Hacía algunas semanas que había comenzado a adentrarse en el juego... no tanto por diversión, si no por curiosidad y autoconocimiento.
—Y esta es la última localización por hoy... —habló para si mismo, cerrando el libro que estaba consultando en la biblioteca.
Había estado <
< anotando en su libreta los siguientes lugares que tenía pensado visitar en busca de flora que todavía le faltaba descubrir.
Recogió así sus pertenencias de la mesa, guardándolas en el inventario. Y tras aquello, salió del edificio, estirando sus brazos.
¿Le daría tiempo de <
Podría considerarse casi hipnotizado mientras observaba las claras expresiones del profesor.
Era exageradamente expresivo, y aquello encantaba al florista.
"Espero que te encante especialmente a ti." pensó. Pero su boca se mantuvo callada, era incapaz de hablarle de aquella <
— Akaashi se acababa de reír de él... Ya está, estaba todo perdido.
Labios frunció en un gesto de absoluta resignación mientras chillaba por dentro, aunque mitad era por haber perdido aquella batalla y la otra mitad porque cree que es la primera vez que lo ve reírse de +
< encantado de tener un compañero tan atento y detallista, lógico.
—Oh... Akaashi Keiji. —respondió.
Él estaba convencido de que se había presentado anteriormente... aunque, visto lo visto, no sería una locura que se le hubiera pasado hacerlo en presencia del contrario.
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Algo sorprendido por su escandalosa y nerviosa respuesta, le escuchó con atención.
La expresión del más joven fue suavizándose por momentos, feliz, a fin de cuentas, por la información que estaba recibiendo.
—... Pff... —rio por lo bajo, tapándose la boca con el dorso de su <
— Pese a haber rectificado e intentar hacerse el duro, aquello no quitaba que se le reflejase a la perfección el alivio al ver el té frío en mano ajena.
Con los ojos persiguió la figura del dependiente cuando este se alejó, pasando su peso de un pie a otro con algo de +
< mano.
Difícil contenerse con el espectáculo que estaba ofreciendo Bokuto.
Y a pesar de haber querido atesorar aquel "regalo", decidió que era mejor que continuase su destino.
—Está bien, en ese caso... —volvió a colocarlo en el ramo, ahora sujetado por el contrario.— para <
Se sobresaltó lo suficiente como para abrir de más sus ojos, y alzó ambas manos a la altura de su propio pecho.
—S-sí, sí... estoy bien. —respondió un poco arrepentido por preocuparle de forma excesiva.— Puedo soportarlo.
No admitirá que en el fondo le gustó ver esa parte <
!! ¿¡Pero estás bien!? ¿¡Y si te da un golpe de calor!? ¿¡Quieres agua fresquita!?
— Posiblemente no era para tanto.
A ver, hacía calor, pero de ahí a que le pudiese dar un chungo a alguien... Aún así, la preocupación inundó su rostro por completo, mirando al rededor para +
< pedido.
—Aquí tienes, espero que te guste. —se lo ofreció amablemente.— Y espero que también a tu pareja, Bokuto-san.
Curiosamente, hasta ese día, no se había preguntado qué hacía el contrario con tantas flores diarias... Estaba demasiado ocupado disfrutando de su presencia.<
—Tú mismo lo has dicho... hoy hace mucho calor aquí. Se ha estropeado el aire acondicionado, lo están arreglando.
¿Era consciente el contrario de lo adorable e inocente que era aquella forma de hablar consigo mismo?
Akaashi se limitó a sonreír de forma casi imperceptible.
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—Oh, cierto... eras profesor de primaria. —comentó, recordando.— Pásalo bien con ellos, suena a que será un buen día.
No juzgaría sobre sus favoritismos, de hecho, puede que sintiera una ligera envidia sana...
—Hm... ¿En qué puedo ayudarte hoy, Bokuto-san? —preguntó <
< girándose hacia el mostrador.— Buenos días para ti también, te veo animado.
Realmente siempre lo estaba, o por lo menos, siempre lo aparentaba... y aquél era uno de los motivos por los cuales el chico llamaba tanto la atención del florista.
Soltó aire suavemente por la nariz, simulando la pequeña risa que le causó escuchar la voz de su cliente más habitual.
Por suerte, se encontraba de espaldas en ese momento, recolocando algunas cosas de la estantería.
—Ellas muy bien, sin embargo, yo no tanto... —respondió <