vida humana.
Un accidente —así lo llamamos, con una palabra pequeña— basta para recordarlo. Un choque. Un transporte de gas. Un líquido contenido a baja temperatura y alta presión que, al liberarse, deja de obedecer. Se convierte en nube. En manto invisible. En abrazo mortal. Avanza pegado al suelo, pesado, silencioso, cubriendo todo lo que encuentra: autos detenidos, personas apuradas, ciclistas concentrados en el equilibrio, peatones pensando en el almuerzo o en llegar a casa. Y luego, en un instante que no alcanza a ser medido, una chispa. Cualquiera. Una bujía, un cigarro, un motor que insiste en girar. Y el mundo cambia para siempre.
La combustión no avisa. No da tiempo a comprender, menos a huir. La reacción se propaga más rápido que el pensamiento, más rápido que el miedo. El fuego corre donde antes había rutina. El estruendo queda grabado en la memoria de quienes sobreviven, como una cicatriz sonora que nunca termina de cerrarse. Y para quienes estaban ahí, en ese punto exacto del mapa y del tiempo, ya no hay memoria: sólo destino cumplido.
Eso es lo que duele. No el accidente en sí, sino su arbitrariedad. La injusticia radical de estar en el lugar incorrecto en el momento nefasto. No por imprudencia, no por decisión, no por error propio. Simplemente por estar. Por coincidir. Por haber salido cinco minutos antes o después. Por haber elegido esa ruta y no otra. Por haber detenido el auto en ese semáforo y no en el siguiente.
Minutos antes, esas personas pensaban en cosas pequeñas y humanas. En llegar a tiempo. En una llamada pendiente. En una deuda, en un mensaje, en una cita. La vida en su forma más simple y cotidiana. Nada anunciaba el final. Ninguna señal, ningún presagio. El destino no envía notificaciones. Sólo cae.
Nos cuesta aceptar que la muerte, a veces, no tiene relato ni causa profunda. Que no hay enseñanza proporcional al dolor. Que no todo ocurre “por algo”. Hay tragedias que no explican nada: sólo interrumpen. Cortan biografías a mitad de frase. Dejan objetos huérfanos de dueños y palabras sin destinatario.
Frente a eso, el ser humano intenta ordenar el caos con conceptos nobles: azar, destino, fatalidad. Son intentos de nombrar lo innombrable, de darle forma al absurdo. Pero en el fondo sabemos que no hay consuelo suficiente. Sólo queda el respeto por quienes no tuvieron opción. La memoria de esas vidas detenidas sin consentimiento. Y la conciencia, incómoda y persistente, de que la línea que separa un día cualquiera de una catástrofe es infinitamente delgada.
Hoy fueron otros. Mañana, nadie lo sabe. El azar no distingue, el destino no explica. Y quizá por eso, entender su crueldad no nos vuelve cínicos, sino más atentos. Más frágiles. Más conscientes de que vivir —simplemente vivir— es un privilegio precario, sostenido por una combinación misteriosa de rutinas, coincidencias y silencios que, cuando se rompen, nos recuerdan cuán poco control tenemos sobre el final.
@MisColumnas
@EFE_Rancagua Por favor URGENTE enciendan el aire acondicionado del tren que va Camino a Estación central y paso por Buin a las 19:13
URGENTE
VA LLENO Y NO SE PUEDE RESPIRAD
@EFE_Rancagua Hola @EFE_Rancagua siendo las 20:18 hrs ¿Aún siguen con problemas con retrasos y detenciones?
Les pregunto para ver si voy o no a tomar el tren de las 21:20 hrs
Le pedí a la cajera que avisara a Estacion Ventral e informara el problema como siempre y me responde que se sabe que igual cobrarán la multa… @EFE_Rancagua … porque siempre tantos problemas para todo?
No pagaré la multa por un error de ustedes!
@EFE_Rancagua Buenos días, intenté cargar en la caja de Estacion Buin y NO es primera vez que TransBank está con problemas para ejecutar los pagos, a lo cual la cajera me dice que pase pero en Estacion Central al cargar la tarjeta me cobrarán una multa de casi $4.000, Es broma?
@EFE_Rancagua Por favor 🙏 APAGUEN LA CALEFACCIÓN, los trenes vienen repletos en la mañana … siempre pedimos lo mismo … @EFE_Rancagua@EFEnoticias@EFENos_ FAVOR APAGUEN CALEFACCIÓN … nos ahogamos