Colpensiones: una forma moderna de construir Estado
Pedro Nel Ospina Santamaria
25 junio 2026
La creación de Colpensiones fue, ante todo, una decisión sobre cómo debe actuar el Estado cuando enfrenta una crisis de confianza, operación y derechos. No se trataba simplemente de reemplazar una entidad por otra, ni de trasladar expedientes, funcionarios o sistemas. El verdadero desafío consistía en reconstruir capacidad pública allí donde millones de ciudadanos esperaban una respuesta sobre su historia laboral, su pensión, su mínimo vital y su relación más concreta con el Estado.
Desde la responsabilidad de concebir, poner en marcha y asegurar la operación de Colpensiones, entendí que una administración pública moderna no se mide por sus discursos, sino por su capacidad de resolver. Resolver con datos confiables, con procesos trazables, con tecnología al servicio de la decisión pública, con equipos responsables y con una orientación inequívoca: el ciudadano como centro de la gestión.
Colpensiones nació en medio de una transición especialmente compleja. Recibió archivos, bases de datos, expedientes, solicitudes represadas, decisiones pendientes, tutelas, sentencias, recursos y una operación diaria que no podía detenerse. Había que atender la herencia del pasado y, al mismo tiempo, construir el futuro. Por eso el diseño institucional no podía limitarse a un organigrama. Tenía que convertirse en un sistema de control público: gobierno corporativo, operación misional, servicio al ciudadano, defensa jurídica, historia laboral, tecnología, riesgos, seguridad de la información y rendición de cuentas.
La tecnología fue concebida como una herramienta de gobierno, no como un adorno de modernización. Automatizar no era digitalizar formularios; era hacer visible cada etapa del trámite, saber quién recibía, quién decidía, con qué información, bajo qué regla, en qué tiempo y con qué resultado. La historia laboral debía ser tratada como infraestructura pública. Sin datos confiables no hay reconocimiento oportuno, no hay defensa jurídica sólida y no hay confianza ciudadana.
Uno de los aprendizajes más importantes fue entender que la judicialización masiva también podía ordenarse institucionalmente. La solicitud ante la Corte Constitucional para abrir un espacio de seguimiento no buscaba desconocer las reclamaciones legítimas de los afiliados. Por el contrario, buscaba proteger la capacidad de la entidad para resolverlas de manera masiva, ordenada y verificable. Sin ese espacio, la acumulación de tutelas, desacatos, multas y órdenes individuales podía capturar la dirección de la entidad y hacer inviable la operación. La administración propuso un plan, prioridades, tiempos y metas; la Corte convirtió ese compromiso en disciplina pública.
El resultado fue el tránsito de una emergencia administrativa a una entidad con capacidad operativa, tecnológica y jurídica más estable. Se redujo el rezago heredado, se organizó la operación diaria, se fortalecieron canales de atención, se avanzó en gobierno de datos y se superó formalmente el estado de cosas inconstitucional. Pero la lección más relevante no está solo en las cifras: está en demostrar que el Estado puede transformarse cuando combina visión, rigor técnico, responsabilidad institucional y respeto profundo por el ciudadano.
Colpensiones dejó una enseñanza aplicable a cualquier sector público: las entidades modernas no nacen de decretos solamente. Nacen cuando el diseño institucional se convierte en capacidad real; cuando la tecnología sirve para garantizar derechos; cuando el control no paraliza, sino que mejora; y cuando cada trámite se entiende como la vida concreta de una persona que espera una respuesta digna, oportuna y justa.
Reforma pensional: la solidaridad al revés
Pedro Nel Ospina
La discusión pensional en Colombia se ha concentrado en quién administra los aportes. La pregunta correcta es otra: ¿qué recibe quien cotiza poco, tarde y a saltos? La respuesta de la Ley 2381 de 2024 es incómoda: menos de lo que hoy le daría su propio ahorro.
La ley —suspendida y bajo revisión constitucional tras el Auto 841 de 2025— ordena que toda cotización hasta 2,3 salarios mínimos vaya al componente de prima media administrado por Colpensiones; solo el excedente alimenta el ahorro individual. En la práctica, el 100 % de los aportes de los trabajadores de menores ingresos queda atado a un régimen que solo paga pensión a quien complete las semanas exigidas: 1.300 en el caso de los hombres, unos 25 años de cotización casi continua.
Ese es, precisamente, el requisito que la mayoría no puede cumplir. Según el DANE, en el trimestre enero–marzo de 2026 el 55,3 % de los ocupados era informal; en los centros poblados y el campo, el 83,2 %. Millones de personas entran y salen de la formalidad, trabajan por temporadas o cotizan sobre ingresos intermitentes. Para ellas, la prima media no es una promesa: es un peaje.
Las cuentas son simples. Quien no completa las semanas recibe una indemnización sustitutiva que devuelve sus aportes ajustados por inflación (RPM), sin los rendimientos reales que ese dinero habría producido durante décadas en una cuenta propia. La diferencia no desaparece: se queda en el sistema y ayuda a financiar las pensiones de quienes sí tuvieron carreras formales estables, que en Colombia son, en promedio, los de mayores ingresos. El resultado es una solidaridad al revés: los trabajadores más frágiles subsidian a los más estables. Un diseño que se presenta como protección de los humildes termina cobrándoles la factura.
La alternativa no es desmontar la garantía pública, sino volverla explícita. Que los aportes de cada trabajador se acumulen en una cuenta propia, con todos sus rendimientos. Que quien cumpla la edad y las semanas, pero cuyo ahorro no alcance, reciba del Estado el complemento hasta la pensión mínima, financiado con impuestos generales. Y que quien no complete las semanas reciba íntegro su saldo, rendimientos reales incluidos. Así la solidaridad deja de ser un subsidio implícito pagado por los que menos tienen y se convierte en gasto público progresivo, visible y auditable.
Un sistema pensional serio se diseña para el mercado laboral que existe, no para el que se quisiera tener. Mientras más de la mitad de los ocupados sea informal, obligar los aportes bajos a la prima media no redistribuye: castiga las trayectorias laborales frágiles. Proteger la vejez de los más pobres exige exactamente lo contrario: respetar el valor económico de cada peso que lograron cotizar.
La critique est juste, mais elle est incomplète.
On aime accuser Michel Foucault, Jacques Derrida et Gilles Deleuze comme s’ils étaient l’origine du problème, alors qu’en réalité ils sont surtout les symptômes tardifs d’une maladie bien plus ancienne.
Le philosophe crée rarement son époque, il la traduit. Foucault ne sort pas de nulle part, il est le petit fils des Lumières et le fils direct du positivisme. Avant la déconstruction, il y a eu le soupçon, avant le soupçon, il y a eu la prétention de remplacer Dieu par l’administration rationnelle du monde.
La France moderne n’a pas été façonnée seulement par Descartes, mais aussi par Auguste Comte, cet homme qui a voulu transformer la société en ingénierie morale, une religion sans transcendance, un catéchisme d’État où le prêtre a été remplacé par le technicien, et le salut par la bureaucratie.
Le Français contemporain respire encore ça. Pas forcément par amour de l’autorité, mais surtout par peur du désordre. Après les révolutions, les guillotines, les empires et les ruines, s’est installée l’idée que la liberté est trop dangereuse pour être laissée entre les mains de l’homme ordinaire. Mieux vaut la tutelle du Léviathan républicain. Mieux vaut la sécurité administrée que le risque de l’autonomie.
Le problème profond, c’est que cette vision finit par penser l’homme comme un simple animal pragmatique, un être à gérer, à organiser, à discipliner, à rendre fonctionnel. Plus une âme à élever, mais un corps à administrer. Plus une conscience morale, mais un comportement à optimiser. On protège l’individu comme on entretient une machine, pas comme on respecte une dignité.
C’est pour ça que la critique du wokisme doit aller bien plus loin que Yale ou Berkeley, elle doit toucher la mentalité positiviste elle-même, celle qui traite la société comme un laboratoire et l’homme comme un simple matériau administratif.
Le plus drôle, ou le plus triste, c’est que ça produit un puritanisme assez particulier, pas le puritanisme protestant américain, mais un puritanisme bourgeois, laïcisé.
On n’aime pas trop afficher une grosse voiture de luxe, ça fait vulgaire. On préfère afficher son CV, son capital culturel, sa supériorité morale.
On traite bien les animaux, mais on déshumanise souvent les gens. On défend “l’humanité” de façon abstraite, mais on méprise le voisin bien réel. On peut pleurer pour une baleine et humilier un serveur dans la même journée sans voir la contradiction.
Ça arrive parce que, quand la transcendance meurt, la morale ne disparaît pas, elle se dégrade en vanité éthique.
Sans Dieu, il reste toujours ce besoin psychologique de sainteté. Alors apparaissent les nouveaux sacrements, le bon engagement, la bonne opinion, la culpabilité ritualisée, l’exhibition publique de la vertu. On ne cherche plus la vérité, on cherche l’innocence sociale.
Comme le disait Olavo de Carvalho, le vrai problème n’est pas l’erreur intellectuelle isolée, mais le remplacement de l’expérience du réel par un système de prestige symbolique. L’homme cesse de regarder la réalité et commence à vivre dans un théâtre moral où paraître juste compte plus qu’être juste.
Foucault n’a fait que pousser ça jusqu’au bout logique, si tout est pouvoir, alors la vertu devient aussi une forme de pouvoir. Et le résultat, c’est une élite qui ne construit rien mais régule tout, qui ne produit pas de beauté mais surveille le langage, qui ne cherche pas l’excellence mais administre le ressentiment.
Donc non, la crise n’a pas commencé avec la French Theory. Elle a commencé quand la civilisation a décidé que l’ordre sans liberté valait mieux que le risque de la vérité.
Le wokisme n’est que le dernier parfum d’un cadavre bien plus ancien, le positivisme moral d’une société qui a perdu le sens vertical de l’existence et qui a essayé de le remplacer par des certificats de vertu.
Je veux présenter mes excuses, au nom des Français, pour avoir enfanté la French Theory (qui a enfanté la pire des merdes idéologiques : le wokisme).
Nous avons donné au monde Descartes, Pascal, Tocqueville. Et puis, dans les ruines intellectuelles de l'après-68, nous avons donné Foucault, Derrida, Deleuze. Trois hommes brillants qui ont fabriqué, dans l'élégance de notre langue, l'arme idéologique qui paralyse aujourd'hui l'Occident.
Il faut comprendre ce qu'ils ont fait. Foucault a enseigné que la vérité n'existe pas, qu'il n'y a que des rapports de pouvoir déguisés en savoir. Que la science, la raison, la justice, l'institution médicale, l'école, la prison, la sexualité, tout n'est qu'une mise en scène de la domination. Derrida a enseigné que les textes n'ont pas de sens stable, que tout signifiant glisse, que toute lecture est une trahison, que l'auteur est mort et que le lecteur règne. Deleuze a enseigné qu'il fallait préférer le rhizome à l'arbre, le nomade au sédentaire, le désir à la loi, le devenir à l'être, la différence à l'identité.
Pris isolément, ce sont des thèses discutables. Combinées, exportées, vulgarisées, elles forment un système. Et ce système est un poison.
Car voici ce qui s'est passé. Ces textes, illisibles en France, ont traversé l'Atlantique. Les départements de Yale, de Berkeley, de Columbia les ont absorbés dans les années 80. Ils y ont trouvé un terreau qui n'existait pas chez nous : le puritanisme américain, sa culpabilité raciale, son obsession identitaire. La French Theory s'est mariée à ce substrat, et l'enfant de ce mariage s'appelle le wokisme.
Judith Butler lit Foucault et invente le genre performatif. Edward Said lit Foucault et invente le post-colonialisme académique. Kimberlé Crenshaw hérite du cadre et invente l'intersectionnalité. À chaque étape, la matrice est française : il n'y a pas de vérité, il n'y a que du pouvoir, donc toute hiérarchie est suspecte, toute institution est oppressive, toute norme est violence, toute identité est construite donc négociable, toute majorité est coupable.
Voilà comment trois philosophes parisiens, qui n'ont probablement jamais imaginé leurs conséquences pratiques, ont fourni le logiciel d'exploitation à une génération entière d'activistes, de bureaucrates universitaires, de DRH, de journalistes, de législateurs. Voilà comment on a obtenu une civilisation qui ne sait plus dire si une femme est une femme, si sa propre histoire mérite d'être défendue, si le mérite existe, si la vérité se distingue de l'opinion.
C'est de la merde pour une raison simple, et il faut la dire calmement. Une civilisation se tient debout sur trois piliers : la croyance qu'il existe une vérité accessible à la raison, la croyance qu'il existe un bien distinct du mal, la croyance qu'il existe un héritage à transmettre. La French Theory a entrepris de dynamiter les trois. Pas par méchanceté. Par jeu intellectuel, par fascination du soupçon, par haine de la bourgeoisie qui les avait nourris. Mais le résultat est là. Une génération entière a appris à déconstruire et n'a jamais appris à construire. Une génération entière sait soupçonner et ne sait plus admirer. Une génération entière voit le pouvoir partout et la beauté nulle part.
Je m'excuse parce que nous, Français, avons une responsabilité particulière. C'est notre langue, nos universités, nos éditeurs, notre prestige qui ont donné à ce nihilisme son emballage chic. Sans la légitimité de la Sorbonne et de Vincennes, ces idées n'auraient jamais traversé l'océan. Nous avons exporté le doute comme d'autres exportent des armes.
Ce qui se construit maintenant, en silicon valley, dans les labos d'IA, dans les startups, dans les ateliers, dans tous les lieux où des gens fabriquent encore des choses au lieu de les déconstruire, c'est la réponse. Une civilisation se reconstruit par les bâtisseurs, pas par les commentateurs. Par ceux qui croient que la vérité existe et qu'elle vaut qu'on s'y consacre. Par ceux qui assument une hiérarchie du beau, du vrai, du bon, et qui n'ont pas honte de la transmettre.
Alors pardon. Et au travail.
Que difícil esa lucha tan desigual. El presidente y el gobierno desprestigiando con mentiras al @BancoRepublica y engañando al pueblo sin pudor, con fines electorales. Populismo puro.
Acá una nota al respecto para #soylavoz de @LaLuciernaga
Renuevan nombramiento de la Rectora de la Universidad de los Andes
El Consejo Superior de la Universidad de los Andes ha ratificado a Raquel Bernal Salazar como Rectora de la institución por un nuevo periodo de dos años, a partir del 20 de abril de 2026. La decisión unánime, tomada en la sesión del 25 de marzo de 2026, surge tras un riguroso análisis de su gestión desde que asumió el cargo en abril de 2022.
Para este proceso, el Comité Directivo realizó una valoración integral de su desempeño, fundamentada en informes institucionales, indicadores clave y un ejercicio de escucha activa con diversos estamentos: el equipo de Rectoría, el Consejo Académico, profesores (eméritos, titulares, asociados y asistentes) y líderes del Consejo Estudiantil.
“Su intensa dedicación, visión estratégica y habilidad para conducir procesos de transformación en entornos complejos han sido decisivos para fortalecer la cohesión institucional y la ejecución de nuestros planes estratégicos”, destacó el Comité en su recomendación al Consejo Superior.
Una hoja de ruta hacia 2030
La ratificación de la Rectora se considera esencial para liderar la implementación del Programa de Desarrollo Integral (PDI) 2026-2030. Bajo su liderazgo, la Universidad no solo ha fortalecido su proyecto académico, sino que ha consolidado su sostenibilidad financiera, una condición indispensable para proteger la misión institucional en un entorno global cada vez más exigente.
Balance de una gestión transformadora (2022-2026)
Durante este cuatrienio, la Universidad de los Andes ha alcanzado hitos históricos que demuestran la evolución de su modelo educativo y su impacto social:
- Cifras históricas de acceso: Se alcanzó la cifra récord de 14.848 estudiantes de pregrado (crecimiento del 4,6%) y, en el segundo semestre de 2025, se recibió a la cohorte de primíparos más grande en la historia de la Universidad.
- Innovación Académica: Lanzamiento de pregrados interdisciplinarios como Ciencia de Datos y Cambio Ambiental Global. Además, la Universidad se posicionó como pionera nacional con el diseño de 122 micro y macro credenciales.
- Expansión y Educación Continua: Los ingresos se triplicaron, alcanzando a más de 200.000 estudiantes (incluyendo 5.000 internacionales) y sumando 480.000 nuevos inscritos en cursos MOOCs.
- Investigación y Filantropía: Se recaudaron más de $354.000 millones para investigación y $110.000 millones en filantropía, recursos vitales para becas y apoyo a estudiantes con alto talento y necesidad económica, preservando la diversidad del campus.
- Transformación Digital: Implementación de decisiones basadas en datos y el uso estratégico de la IA generativa para potenciar la gestión y el aprendizaje.
Un compromiso con el futuro
La continuidad de Raquel Bernal Salazar representa la garantía de consolidar las transformaciones en curso y asegurar una transición coherente hacia los retos del mañana.
El Consejo Superior agradece a la Rectora su entrega y liderazgo, y confía en que, junto con toda la comunidad uniandina, seguirá proyectando a la Universidad de los Andes como un referente de excelencia, innovación y compromiso con el desarrollo de Colombia y la región.
Carlos Vegalara
Presidente del Consejo Superior
Universidad de los Andes
Colombia está lista para una nueva etapa. Desde esta consulta vamos a construir la alternativa que el país necesita. Todo mi apoyo para que hagamos historia y tengamos a una gran mujer como presidente de Colombia.
Paloma Valencia @PalomaValenciaL y Juan Daniel Oviedo @JDoviedoA1 pueden abrir una ruta para unir a Colombia: cumplir lo pactado, corregir lo que falló y asegurar verdad, justicia, seguridad y reparación. Una coalición para destrabar diferencias, salir de los extremos e integrar al país.
Es hora de darle a Bogotá, al país y al congreso el espacio para ser escuchado, y atender sus necesidades reales.
Para ello se requiere experiencia, para darle la vuelta a la crisis.
40 años en instituciones publicas y privadas me enseñaron a manejar la dificultad como una oportunidad de crecimiento. Y justamente eso quier hacer en la Cámara por Bogotá.
Si usted al igual que yo quiere un congreso que brinde oportunidades para crecer y orden para articular las instuciones e integrarlas, este 8 de marzo vote; Cámara por Bogotá, Nuevo Liberalismo #114
#integrarparacrecer
#cámaraporbogotá
En entrevista con Darcy Quinn hablé de algo que me mueve: defender a las pequeñas y medianas empresas de Colombia.
Los emprendedores no necesitan más obstáculos, necesitan oportunidades para crecer y generar empleo.
#Pymes#Emprendedores#VotaEste8DeMarzo#nuevoliberalismo114 #ColombiaEmprende #BogotáDecide #NuevoLiberalismo #HacerQueLasCosasPasen #camaraporbogota
Los emprendedores no necesitan más cargas, necesitan oportunidades.
Si no hay ganancias, no hay impuestos. Así de claro.
Es hora de tener un sistema tributario que impulse el trabajo, la empresa y el crecimiento.
#ColombiaReal#EmprenderEnColombia#ReformaTributaria #ImpuestosJustos #nuevoliberalismo114 #CamaraPorBogota #HacerQueLasCosasPasen
Las decisiones que se toman en Bogotá impactan a todo el país.
En Red+ Noticias hablamos de los retos reales de Colombia y de las soluciones que necesitamos para hacer que las cosas pasen.
Queremos legislar para la Colombia real.
Soy Pedro Nel Ospina, Cámara por Bogotá, Nuevo Liberalismo #114
#ColombiaReal #NuevoLiberalismo114 #Bogotá #HacerQueLasCosasPasen #camaraPorBogotá
La Colombia real necesita leyes que entiendan cómo vive la gente.
Contratación por horas, sí.
Pero con seguridad social.
Es momento de legislar con sentido común.
Pedro Nel Ospina
Cámara por Bogotá – 114
#ColombiaReal#TrabajoConProteccion#114PorBogota#NuevoLiberalismo
#CamaraPorBogota
Los impuestos deben ser justos.
No se puede cobrar como si todo fuera ganancia.
En Colombia los impuestos deberían calcularse sobre la utilidad neta, no sobre el ingreso bruto.
Así protegemos a quienes trabajan, producen y generan empleo.
Soy Pedro Nel Ospina, Cámara por Bogotá Nuevo Liberalismo #114
#laplatapublicaalcanza
#nuevoliberalismo114
#Integrarparacrecer
#NuevoLiberalismo
#cámaraporbogotá