Macarena Ripamonti, Tomás Vodanovic y Andrea Amtmann, alcaldesa de Valdivia, salen completamente decepcionados de la reunión con Kast:
“Al final nos dicen: todo lo que ustedes dicen no va a ser considerado”
Además Macarena Ripamonti confirma que el llamado plan de reconstrucción que tiene 50 artículos, solo tiene un artículo que trata de la reconstrucción de Viña.
¡UNO!
QUIEN NADA SABE, NADA TEME
Pocas frases describen con tanta precisión —y tan involuntaria ironía— el temple y arrojo exhibido por la ministra vocera de gobierno, Mara Sedini. Porque no se trata aquí de una valentía nacida del conocimiento, ni de esa serenidad que otorga el dominio de los hechos, sino de una audacia más rudimentaria: aquella que brota cuando la conciencia no alcanza a dimensionar la magnitud del error.
Decir que el barril de petróleo en España cuesta dos euros no es simplemente un desliz. Es, en rigor, una afirmación que se desploma por su propio peso, una de esas frases que no requieren expertise técnico para ser refutadas, sino apenas un mínimo sentido de realidad. Pero lo verdaderamente inquietante no es el error en sí —todos pueden equivocarse—, sino la absoluta falta de alarma interna frente a lo que acababa de pronunciar. No hubo duda, no hubo corrección, no hubo siquiera un atisbo de sospecha. Y ese es el verdadero problema.
Porque hay errores que se corrigen con datos, y otros que se desnudan con lógica. Este último pertenece a la segunda categoría. Bastaba una pausa, un segundo de reflexión, para advertir que algo no cuadraba. Pero no ocurrió. Y cuando el error no encuentra resistencia ni siquiera en quien lo emite, lo que queda al descubierto no es un lapsus, sino una precariedad más estructural.
No es un episodio aislado. Ya le hemos escuchado frases que oscilan entre lo contradictorio y lo incomprensible: “razones felices” que producen “noticias tristes”, y compromisos de “cumplir promesas cumplidas”, entre otros muchos bizarros comentarios.
A ello se suma una retórica vacilante, un léxico limitado y una construcción argumental que parece avanzar a tropiezos, como si cada idea llegara tarde a su propia formulación.
Pero reducir esto a una crítica personal sería un error de diagnóstico. La vocería de gobierno no es un rol ornamental ni un ejercicio de improvisación verbal: es la traducción política del poder, la arquitectura discursiva de una administración. Es el lugar donde el gobierno se piensa en voz alta. Y cuando esa voz titubea, se contradice o simplemente se extravía, lo que se pone en cuestión no es sólo a quien habla, sino a aquello que representa.
Lo que se observa no es únicamente una ministra errática, sino el síntoma visible de un gobierno tensionado, inexperto y, por momentos, desorientado. Un gobierno que parece confundir volumen con contenido, y que apuesta a que la abundancia de palabras catastrofistas pueda suplir la escasez de ideas. Sin embargo, la opinión pública tiene una tolerancia limitada a ese tipo de artificios. Puede perdonar errores, incluso torpezas, pero difícilmente perdona la sensación persistente de estar siendo subestimada.
La vocería exige algo más que presencia mediática: exige densidad, precisión, criterio. Debe transmitir control cuando hay incertidumbre, claridad cuando hay ruido, y solvencia cuando todo lo demás tambalea. Es el termómetro emocional de un gobierno, el indicador más visible de su estado interno. Y hoy, ese termómetro marca fiebre.
No sería extraño que, en los pasillos del poder, ya se evalúen alternativas. Cambiar a la vocera temprano puede parecer precipitado, pero sostenerla en medio de errores reiterados puede resultar más costoso aún. El dilema no es menor: corregir a tiempo o administrar un deterioro progresivo.
Si esto fuera un partido de fútbol, apenas han transcurrido los primeros 48 segundos. Pero ya hay descoordinación, pases erráticos y jugadores que aún no tocan el balón. Y aunque los cambios siempre son posibles, hay algo que no se sustituye con facilidad: la credibilidad.
Gobernar no es un panel de televisión donde la improvisación puede disfrazarse de estilo. Gobernar es, entre otras cosas, entender el peso de cada palabra. Porque cuando el lenguaje se vacía de sentido, el poder comienza a vaciarse de legitimidad. Y en ese terreno, la ignorancia no es sólo un defecto: es un riesgo político de proporciones. @MisColumnas
“Voto en voz alta, en nombre de Carolina Wiff Sepulveda, trabajadora social, detenida desaparecida, as3sinad4 en Villa Grimaldi, mi mejor amiga”
Doctora Gilda Gnecco.
#Elecciones2025
Han llegado muchos comentarios sobre lo que pasó anoche en Sin Filtros.
No necesito repetir lo que ya dije, pero sí quiero dejar algo claro: cuando Camila Flores me preguntó por qué me echaron de dos colegios, respondí con la verdad. Cuando era niño viví una situación familiar muy difícil.
Mis padres, separados desde que yo tenía dos años como muchas familias chilenas, atravesaban problemas personales graves de salud, lo que decantó en que perdieron sus trabajos, y eso marcó parte de mi infancia.
Ella dice que no habló de mi madre, pero cuando uno toca la infancia de una persona, toca su historia completa. No se puede separar al niño de lo que vivía en su casa. Y eso, simplemente, no está en su caja de herramientas.
Es como si alguien te preguntara por qué chocaste el auto y, cuando explicas que fue por el hielo en la carretera, te dijera que no le preguntaron por el hielo. Sin el hielo no hay accidente; sin mi historia, no hay explicación.
Y cuando agrega que terminé en un liceo público porque me habían echado de colegios privados, lo que en realidad hace es intentar transformar una historia de esfuerzo en una historia de vergüenza.
Pero no hay vergüenza alguna en haber estudiado en la educación pública. Al contrario: fue la educación pública la que me dio la oportunidad de seguir adelante cuando me echaron del segundo colegio, período en el que además mis padres no tenían trabajo.
Esa experiencia me marcó y me enseñó lo que significa que el Estado esté presente cuando más se necesita. Por eso hoy defiendo el derecho a la educación como una herramienta de igualdad real, porque sé lo que es tener que levantarse cuando caes.
Yo no hablo desde el resentimiento ni desde el orgullo, hablo desde la verdad. Porque detrás de ese niño que pasó por tres colegios había una familia con problemas, que luchaba con fantasmas, y un país que, gracias a la educación pública, todavía daba segundas oportunidades.
Tengo 42 años, y cuando tenía 11, simplemente era un niño viviendo lo que le tocó. No fui el culpable de esa historia, pero sí el responsable de haberla transformado. Y por eso hoy defiendo que ningún niño tenga que cargar con lo que los adultos no supieron resolver.
Les puedo robar 50 segundos de su vida? Hice este video del planeta Saturno, se encuentra a 1300 millones de kilómetros de la tierra y lo capture desde el norte de Chile! Disfrute 🪐
¡BRINDEMOS CAMARADAS POR LA UNIVERSIDAD! 🤘🏼
9️⃣8️⃣ años 🦉
Más que una pasión, un sentimiento. Club Universidad de Chile 🔵🔴
Sube tus mejores fotos y videos con la #LaU98años. Las estaremos reposteando 💙