Querido Dios, sé que tienes un plan perfecto para mí, regálame paciencia para esperarlo, consciencia para reconocerlo, dirección para seguirlo y constancia para permanecer en él.
Le dije a la psicóloga que sentía que habían personas que no reconocían todo el esfuerzo que hago por ellos y me contestó que:
"A veces estamos tan presentes que nos volvemos invisibles, porque siempre estamos"