La historia del viejito no es una de miedo. Al revés. Es de miedo pero de los otros. Miedo de Zedillo a vetarlo. Miedo de Fox a encarcelarlo. Miedo de Peña a defender sus reformas. Miedo de los empresarios a perder sus privilegios. Miedo de la oposición a los expedientes. Miedo de los ministros a defender a la república. Miedo de los medios y universidades a decir la verdad. Miedo del pueblo a hacerse responsable. Es un historia de cobardía colectiva. Por eso precisamente es que ha crecido. Hasta destruir al país.
Son feministas hasta que Bad Bunny les baila pegado.
Son socialistas hasta que descubren lo cómoda que es volar en primera clase.
Son ecologistas hasta que toca un fin de semana en yate o un vuelo a las Maldivas.
Son tolerantes hasta que se enteran de que votas a la derecha.
Son pacifistas hasta que alguien discrepa de ellos.
Son partidarios de la libertad de expresión hasta que escuchan algo que no les gusta.
Son antielitistas hasta que los invitan a un reservado VIP.
Son ciudadanos del mundo hasta que les toca tenerlos de vecino.
Son partidarios de repartir la riqueza hasta que les toca repartir la suya.