Acompáñenme a ver esta preocupante historia:
Es alarmante como vienen resurgiendo enfermedades inmunoprevenibles (sarampión, tos convulsa) consecuencia directa de la disminución sostenida de la cobertura vacunal en la región.
Comparto un hilo sobre la pertinencia de los exámenes: No tendrían que ser instrumentos de tortura escolar. Bien pensados, son herramientas pedagógicas: ordenan el estudio, ofrecen un ritual de cierre y ayudan a tomar conciencia de lo aprendido y de lo que todavía falta. 1/5
«El fanatismo consiste en redoblar el esfuerzo cuando se ha olvidado el objetivo.» - Jorge Santayana
El algoritmo odia los matices.
Las redes sociales premian lo rotundo, lo emocional.
No hay espacio para un “depende” o un “todavía lo estamos investigando”. No hay recompensa para la humildad intelectual.
El algoritmo quiere certeza. Y si esa certeza viene acompañada de ira, mejor todavía.
En ese entorno, la duda no es una virtud, sino una debilidad.
Los matices, que exigen pausa y reflexión, son penalizados por un sistema que valora la velocidad por encima de la comprensión.
Construimos marcas personales sobre trincheras ideológicas.
Cada conversación se convierte en un combate. O estás conmigo o estás contra mí.
Facha o woke. Ignorante o iluminado. Blanco o negro.
Convertimos la complejidad en guerra cultural. El pensamiento binario se disfraza de claridad moral.
Los estoicos hablaban de apatheia: libertad frente a emociones exageradas, la serenidad que surge del pensamiento claro, del juicio pausado.
Pero las redes nos ofrecen justo lo contrario: exaltación emocional constante.
Nos volvemos esclavos de nuestras reacciones, convencidos de que el irracional siempre es el otro.
No construimos comunidades en las redes sociales. Construimos bunkers ideológicos.
Cámaras de eco donde solo resuena lo que ya creemos.
Todo lo que desafía nuestra visión del mundo se descarta, se ridiculiza o se ataca.
Preferimos estar equivocados con nuestra tribu que tener razón en contra de ella.
Y en ese entorno, confundimos consenso con verdad.
El algoritmo quiere que reacciones. Ahora.
Pero pensar exige tiempo. Los matices nos obligan a detenernos, a considerar opciones, a aceptar que quizá estamos equivocados.
Pero eso no se viraliza.
Recuerda: si renunciamos a los matices, renunciamos a la verdad.
Y sin verdad, lo único que queda es ruido.
En 1915, una mujer le pidió a su marido que le comprase unas cortinas.
—Cariño, ¿traes lo que te pedí?
—No, pero he comprado otra cosa: un círculo de piedras que, por cierto, es el monumento más famoso de Inglaterra.
En #LaBrasaTorrijos, el tipo que regaló Stonehenge.
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