Esto se llama mansplaining. Explicar a una mujer algo que ella sabe bien porque tu ego masculino herido te impele a presionarla, hacerla quedar como ignorante y relegarla así a un plano secundario adoptando el rol de “maestro” en la conversación para ocupar la posición dominante.
Profesorado que no pregunta quién eres y te habla mal directamente porque estás en los pasillos durante el patio fichando la entrada al curro con el móvil: “no señora, no soy alumna de Bachillerato del centro”.
Está petada la ciudad como hace muchísimos años. Considerar que una movilización así es partidista o que persigue un objetivo no trasversal es sobrevalorar a la izquierda. Ayuso ha perdido este relato. Quizá, por primera vez desde que está en primera línea política.