El GoFundMe para Lindsay Clancy cruzó oficialmente la barrera del millón de dólares. Al cierre del viernes 21 llevaba US$1.014.381 y casi 31.000 donaciones.
Hay nenes con cáncer recaudando fondos para sus tratamientos, pero 31 mil enfermos donaron 1 millón para esto.
Me estoy poniendo enfermo con los vídeos de chicas americanas sacudiendo y maltratando a sus propios bebés en "apoyo" a la asesina de sus tres hijos, Lindsay Clancy. Menudo psiquiátrico a cielo abierto.
El problema no es que traten de justificar o buscar más culpables cuando una mujer asesina a sangre fría. Lo que preocupa es que traten de justicarlo, sin importar la causa, buscando siempre culpas ajenas. Cuando un hombre mata, asesina, viola, nunca nadie está pensando o tratando de defenderlo diciendo que tuvo un brote psicótico, o tenía esquizofrenia o depresión. Lo queremos preso o muerto, no hay puntos medios para el debate. Pero ustedes están buscando justificar la atrocidad más grande que puede existir en esta vida: una mamá matando a sus pequeños hijos.
FACT: Postpartum depression is real.
FACT: Postpartum psychosis is rare, but real.
FACT: Women have more access to care than at any other time in history.
FACT: If you take the lives of your children for any reason, you belong in prison.
FACT: Mental illness of any kind never excuses you from the consequences of murdering another human being.
Got it?
El feminismo trasnochado y el caso de Lindsay Clancy
El feminismo empezó exigiendo que las mujeres fueran tratadas como adultos y ha terminado, paradójicamente, tratándolas como menores de edad.
El caso de Lindsay Clancy es quizás la demostración más obscena. Una mujer acusada de matar a sus tres hijos recibe multitud de apoyo público, concentraciones de mujeres vestidas de rosa, mensajes de solidaridad y una corriente de simpatía que ya ha cruzado el Atlántico.
Basta con que hagamos el experimento más sencillo, solo cambiemos el sexo.
Ahora un padre mata a sus tres hijos mientras su mujer está fuera de casa. Después intenta suicidarse. Su defensa sostiene que padecía una enfermedad psiquiátrica gravísima.
En la jurisprudencia occidental es perfectamente legítimo estudiar su imputabilidad. Para eso existen los psiquiatras forenses y los tribunales.
Ahora imaginemos cientos de hombres frente al juzgado con camisetas de apoyo al padre. Círculos de oración por él. Hombres explicando que también sufrieron depresiones y que aquello podría haberles pasado también a ellos.
Una campaña solidaria que desplazara el centro emocional de los tres niños muertos hacia el hombre que los mató. La reacción social sería feroz, y con toda la razón.
Ahí aparece el feminismo trasnochado, el que necesita convertir a la mujer en una criatura determinada por insalvables fuerzas exteriores.
Cuando triunfa, el mérito es suyo, pero cuando comete una atrocidad, comienza inmediatamente la búsqueda del verdadero responsable, ya sea el marido, los médicos, los medicamentos, la maternidad, la sociedad, el patriarcado o el sistema.
Si una psicosis anuló realmente sus facultades como dice la defensa, tendrá consecuencias jurídicas decisivas. Pero inimputabilidad no significa admiración, diagnóstico no significa homenaje y una explicación no significa llevar pancartas.
Una sociedad sana puede concluir que alguien estaba tan enfermo que no merece prisión y reservar, al mismo tiempo, su principal compasión pública por quienes murieron.
Lo inquietante es además comprobar cómo la simpatía se contagia. Una mujer expresa públicamente su apoyo. Otra descubre que puede interpretar el crimen mediante el relato de la maternidad desatendida.
Luego llegan testimonios, vídeos, hashtags y camisetas a favor. Cada muestra de simpatía legitima la siguiente.
Algo que aisladamente habría provocado rechazo comienza a parecer aceptable porque otras personas ya han establecido el marco moral desde el que debe contemplarse.
Y Estados Unidos posee una capacidad extraordinaria para exportar esos marcos al resto de Occidente. Antes un crimen ocurrido en una ciudad de Estados Unidos habría ocupado unas líneas en la prensa española.
Hoy TikTok, Instagram, YouTube y los podcasts ya nos entregan el paquete completo, con hechos, interpretación, culpables sociales, consignas, bandos y hasta las emociones apropiadas.
No importamos solamente la noticia, importamos la polémica ya empaquetada.
Tres niños asesinados pueden terminar convertidos en contenido de treinta segundos alrededor del cual escogemos equipo como en cualquier otra guerra cultural.
El horror se transforma en formato y nosotros reproducimos desde España una discusión estadounidense creyendo muchas veces que hemos llegado independientemente a nuestras conclusiones.
La igualdad adulta tiene una cláusula incómoda, porque también iguala ante la responsabilidad. La enfermedad mental debe valorarse exactamente igual en un hombre que en una mujer.
Podemos comprender una enfermedad, exigir mejores tratamientos e incluso aceptar la inimputabilidad sin convertir a quien cometió la atrocidad en símbolo de una causa feminista.
Si para demostrar nuestra compasión hacia un adulto necesitamos desplazar a tres niños muertos por una mujer, aquello ya no es compasión, es ideología altamente toxica importada desde el otro lado del Atlántico, como llevamos padeciendo desde hace décadas, especialmente en los últimos 20 años.
Lo que se ha escrito en redes después de conocerse la pérdida del hijo que esperaban Lavinia VALBONESI y su esposo retrata algo preocupante de nuestra sociedad. El odio político está destruyendo hasta la empatía.
Se puede cuestionar al presidente. Criticarlo. Oponerse a su gobierno. Pero utilizar la pérdida de un hijo para atacar políticamente a una familia no es oposición. Es miseria humana.
Nadie debería sentir el dolor que estoy sintiendo ni vivirlo de la manera en que me tocó vivirlo. Y mucho menos debería ver su dolor convertido en una discusión política.
Mi bebé no era una noticia, una postura, ni un argumento. Era mi hijo. Lo vi perfectamente formado, perfecto para mí, y lo amé desde mucho antes de poder tenerlo en mis brazos.
Por razones que solo Dios conoce, no pudo seguir con nosotros. Y espero que, al menos frente al dolor de una madre, podamos seguir siendo humanos.
Buenos días.
Ayer me pidieron que dijera algo sobre el caso de #Noelia desde la #Bioética. Confieso que su historia me ha conmovido profundamente. La de una joven, hija de padres divorciados con dificultades, de la que se hizo cargo Asuntos Sociales y fue internada en un centro de menores. Allí sufrió una violación grupal y no recibió la atención psicológica ni el acompañamiento humano que necesitaba. Un intento de suicido fallido, queda en silla de ruedas y ahonda en su dolor. Su historia deja al descubierto las grietas más profundas de nuestro sistema: una víctima de un abandono institucional que la dejó completamente sola ante el dolor. Ahora, su petición de ayuda para morir se presenta como un acto de libertad, cuando en realidad expresa la desesperanza de quien nunca fue acogida ni tratada como merecía.
No estamos ante un caso de #eutanasia, sino de #suicidioasistido. Noelia no padece una enfermedad terminal, sino una depresión profunda derivada de un trauma no sanado. Aun así, la ley permite abrir esa puerta sin distinguir entre un sufrimiento físico irreversible y un sufrimiento psicológico que puede tratarse y aliviarse. Es una falla gravísima que sienta un precedente: una norma que hoy se aplica a quienes podrían recuperar su vida si recibieran la ayuda, la terapia y el acompañamiento adecuados.
La vida de Noelia es valiosa, aunque ella no lo perciba ni lo vea. La #dignidad humana no depende del sufrimiento ni de la autonomía entendida como autosuficiencia. Nace del valor único de cada persona, de su necesidad de vínculos, cuidado y amor. Sin embargo, la ley, en lugar de ofrecer compasión real, termina legitimando la renuncia a la vida de quienes más necesitan apoyo y esperanza.
Noelia no necesita que el Estado le ofrezca la muerte, necesita que alguien le devuelva el sentido, la ayuda y la posibilidad de sanar. A mi juicio, lo que está ocurriendo con ella no es un gesto de libertad, sino el reflejo de un profundo fracaso colectivo. Cuando la vida duele, lo verdaderamente humano es cuidar, acompañar y sostener, no matar.
Me duele una sociedad que sólo sabe ofrecer esta salida a una joven de 25 años, adulta y consciente, pero con heridas aún abiertas y profundas. Siento una enorme compasión por Noelia, una compasión que debería traducirse en presencia, acompañamiento y cuidado, no en la autorización para morir. Que el Estado contemple el suicidio asistido para una persona tan joven me parece un error gravísimo y, sobre todo, una derrota moral. Sí, la ley de eutanasia lo permite y Estrasburgo ampara su decisión, pero no todo lo que es legal es necesariamente ético ni verdaderamente humano.
Estas palabras no servirán de nada.
Todo mi afecto para ella y su familia en estos momentos tan duros.
Hoy es un buen día para recordar la filosofía del Robbins de patología:
"El cáncer es ubicuo en la población humana; la única manera segura de evitar el cáncer es no nacer, ya que vivir supone un riesgo." 🧐
🚩🚩POLÉMICA | Las nuevas guías nutricionales de Estados Unidos 2025–2030: lo que está bien, lo que está mal y lo que nadie te explica.
Mi opinión como médico especialista en Endocrinología y Nutrición.
🧵 HILO | 👇🏻
Ahora mismo alguien está enfadado contigo porque elegiste la paz por encima del drama y la distancia por encima de la falta de respeto. Buena decisión.
Este año aprendí que cambiar de entorno es más poderoso que cambiar de rutina.
Si estás en un lugar tóxico no importa cuantas cosas hagas o agregues. Hay que primero salir de ahí.
Happy birthday, Jane Austen! 🎂🩷 250 years and we're still not over Elizabeth Bennet, Mr. Darcy, & one of the best opening lines in all of literature
Las conversaciones difíciles e incómodas sólo van a ser productivas con gente que es emocionalmente madura como para entender lo que le estás comunicando. Léelo otra vez