—Jill correspondió sin perder tiempo. Fue el primer beso entre ellos y sin duda alguna, el primero de muchos. La mujer se deleitó con la expresión ajena mientras sus labios se encontraban. Ella cerró los ojos tras unos segundos.
Había esperado trece años para saborear los
»
Se alegraba de saber todo lo que provocaba en ella, esa ola de sensaciones que le acababa de describir era algo que también sentía cuando estaban cerca el uno del otro.
—— Entonces yo también debería agradecerte por lo mismo, ¿no?
Él no titubeó y fue directo a encontrarse con »
〝 Me alegra que nuestros sentimientos sean correspondidos. 〞
—Murmuró, no tenía la necesidad de gritar porque estaban cerca, lo suficiente como para declararse en un hilo de voz—.
〝 Te voy a agradecer siempre, porque me has hecho sentir segura, feliz y amada a lo largo de
»
—— Sabes bien que siento lo mismo.
Aseguró, dejando en reposo su frente junto a la de la dominante, rozando con cariño su nariz con la propia, dando así un dicho “beso de esquimal”.
Las palabras de Jill, así como sus acciones, llenaban su corazón de calma y conseguía que »
frentes para que la punta de sus narices pudiera rozar levemente—.
〝 Gracias por todo, no puedes imaginar lo mucho que te quiero y quiero que seas parte de mi vida. 〞
—Acercó sus labios a la mejilla de Clive y lo atrajo para depositar un beso cariñoso en la zona. Sus manos siguieron acariciando la piel del mayor de los Rosfield—.
〝 Mis sentimientos por ti no han cambiado, y dudo que algún día lo hagan, Clive. 〞
—Afirmó, juntando sus
»
—— Sí, así es.
Contestó, estrechando a la fémina entre sus brazos un poco más, buscando mayor contacto con ella.
De nuevo, volvió a sentir ese agradable sentimiento de calidez justo en el centro de su pecho cuando la dominante le tomó del rostro. Sus manos eran suaves, su »
rompiendo por un momento el abrazo para lograrlo. Después volvió a juntar su cuerpo con el de Clive, acunando el rostro ajeno entre sus manos—.
〝 No eres un tonto, Clive. Te quiero por todo lo que eres, por lo que haces cada día... Porque eres tú. 〞
—Rodeó el cuerpo de Clive para atraerlo en un abrazo fuerte y cariñoso. Sujetó la cesta con más fuerza para no dejar caer ni una sola manzana mientras se mostraban cariño por medio del contacto. El viento sopló lo suficiente como para mover la ropa y el cabello de ambos
»
Los cortos minutos de silencio se sintieron para él como una eternidad. En ese pequeño tramo de tiempo, pensó en que tal vez no era mutuo, o que estaría enfadada y se negaría a hablarle por el momento, pero cuando por fin escuchó su voz, afirmando que albergaba sentimientos por »
de una forma delicada—.
〝 Es cierto, ambos nos portamos como imbéciles. Pero ahora estamos bien, ¿no es así? 〞
—Le preguntó cuando pudo encontrar su mirada azul y perderse en ella. Pese a los años, Clive seguía teniendo ese brillo en su mirar. Jill bajó la canasta,
»
por ello. 〞
—Hizo otra pausa para tomar aire, tenía que acomodar las ideas que se comenzaban a formarse en su cabeza—.
〝 Yo también te quiero, Clive. Te quiero mucho, con todo mi ser. 〞
—La mente de Jill se quedó en blanco tras la confesión de Clive. ¿Qué debería hacer ahora? Estaba feliz, por supuesto. Ella lo había querido desde siempre, incluso se atrevería a afirmar que su cariño por él floreció desde el primer momento en el que pudieron verse.
»
Sus ojos celestes se clavaron fijamente en los orbes de la mujer, haciendo una mueca con los labios antes de hablar siquiera.
Los nervios se hicieron presentes, pero eso no le detendría para hablar y decirle lo que en verdad sentía.
—— Te quiero, Jill. Te he querido siempre. »
Cuando Jill por fin habló habían transcurrido dos minutos de mirarlo fijamente y apretar los labios para silenciarse. Torgal se echó bajo la sombra porque se estaba cansando—.
〝 No es necesario que pidas perdón, Clive. Yo tampoco te he tratado como debí hacerlo y me disculpo
»
les dio la bienvenida con aquella sombra que podría servirles para esconderse de las altas temperaturas que comenzaban a sentirse. La portadora del hielo se detuvo para escuchar a Clive—.
〝 Está bien. No quiero que estemos así, no después de todo lo que hemos hecho juntos. 〞
—Jill seguía guardando su distancia, ocasionalmente moviendo los labios como si quisiera hacer una pausa en el camino y hablarle al Dominante, pero sus palabras perecían antes de siquiera llegar a su garganta.
Siguió con la mirada al varón, buscando todavía una mínima
»
Pudo escuchar perfectamente el bufido de la fémina, por lo que le miró de reojo por unos instantes, dubitativo en si realmente debería hablar con ella. Finalmente mantuvo la compostura en todo momento.
Sin embargo, se culpaba a si mismo por incomodarla. No era su »
oportunidad de arreglar la situación, aunque sabía lo difícil que sería volver a como estaban antes de salir a recolectar los frutos. Era mejor callarse y esperar.
Pasaron los minutos recorriendo las zonas aledañas que todavía no se contaminaban con la oscuridad. El almendro
»
doloroso. El sonido de sus botas hacía eco al interior de su ser y no se sacaba de la cabeza las palabras de Clive. Si tan solo hubiese tenido un poco más de tacto con él...—
—La reacción de Clive la hizo sentir herida, no mentiría en absoluto. Observó la canasta de frutos mientras el escudero adelantaba el camino junto al gran lobo y soltó un bufido. La frustración era evidente.
Caminó detrás del par, con un nudo en la garganta terriblemente
»
Lo cierto es que si fue agresivo por parte de la fémina y, ¿para qué mentir? Si le sentó algo mal, por ello siguió de espaldas a ella, acariciando a Torgal. Ahora mismo el can era la mejor escusa que tenía para evitarle la mirada a la dominante.
Tras suspirar, se puso en pie »
〝 ¡Mucho éxito en tu misión! Tus flores son muy bonitas, verás que en poco tiempo las terminas.
Volví a éste lugar hace poco, no recuerdo bien algunos lugares, pero si necesito obsequiar flores pagaría el precio que fuese por una de tu canasta. Esa variedad no existe aquí. 〞