—¿Quieres encargarte tu del golpe final y yo las distraigo o al revés?— Pregunta para saber el protocolo, aunque después como siempre hará su pequeño ritual de agradecimiento.
—Me llegas a traer a una taberna para beber meado de burra y te ahogo contra el bebedero de los caballos.— Espeta amble y con un tono burlesco.
Realmente huele de maravilla, ya le empiezan a rugir hasta las tripas.
—¿Es que no te pagaban antes? Joder, si yo creo que podrías levantar un carromato de hierro si te lo propusieras.— Definitivamente le hizo gracia imaginarse ese tipo de escena.
—¿Y dónde piensas llevarme, a la taberna del chuletón de oro?
Algo así, creo.
-Ritz caminaba tranquilamente, sin prisas, rumbo a la taberna. El bosque seguía recibiéndola, símbolo de que no tenía mal corazón-.
No soy lista y tampoco se me da bien hacer muchas cosas. Pero soy fuerte, puedo pelear, así que ahora la gente me paga por eso.
De lo mío.
-Una respuesta un tanto genérica. Ritz había trabajado haciendo muchas cosas, pero solo unas pocas se le daban bien-.
Acepto encargos de la gente, pero siempre me aseguro que no sean inocentes. No quiero atacar a nadie que no lo merezca.
Acepta la ayuda, va a mirarle con sonrisa y también prestando atención con afirmación. Se siente muy móvil, pero temo si solo la voy a lanzar y perforar su corazón. . . si fallamos habrá que estar listo para tomar más.
Tampoco te pases, eh.
-El azote le hizo caminar fuera del bosque, para irse a alguna taberna cercana o a un buen sitio para comer y beber. No, no iba a llevarle a un lugar de mala muerte. No esta vez-.
Últimamente tengo bastante curro, así que me llaman más y son más encargos.
+quiere contener, es honesto con esa reacción.
—Doy gracias a la diosa fortuna y a los espíritus por haberte puesto en mi camino aquel día, doy gracias porque nuestros camines se hayan cruzado, Edhe.— Aún no olvida como la compró para salvarla del averno.
—Edhemara...— Y finalmente lo consiguió, lo estuvo conteniendo por un buen rato pero esa confesión le provoca una reacción más que esperable.
Tiene que frotarse un poco los ojos, han adoptado una pequeña tonalidad roja, sorbe los mocos y se le escapa una risa que siquiera+
-La risa de la quimera se acentuó, mientras se separaba de él para incorporarse y poner los brazos en jarra-.
¡Mueve ese culo tembloroso que te voy a invitar a comer! Que tengo dinero y todo, Haru.
—Madera del gran árbol, sentirás que es muy fluida, tiene unas vetas que son agradecidas al paso del aire entre estas.— Se ha detendo para mostrarle eso, ha señalado los puntos correctos de la lanza.
"Yo solo tengo una bolsa infinita, la mía lleva con todo en un solo lugar, mientras imagine lo que busco lo puedo tomar."
Mantiene la lanza bien tomada y apuntando ligeramente hacia abajo mientras andaban.
"Son maravillosas."
—¡Hombre!— Besa su mejilla después de soltarla. —Ahora te he notado con más ganas de arrancarme el rabo, asique si.
Niega con la cabeza. —No hay nada que agradecer, mi demonio.
A buenas horas te preocupas.
-Una risilla se escapó de sus labios. Ritz estaba sonriente, y se le veía bastante bien; feliz, incluso-.
Me alegra poder seguir a tu lado, después de todo.
—Puede ser. No lo sé.
Lo único que creo que importa es que somos aliados para defender la belleza de la naturaleza de este mundo.
Decía mientras le sonreía y se acercaba lentamente para darle un amistoso y respetuoso apretón de manos
—Espero seamos amigos también, eh
—Tener varios siglos de edad hace que hayas podido recolectar varias bolsas infinitas, cuento con unas cuantas y guardo solo lo necesario en ellas.
De hecho es que aparte de lanzas habrá podido tocar hachas, espadas... incluso ballestas y virotes.
"Usemos una lanza, un impacto directo al cráneo deberá ser suficiente. No está para nada lejos, deberíamos llegar en una hora."
Rasca su belfo superior, pensativo.
"Necesitaremos un terreno alto para el ataque."
"Tendremos que matarlos rápido los alces no son sencillos. Yo me encargaré de cargarlos al acabar."
Levanta un pulgar ya decidido a la cacería, se estira un poco esperando por él.
"Te sigo."
—Si vas a hacerme una paja cuidado eh, que esas garras están muy afiladas.— Ha pegado un pequeño bote de sorpresa, pero no por ello se ve disgustado por el acercamiento.
Eso es verdad, eh.
-Con toda la confianza del mundo, le ha agarrado el miembro por encima del pantalón. Ya se habían acostado juntos y, probablemente, volvería a pasar en algún momento. Sin embargo, quitó rápido la garra, para seguir abrazándole-.