no mentían cuando decían que te despiertas un día y ya no te importa nada, sin advertencias, sin cambios dramáticos, solo un desapego tranquilo, casi pacífico
se siente tan bien que alguien te reciba y te haga sentir que hay un lugar seguro (al menos para mitigar algunas cuestiones de la vida y sus ajetreos mundanos). Y este lugar no deja de ser una construcción, pues nadie nos brinda un lugar en su vida porque sí.