@NotMartinCis12@BaityBait@EnmaTheDragon Obvio que no lo es, tampoco Chile o Argentina, por si solos son países pero cuando se unen sus culturas es Latam! Te falta estudiar amigo
@EnmaTheDragon@BaityBait Por favor,amablemente te pido que dejes tu patrotismo de lado y analices como realmente se hace en un caso de investigación y/o estudio, jamas se hace con un grupo cerrado y menos con un solo sujeto. En la metodología de la investigación, ahora, si quieres hacer algo informal
@OscuroApostol@EnmaTheDragon@BaityBait Tu comentario aporta 0 a la discusión, querias ser visto por alguien como yo?, Hola, que tengas un buen dia, relajate y nada es tan serio
@EnmaTheDragon@BaityBait No es Dios, no tiene la vision de todo, estas cayendo en la falacia de autoridad, ¿que mejor que un doblador mexicano? Tener al menos 2 profesionales de diferentes paises para realizar un analisis completo y no solo la realidad un grupo de estudio pequeño.
@EnmaTheDragon@BaityBait Tu misma lo dijiste, habla de doblaje cuando en latam también existe el doblaje de Venezuela y Chile. Para entrevistar debes tener varios puntos y conextos, solo el mexicano te da una entrevista cesgada
Publi: Monté una web (https://t.co/JhjrxCDKtz) para tener todas las conferencias de videojuegos que vamos a ver en directo esta semana con los horarios de España y Latam
La hice con @Hostinger en una tarde: Eliges plantilla, arrastras, sueltas y sin tocar código
Alfredo Joignant @JoignantAlfredo: “Hace un año, dos chicos rompieron un grifo en Vitacura, que derechos sociales podrían perder si sabemos que van a colegios privados y que sus papás le pagan isapre. O estamos en presencia de una registro clasista y anti pobre” #ToleranciaCero
VIOLENCIA SIMBÓLICA
La victimización del victimario. Hay una forma de violencia particularmente perversa. No rompe vidrios, no deja hematomas, no dispara balines ni lanza piedras. No necesita gritar porque sabe que puede herir susurrando. Es la violencia simbólica: esa modalidad refinada de agresión que se disfraza de opinión, performance o simple libertad de expresión, mientras inocula desprecio, humillación y provocación calculada.
La violencia física es condenable. La verbal también.
Sobre ello existe un consenso razonable. Sin embargo, hay una categoría más sofisticada y escurridiza que suele escapar al escrutinio público porque opera desde la ambigüedad. Su fuerza radica precisamente en que puede negar su propia existencia. Golpea y luego afirma que jamás levantó la mano.
La violencia simbólica consiste en utilizar símbolos, mensajes, imágenes o conductas destinadas a provocar, degradar o imponer una visión sobre otros, especialmente cuando dichos símbolos evocan experiencias traumáticas, abusos o episodios dolorosos para una parte significativa de la sociedad.
Quien se viste deliberadamente evocando a un dictador, quien reivindica represiones que dejaron víctimas o quien transforma el sufrimiento ajeno en una puesta en escena política, sabe muy bien lo que está haciendo. No hay ingenuidad posible.
La provocación calculada rara vez es un accidente. Lo fascinante, y al mismo tiempo miserable, es que los cultores de esta práctica suelen presentarse como paladines de la tolerancia. Lanzan la piedra simbólica y esconden la mano. Instalan el agravio y luego exigen respeto. Provocan hasta el límite y, cuando alguien reacciona, se apresuran a ocupar el papel de víctimas.
Es una operación política de una pobreza intelectual notable. Consiste en reemplazar las ideas por la provocación, el debate por el espectáculo y los argumentos por la manipulación emocional. No se busca convencer; se busca irritar. No se pretende construir; se pretende detonar. El procedimiento es conocido. Primero se introduce un símbolo destinado a herir sensibilidades. Luego se espera la reacción. Finalmente, cuando esta llega, se denuncia intolerancia, censura o fanatismo.
El agresor se transforma mágicamente en agredido. El victimario se disfraza de víctima. Y la discusión pública queda reducida a una representación grotesca donde la responsabilidad desaparece. Nada de esto justifica insultos, amenazas o agresiones físicas. La violencia nunca es una respuesta legítima. Pero tampoco puede aceptarse la ficción de que la provocación permanente carece de consecuencias.
La convivencia democrática exige derechos, pero también responsabilidades. Las democracias saludables descansan sobre desacuerdos profundos administrados mediante reglas compartidas de respeto. Cuando actores políticos convierten la provocación en estrategia, erosionan precisamente esas reglas. Transforman el espacio público en una arena donde el objetivo ya no es deliberar, sino exasperar.
La violencia simbólica es especialmente dañina porque es persistente. No actúa como un golpe aislado, sino como una gotera constante que deteriora lentamente la confianza social. Va normalizando el desprecio, trivializando el dolor ajeno y degradando el lenguaje político hasta convertirlo en una competencia de provocaciones cada vez más extremas. Por eso resulta tan peligrosa. Porque destruye la convivencia mientras proclama defenderla, y agrede mientras reclama respeto.
Porque ofende mientras exige consideración. Y porque, en su versión más ruin, convierte la reacción de los otros en combustible para su propio relato victimista. Provocar deliberadamente para obtener una respuesta y luego denunciar al provocado no es valentía. Tampoco es libertad. Mucho menos política. Es una forma de cobardía. Una de las más refinadas y miserables. La cobardía de quien no tiene nada que ofrecer salvo el agravio. La mediocridad de quien, incapaz de construir una idea, decide construir una trampa.
via @Eneatipo7@MisColumnas
People like him meltdown the moment XBOX management actually listens to XBOX fans.
He’s so addicted to “soft power” he genuinely thinks his opinion carries more weight 🤣😂
The reaching is also irrelevant what has showing logo on competition on an XBOX showcase has to do with sales or multiplat strategy?
Señor @Jou_Kaiser, usted demandó al señor Parisi por injurias, después de que él lo tratara de corrupto y limitado intelectualmente.
Lo que usted sugiere cobardemente en este tuit es tan falso como grave. Le doy una oportunidad: si no rectifica, me veré obligado a demandarlo.