Revisando la web, no encuentro ninguna pestaña en la que aparezcan las ayudas a la maternidad, ni ninguna lista de recursos públicos de apoyo a las mujeres en riesgo de exclusión, en situación de maltrato o que necesiten ayuda psicológica.
En el apartado de testimonios, no leo ninguno que hable del dolor anterior y posterior a tomar esa decisión, ni de la tristeza de esas salas de espera, ni del arrepentimiento que experimentan algunas mujeres.
Para garantizar una libertad de elección real e informada, ¿no sería conveniente incluirlo?
Un saludo a todos aquellos que equiparan este tipo de inmigración con los españoles que marcharon a Berlín en los años sesenta. Y un Euromillón para quien encuentre una fotografía de entonces que se asemeje mínimamente a esto:
Cosas que ha visto mi generación:
- 3 funerales de Pontífices
- La muerte de la Reina Isabel
- Una pandemia
- El regreso del fascismo
- El desastre climático
Cosas que mi generación nunca verá:
- La pensión
Desde el momento en que nuestros dilectos obispos aceptan la neolengua del Gobierno y usan de continuo el verbo “resignificar” en vez del término correcto, “profanar”, muestran ya su rendición ante tal Gobierno. Cuanto sigue son solo las consecuencias de esa cobardía básica.
Mira María, es tan normal que hace posiblemente 200 años un campesino le dijo a otro "Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo" y eso se quedó como refrán.
Atención, de nuevo, a las ideas que administran los políticos: tres veces utiliza Errejón el término «democratizar» para referirse a plurinacionalizar las riquezas de la Nación. Además, sustituye el sintagma «Soberanía nacional» por el de «soberanía popular», y esto no es gratuito, saben perfectamente lo que están diciendo.
Su referente es el pueblo (el conjunto de españoles que estamos vivos ahora) y no la Nación, lo cual justificaría que el pueblo —los ciudadanos que estamos vivos ahora mismo y que podemos votar— podría decidir democráticamente, a través de las urnas, lo que sea o deje de ser España: la voluntad popular, que en todo caso sería la voluntad de las minorías mayoritarias, estaría legitimada a decidir, votando, lo que sea o deje de ser España.
Pero eso es una formidable corrupción política porque España está por encima de la democracia. Lo explicaba muy bien Gustavo Bueno: el pueblo son los individuos vivos, la multitud presente, los españoles vivos en 2024. Pero tal conjunto de personas no pueden renunciar a lo que han heredado, porque los actos de nuestros antepasados, de los españoles del pasado, han influido en la realidad de los españoles del presente y, al mismo tiempo, nosotros, en tanto españoles, tenemos que tener en cuenta cómo influirán nuestras acciones en los que vendrán.
Esto es, el pueblo tiene que tener en cuenta a la Nación, que es más que el pueblo. Pero ojo porque esto de la soberanía popular tiene otra doblez mucho más peligrosa, puesto que en realidad cuando los partidos del llamado bloque progresista plurinacionalizador hablan de «pueblo» no se están refiriendo al pueblo español, sino a los pueblos vascos, catalán, gallego, etc. que, una vez más, empujados por la idea-fuerza del «derecho a decidir», tendrían derecho a decidir en un referéndum lo que sea o deje de ser España. Así que mucha atención cuando oigan ustedes hablar de soberanía popular en vez de soberanía nacional.
Al hilo de lo de Amaral, me pregunto si las mujeres estamos dispuestas a renunciar al poder de nuestras tetas, ligado a su sexualización.
Un poder del que, lo reconozcamos o no, todas, especialmente las que usan más de una 90, somos conscientes.
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