Se pasa los días durmiendo… ¿qué es un día cansado para ella? Como fuese.
Al llegar a los pies del gran árbol, bajó de la moto, haciendo desaparecer su casco en lo que le ayudaba a la mujer a bajar.
—Lo es, uno que creo que puede aguantarme más de un golpe.
>
Quejarse era parte de su esencia, más aún cuando la despertaban a media mañana luego de un cansado día.
Pero daba igual, le intrigaba más el hecho de conocer a ese misterioso hombre...
──────Ha de ser alguien interesante si tantas ganas tienes de +
< Sí, se estaba recorriendo Teyvat solo para darse de madrazos con un hombre. Eso y sacar a Xilonen de paseo.
—¿Quieres que a la vuelta avise a la arconte Dendro y que nos deje pasar? —Preguntó abriendo su traje como siempre, dejando que las gafas de sol aparecieran >
+ una completamente distinta, aunque no le gustaba conducir a aquella velocidad, perdía mucha estabilidad y le cansaba el peso de la moto.
—Estamos cerca de donde vamos a desayunar.
¿Por qué no paraba de quejarse...? No hubo maldad en ninguna de sus acciones, hasta le preparó un casco que cubriese las orejas. ¿por qué es así? No puede hacerlo todo perfecto a la primera.
La velocidad bajó drásticamente, no quería escuchar una sola queja más, +
Le temblaban las piernas, y los brazos comenzaban a dolerle de la presión que ejercía en la cintura de Mavuika, incluso las orejas había empezado a zumbarle de mala manera...
Y si echaba la vista para atrás... Oh, su preciosa cola, llena de polvo y con el pelaje revuelto. Esto +
+ terminaría por molestarle y no quería enfadarse, no co Xilonen.
—Un hombre que llevo tiempo deseando conocerle en persona, no puedo dejar de pensar en ese momento.
Buscó las sombras entre las dunas hasta que el trópico les abrió pasó, al menos allí la sensación era +
+ conocer, llevaba años buscando a alguien como él.
De la sola emoción quiso apretar el acelerador, sin embargo, la tensión en el cuerpo de Xilonen hablaba por ella.
—Puedes relajarte, conmigo nunca nada te pasará.
Y eso que no iba todo lo rápido que le gustaba, todo el mundo sabía que si ibas con paquete, la velocidad debía ser otra.
Sumeru a lo lejos, decidió descender un poco, buscaría la comodidad de la mujer.
—¿Hm? ¡Ah! Me enteré de una persona a la que quiero +
No esperó que la mujer la cargase por su cuenta, pero se dejó sin rechistar, agarrándose con fuerza a ella.
Sabía lo mucho que le gustaba la velocidad, pero ella era diferente, no pudo evitar que la cola se le erizase de golpe.
──────Creo que voy a vomitar...
Se le +
Al ver que terminaba por aceptarla, incluso aún habiéndole dado en el trasero, la sonrisa se ensanchó en su rostro, radiante, tal y como acostumbraba.
Bajó las escaleras tirando de ella, buscando el exterior de la casa donde había dejado la moto.
El casco se apoderó +
Una lenta sonrisa apareció en su rostro, acercándose a la mujer para enredar la cola en su pierna.
──────Solo a ti se te ocurriría algo así... ──────murmuró, conteniendo un bostezo mientras se estiraba.
Estaba bien, iría junto a ella donde le dijera, y si se +
+ de su cabeza, subió su traje y, sin dudarlo una sola vez, cargó a su espalda a Xilonen para subirse a la moto. Todo sea para que ella ni se mueva.
—Primera parada, Sumeru.
No esperó ni un instante, tan rápido como sintió que se sujetaba a ella, la mato salió +
+ —No tienes nada de lo que preocuparte, además, estando fuera no te voy a dar trabajo, ¡todo lo contrario! ¿No te hace ilusión?
Ahora sí, la mano le tendió.
Una pequeña risa escapó de sus labios, megó con la cabeza.
—Ya está todo, ¿por quién me tomas? Saben que te vas a ausentar, tenían prohibido decírtelo.
Ambas manos llevó a su propia cintura, inclinándose a ella.
+
Un momento, cuando le dijo que tenía un viaje pensado, no esperó que se tratase de uno tan absolutamente largo. ¿Qué pasaba con su casa?
Bueno, Nepecha tendría que cuidar de ella y de la forja.
──────Al menos deja que le diga a Nepecha que me ausentaré unos cuantos días,+
+ mejilla, a pesar de que fuese en el casco, luego agachó la visera.
—Pararemos por Sumeru para desayunar y luego ya iremos directas a la ciudad de la libertad.
De su propia chaqueta, un par de guantes sacó.
—Toma, más seguridad, no quiero que te pase nada.
Todo estaba pensado por quién la tomaba.
Una vez vio que se alzó para los pantalones, se acercó a ella para acomodar bien la chaqueta, abrochándola hasta arriba, bien la piel estaba perfectamente cubierta.
—Nos vamos a Mondstad, es una larga historia.
Un beso dejó en su +
¿Por qué el mundo la castigaba así cuando ella solo quería dormir...? Era domingo, por todos los dioses, solo quería un descanso...
No tuvo tiempo ni de reaccionar cuando se vio en los brazos ajenos, con un casco y la chaqueta de cuero... ¿Y eso que le daba eran unos +
¿Va a pedir permiso? No, para nada.
Acaba de adentrarse en la casa de cierta herrera, sabe dónde encontrarla, sí, en el piso de arriba en su cama durmiendo.
—¡Xilonen! —La saludaría tomándola en brazos.— Nos vamos.
Una vez hubo sentado a la mujer, sacó de su mochila +
+ un casco con orejitas, preparado, colocándoselo a la adormecida mujer, luego una chaqueta de cueron por encima y lo pantalones tuvo la decencia de dejarlos sobre los muslos ajenos.
—Tenemos un viaje que hacer, ya tengo todo preparado. —Desbordaba energía.— ¡Ah! Buenos días.