A couple asked a sex therapist:
"Our marriage is sexless. We haven't had sex in over four months. How do we turn this around and become passionate again?"
The therapist smiled and said:
Por qué los ideólogos entienden la historia al revés:
Michael Magoon sostiene que hay dos formas muy distintas de estudiar la historia, y que la mayoría de las ideologías usan la incorrecta.
La historia de abajo hacia arriba, que es la que él recomienda, empieza por los hechos reales. Observa lo que realmente ocurrió en distintas sociedades a lo largo del tiempo, compara resultados para ver qué sociedades prosperaron y cuáles fracasaron, y analiza qué sistemas generaron riqueza, estabilidad o progreso frente a los que produjeron pobreza, opresión o colapso. Busca patrones que se repiten en diferentes épocas y lugares y, a partir de esos resultados, construye ideas sobre cómo funciona el mundo. Si los hechos contradicen lo que pensabas, cambias de idea. En esta visión, la historia es un enorme registro de experimentos humanos. No son experimentos de laboratorio perfectos, pero son miles de intentos reales de organizar la sociedad, la economía, el gobierno o la familia. Cuando vemos los mismos resultados una y otra vez, podemos aprender con bastante confianza qué suele funcionar y qué no.
La historia de arriba hacia abajo, la que practican los ideólogos, hace exactamente lo contrario. Empieza con una ideología ya formada -marxismo, nacionalismo, progresismo, una religión política o cualquier otra- y busca en el pasado ejemplos que la confirmen. Cuando los hechos no encajan, los reinterpreta, los minimiza o los explica de otra manera. Convierte la historia en una narración moral donde hay héroes que representan la ideología correcta y villanos que representan lo contrario. El problema es que, en este caso, no es la evidencia la que cambia las ideas, sino las ideas las que cambian la evidencia. La historia deja de ser una fuente de aprendizaje y se convierte en propaganda que da legitimidad moral a la cosmovisión previa.
Magoon insiste en varios puntos sencillos pero importantes. La razón y el debate son útiles, pero no bastan ya que se pueden construir argumentos lógicos a favor y en contra de casi cualquier idea, y lo que realmente decide si una idea funciona es lo que ocurre cuando se pone en práctica. Que mucha gente crea en algo no demuestra que sea verdadero, pues sociedades enteras han creído en cosas falsas o dañinas, como las sangrías, la caza de brujas o políticas económicas desastrosas. Las intenciones no importan tanto como los resultados pues una idea puede tener buenas intenciones y acabar produciendo catástrofes. Además, las ideas se ponen a prueba de dos maneras: contra la realidad material -cómo reaccionan las personas, la economía, la biología o los incentivos- y contra la competencia con otras sociedades.
En resumen, la forma correcta de usar la historia es dejar que los resultados del pasado nos enseñen y, si hace falta, nos obliguen a cambiar de opinión. La forma ideológica es la inversa: partir de lo que ya se cree y forzar a la historia a que lo confirme.
https://t.co/dIjAzG8l3b
Kaygıyla mücadele ediyorsan bu eseri dinle. Yaklaşık 30 saniye içinde nefes alışın değişmeye başlayacak. Bedeni sakinleştiren şey ise notaların arasındaki sessizlik.
No matter how capable a person may be, no one can survive alone. We depend on the community in which we live. By dedicating ourselves to the welfare of others, we actually bring about our own benefit. As soon as I wake in the morning, I dedicate myself to helping others to be happy, which gives me self-confidence and inner strength.
La incompetencia humana para ver las consecuencias de segundo orden de las políticas:
Robert Kurzban explica en este post que los seres humanos tenemos ciertas “competencias naturales” (habilidades evolutivas, como detectar tramposos o reconocer caras) y también “incompetencias naturales”. Una de las más importantes, según él, es lo que llama ceguera de segundo orden: la dificultad casi automática que tenemos para pensar más allá del efecto inmediato y evidente de una medida o política.
La idea central de esta ceguera es sencilla. Cuando alguien propone una política, nuestra mente tiende a fijarse solo en el beneficio de primer orden, el más visible y directo. Por ejemplo, en el control de alquileres la gente ve de inmediato que el inquilino pagará menos y piensa: “¡Qué bien!”. Rara vez sigue el razonamiento hacia las consecuencias siguientes: si los propietarios no pueden cobrar lo que el mercado permitiría, muchos dejarán de construir o de poner pisos en alquiler; los constructores no comprarán materiales; y a medio plazo habrá menos viviendas disponibles, lo que puede hacer que los precios suban o que sea más difícil encontrar piso. Ese efecto de segundo (y tercer) orden suele quedar invisible.
Algo parecido ocurre con las prohibiciones. Si alguien considera que cierta actividad es mala (por ejemplo, la prostitución o el aborto), ve la prohibición como algo positivo porque elimina directamente lo que le disgusta. Pero no suele preguntarse qué pasa después: si el mercado se va a la clandestinidad, si los precios suben, si las condiciones se vuelven más peligrosas para las personas involucradas o si surgen efectos no deseados peores que el problema original.
Los aranceles ofrecen otro ejemplo claro. Un arancel al acero protege los empleos de una fábrica concreta (efecto de primer orden: “se salvan puestos de trabajo”). Sin embargo, todas las empresas que necesitan acero pagan más caro, los productos finales suben de precio y, además, el país afectado puede responder con aranceles a las exportaciones propias (por ejemplo, a la soja). El resultado neto puede perjudicar a muchos más trabajadores de los que se intentaba proteger.
Kurzban refuerza esta idea con experimentos. Los chimpancés (y otros primates) no pueden evitar señalar el montón más grande de chucherías aunque eso les haga ganar el más pequeño. Sólo lo superan cuando el premio se vuelve abstracto (números en lugar de comida real).
La conclusión que propone Kurzban es que esta dificultad no es simplemente pereza o falta de inteligencia. Pensar en efectos de segundo y tercer orden no es una competencia natural de la mente humana. Parece que nuestra mente no está diseñada para seguir cadenas largas de consecuencias. En el entorno en el que evolucionamos las decisiones solían ser más simples y con menos eslabones.
Hoy, en un mundo de instituciones complejas e interconectadas, esa limitación se nota mucho. Por eso necesitamos aprender de forma deliberada conceptos de economía y ciencias políticas para compensar una incapacidad que viene de fábrica y poder ver más allá del efecto inmediato, venga la política de la izquierda o de la derecha.
https://t.co/VhtOxZ4aEI
¿Cómo puedes ayudar a cambiar a alguien que no quiere cambiar?"
La respuesta de #TalBenShahar no empieza por intentar convencer a los demás. Empieza por uno mismo.
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Necesito compartir algo con todo el que pueda leerme.
Es importante. Y por eso voy a pedirte algo antes de seguir: comparte esta publicación. Hagamos ruido del bueno.
No por mí. Por Nacho. Y porque quizá esta historia pueda ayudar a alguien.
Ayer estuvimos en el Hospital Nacional de Parapléjicos, en Toledo. Fuimos a pasar la tarde con Nacho, el hijo de mis primos Virginia y José Ignacio.
Hace unas semanas, Nacho sufrió un accidente en uno de esos parques de ocio donde se salta, donde llevamos a nuestros hijos, donde celebramos cumpleaños, comuniones, reuniones familiares. Precisamente Nacho estaba celebrando la comunión de otro de nuestros primos.
No quiero contar más detalles de los que corresponde contar. Son de Nacho y de su familia.
Pero sí quiero contar lo que vi ayer.
Porque salí de allí distinta.
Nacho tiene 17 años. Es futbolero. Es divertido, espabilado, alegre. Y la vida acaba de ponerle delante uno de esos retos para los que nadie, absolutamente nadie, está preparado.
No quiero convertir a Nacho en un héroe simplemente porque le haya sucedido algo terrible. Tiene derecho a estar triste, a enfadarse, a tener miedo y a tener días de mierda. Pero la verdad es que ayer me quedé impactada porque lo sentí un héroe, y así lo hablé con mi marido y mis hijos, que salieron pensando exactamente lo mismo.
Pero sí quiero hacer un homenaje público a lo que él está decidiendo hacer con todo esto.
Porque es impresionante.
Cuando llegamos ayer acababa de ingresar un chaval nuevo en Pediatría.
Y ocurrió algo que posiblemente se me quede grabado durante mucho tiempo.
Nacho y los nuevos amigos que ha hecho allí fueron a buscarle. A hablar con él. A integrarle. A hacer pandilla.
Unos chavales que hace relativamente poco estaban llegando ellos mismos a un mundo desconocido y aterrador estaban ya preocupándose por conseguir que el nuevo no se sintiera solo.
No os podéis imaginar lo que significa ver algo así.
Nacho está aprendiendo a una velocidad brutal. Sobre su cuerpo, sobre la lesión, sobre la rehabilitación, sobre la paciencia y, sin duda, sobre la vida. Pero, además, está intentando utilizar lo que está aprendiendo para ayudar a los que llegan detrás.
Y hoy ha dado otro paso.
Ha cogido su teléfono y ha decidido contar su historia.
Este es su vídeo:
https://t.co/9xbpLeC8vw
Quiere que su experiencia sirva.
Así que yo quiero ayudarle a que sirva.
Quiero también reconocer públicamente a Virginia y José Ignacio, sus padres. Porque detrás de un chaval que pelea hay una familia entera reorganizando su vida, sus horarios, sus trabajos, sus miedos, su economía y prácticamente todo.
El martes estuve con José Ignacio en su taller. Vi el esfuerzo enorme que está haciendo para mantenerlo funcionando, junto a Dani, su hermano y mi primo, y poder seguir trabajando mientras, al mismo tiempo, remueve cielo y tierra por su hijo. Y pensé también en todas esas familias que hay detrás de cada habitación del hospital. Familias que tienen que seguir pagando facturas, trabajando y sacando una casa adelante mientras su mundo se ha puesto patas arriba.
A ellas también quiero mandarles este abrazo.
Y quiero hablar del Hospital Nacional de Parapléjicos.
De sus profesionales. De los que rehabilitan, enseñan, acompañan, cuidan, investigan y vuelven a explicar las cosas las veces que haga falta.
Hay lugares que te cambian la escala de lo importante.
Este es uno de ellos.
Y precisamente por eso hay que protegerlo. Dotarlo. Mejorarlo. Dar recursos a sus profesionales y a sus pacientes. Investigar más. Apoyar más a las familias.
Agradecer lo que existe no significa conformarse. Al contrario: significa comprender lo valioso que es y exigir que nunca le falten medios.
Y ayer comprendí otra cosa.
Tenemos que tomarnos mucho más en serio la prevención.
Porque escuchas historias y de pronto entiendes de verdad —no como una frase hecha— que una vida puede cambiar en un segundo.
Una copa y después conducir.
Una distracción.
Una zambullida sin comprobar.
Un “no pasa nada”.
Un despiste.
Una imprudencia.
Una temeridad.
Un solo instante.
No se trata de vivir con miedo. Se trata de vivir siendo conscientes de que nuestro cuerpo no es indestructible y de que nuestras decisiones pueden tener consecuencias para nosotros y para los demás.
Si alguna vez tenéis la oportunidad de conocer el trabajo que se hace en este hospital, hacedlo. Yo creo que hay lugares que uno debería conocer al menos una vez en la vida.
Y termino con algo mucho más alegre.
A Nacho no le gusta leer.
De momento.
Así que ayer intenté hacerle una pequeña encerrona: le llevé "La vida se entrena cada día", el libro de Luis de la Fuente, entrenador de la selección española.
Por algún sitio había que entrarle y con Nacho estaba claro: FÚTBOL.
Porque es futbolero de verdad. Porque juega —y ha jugado siempre— increíblemente bien. Como su hermana Carla, que ha sido jugadora del Rayo y una mujer absolutamente alucinante.
Y porque es madridista.
Así que ahora voy a pediros otra cosa.
Vamos a intentar que este vídeo llegue lejos.
Muy lejos.
A otros chavales que estén pasando por algo parecido.
A padres y madres.
A quienes quizá mañana recuerden esta historia antes de cometer una imprudencia.
A gente que pueda ayudar.
A deportistas. Porque sería genial que se acercasen a ver a estos chavales, y artistas, actores, actrices, cantantes, que pueden marcar la diferencia para quienes tienen que pasar un rato de su vida que necesita de motivación y alegrías.
Y sí: ojalá consigamos que llegue hasta el Real Madrid, hasta algunos de esos jugadores a los que Nacho lleva años viendo jugar.
Que sepan quién es.
Que vean su vídeo.
Que le manden un poquito de fuerza. Creo que esto a Nacho le encantaría. Pero que sirva para otros equipos, para otros que pueden alegrarle la tarde a los que están en el Hospital de Toledo.
Porque estas cosas parecen pequeñas hasta que las necesitas. Y entonces descubres que no lo son en absoluto.
Vamos a conseguir que las redes sociales sirvan para algo bonito.
Que a Nacho le pasen cosas buenas. Que a su nueva pandilla también.
Que sus padres sientan que no están solos.
Que otros chavales que están ahora mismo empezando este camino sepan que hay gente esperándoles al otro lado. Y que podamos formar parte de ello, de la manera que sea.
Y que todos los que hoy podemos levantarnos, caminar, correr, conducir, saltar, abrazar o simplemente movernos sin pensarlo seamos un poquito más conscientes de la suerte que tenemos. Cuidémoslo como el tesoro que es.
Compartamos el vídeo de Nacho. Ha querido dar ese paso y yo en este puedo ayudarle ;)
Hagamos ruido del bueno.
❤️
#Nacho #LesiónMedular #HospitalNacionalDeParapléjicos #FuerzaNacho #Comparte
Este artículo de Murray Straus es ya muy viejo, pero creo que las 7 maniobras que analiza con las que el feminismo corrompe la investigación en violencia de pareja siguen siendo totalmente válidas y recomiendo su lectura. Straus tiene un artículo más extenso sobre el mismo tema (de 2010) que no está referenciado en la bibliografía citada aquí y os lo pongo al final.
El texto es un comentario de Straus al artículo de Nicola Graham-Kevan “Domestic Violence: Research and Implications for Batterer Programmes in Europe” (2007). Graham-Kevan demuestra con datos contundentes que la teoría del “dominio patriarcal” solo explica una parte muy pequeña de la violencia de pareja. La evidencia (incluyendo el International Dating Violence Study en 32 países) muestra tasas de perpetración prácticamente iguales entre hombres y mujeres, predominio de la violencia mutua, y que el control y la dominación los ejercen ambos sexos por igual. Además, señala que los programas de tratamiento basados exclusivamente en esa teoría (tipo Duluth) no han demostrado efectividad.
Straus se pregunta cómo ha podido mantenerse durante 30 años una explicación tan incompleta a pesar de cientos de estudios que demuestran múltiples causas. Su respuesta: los esfuerzos sistemáticos de activistas y algunos investigadores feministas para ocultar, negar y distorsionar la evidencia de la simetría de género. Reconoce el enorme aporte del feminismo al visibilizar el problema, crear refugios y cambiar las prácticas policiales y judiciales, pero critica que el enfoque exclusivo en hombres perpetradores haya lastrado la prevención y el tratamiento real de la violencia de pareja (incluso para proteger mejor a las mujeres).
Luego enumera las siete maniobras concretas:
1-Suprimir evidencia: publicar solo los datos de perpetración masculina y ocultar los de las mujeres.
2-Evitar obtener datos inconsistentes con la teoría patriarcal: diseñar encuestas que solo preguntan a las mujeres por la violencia que sufren y omiten preguntarles si ellas también agreden.
3-Citar selectivamente: usar solo los estudios (o las partes de estudios) que muestran predominio masculino e ignorar los que demuestran simetría, incluso en informes oficiales de gobiernos, ONU u OMS.
4-Concluir lo contrario de lo que dicen los propios datos: interpretar resultados de forma que “confirmen” las creencias feministas aunque las tablas digan lo opuesto (el ejemplo clásico es el de la “autodefensa”).
5-Crear “evidencia” por citación (efecto woozle): repetir una afirmación falsa tantas veces en artículos “científicos” que acaba convirtiéndose en “hecho” aceptado.
6-Obstruir la publicación de artículos y bloquear la financiación de investigaciones que puedan contradecir la idea de que la violencia de pareja es solo cosa de hombres.
7-Acosar, amenazar y penalizar a los investigadores que publican datos de simetría (incluye el caso de Suzanne Steinmetz, amenaza de bomba incluida, y otros ejemplos de campañas contra el tenure o el ostracismo académico).
Al final del texto Straus insiste en que reconocer la simetría y las múltiples causas no resta importancia a la violencia contra las mujeres, sino que es la única forma de combatirla de verdad.
El artículo más extenso y detallado de Straus sobre exactamente las mismas maniobras es este:
Thirty Years of Denying the Evidence on Gender Symmetry in Partner Violence: Implications for Prevention and Treatment (Partner Abuse, 2010).
https://t.co/zaIW8XXUWn
A rule that saves a lot of pain: When emotions are high, speed should be low. You don’t have to answer the email immediately. You don’t have to respond to that slight. You don’t have to make that decision. You don’t have to do anything. Slow down. Create space to think clearly.
El fútbol es mucho más que fútbol.
Lo que ha hecho España en este Campeonato del Mundo va mas allá del deporte. Detrás de este triunfo se esconde una forma de pensar que tiene que ver con una manera de enfrentarse a la vida.
Decía Luis de la Fuente que necesitaba buenos futbolistas, con capacidad de sacrificio, con ganas de trabajar, con fe en ellos mismos y entendiendo profundamente la unión y el trabajo en equipo. Después añadía, y esto es muy importante, que fueran buenas personas…buenas personas. Una maravilla.
Quizá eso explique el éxito de nuestra Selección Nacional de Fútbol. Este grupo y este seleccionador han dado una lección sobre la que reflexionar, porque uno siente que el mensaje ha calado en mucha gente, especialmente gente joven.
Una buena persona escucha, una buena persona es capaz de salir del yo para pensar en el nosotros, una buena persona es humilde y eso le ayuda a aceptar enseñanzas. Una buena persona genera buen ambiente, empatía, una buena persona cree en respetar al que no es como tú, una buena persona es un ser más preparado para triunfar sin humillar a nadie por el camino.
La clave, bajo mi punto de vista, para explicar lo conseguido está en el seleccionador nacional, está en Luis de la Fuente. Él ha sido quien ha sabido construir algo sorprendentemente bello.
⭐️⭐️
@SEFutbol
#fifaworldcup #CopaMundialFIFA
Arjantin Milli Takımı, eskiden böyle çirkef ve kaba bir imaj taşımıyordu; bu dönüşüm, Stanford Hapishane Deneyi’nde olduğu gibi, küçük kötülüklere göz yumuldukça adım adım gerçekleşti. Turnuvanın başında masum görünen fauller, itişmeler ve hakemlere baskı gibi davranışlar, zaman içinde görmezden gelindikçe normalleşti ve büyüyerek bütün dünyanın nefret ettiği, sportmenlikten uzak, kaba saba bir takım kimliğine evrildi. Kötülük yapanı görmezden gelmek, onu cesaretlendirir ve daha da kötüleştirir; çünkü cezasızlık, sınırları belirsizleştirir ve ahlaki çürümeyi hızlandırır. Bu nedenle acil adalet, hem sahada hem hayatta vazgeçilmezdir: küçük ihlalleri anında cezalandırmak, büyük faciaların önünü keser, adaleti tesis eder ve toplumları ya da takımları, yavaş yavaş çürümekten korur.
Nos independizamos de un tirano cómo Fernando VII, pero jamás de nuestra hispanidad. No nos comamos más el cuento de la "leyenda negra". No hablamos español por casualidad
La Moralización del debate trans:
Los autores de este artículo, Carole Hooven y Alex Byrne, sostienen que la biología ha mantenido durante más de un siglo una definición clara y binaria del sexo basada en los gametos: los machos producen gametos pequeños, los espermatozoides, y las hembras producen gametos grandes, los óvulos. No ha habido ningún descubrimiento científico relevante que obligue a revisar esta idea básica. Lo que realmente cambió fue el panorama cultural y político. Desde principios del siglo XXI, el activismo por los derechos transgénero ha sembrado dudas sistemáticas sobre el sexo binario en campos como el derecho, el deporte, la educación y, sobre todo, la medicina. Esto ha terminado afectando negativamente los estándares médicos y el bienestar real de los pacientes.
Pero lo que más me interesa de este artículo, y por eso lo destaco, es el papel que ha jugado la moralización en el silenciamiento del debate sobre estas cuestiones. Hooven y Byrne explican que la moralización se ha convertido en el mecanismo más potente para cerrar discusiones que, en teoría, deberían ser científicas. Ya no se trata solo de discrepar sobre datos o definiciones. El asunto se ha transformado en una cuestión moral de primer orden en la que defender que solo hay dos sexos se presenta como algo moralmente sospechoso, como una posición que niega realidades vividas, que invalida identidades, que genera violencia simbólica y que, en última instancia, daña a personas vulnerables. En cambio, cuestionar o rechazar el binario aparece como un acto de justicia, inclusión y progreso moral.
Cuando una narrativa incorpora un juicio moral fuerte, criticarla ya no es solo señalar un posible error científico o conceptual sino que se interpreta automáticamente como un ataque a valores superiores como la compasión, la equidad o la protección de minorías. Es exactamente el tipo de “blindaje moral” del que suelo hablar cuando escribo sobre estos temas. Las narrativas quedan protegidas porque cualquier intento de examinarlas con rigor se convierte en prueba de mala intención. Si cuestionas la idea de que el sexo es un espectro o que es asignado socialmente, no estás debatiendo biología sino que estás siendo malo moralmente, transfóbico o cómplice de la opresión. Esa dinámica cierra el paso al debate abierto y honesto.
Los autores muestran cómo esto se manifiesta de forma concreta en el mundo académico y médico. En revistas serias como Archives of Sexual Behavior, incluso los investigadores que defienden la visión binaria se sienten obligados a incluir descargos de responsabilidad: “Nada de lo que decimos debe interpretarse como apoyo al sexismo o al odio”. Es como si tuvieran que pedir perdón de antemano por presentar evidencia científica. Mientras tanto, en el otro lado abundan las acusaciones fuertes: que el modelo binario “borra vidas”, “impulsa prejuicios”, “naturaliza la exclusión” o constituye una forma de “violencia epistémica”. Revistas de prestigio como Scientific American, The Lancet o American Scientist han publicado textos que van en esa línea, sugiriendo que insistir en la definición gamética no obedece a razones biológicas sino a motivaciones políticas oscuras.
Esta moralización produce efectos muy prácticos. Genera autocensura porque la mayoría de las personas prefiere no exponerse a ser señaladas públicamente como malas. Crea incentivos profesionales claros ya que es mucho más cómodo y ventajoso alinearse con la visión no binaria o, al menos, no cuestionarla. Y cuando alguien se atreve a disentir, pueden venir las consecuencias reales como campañas en redes, quejas internas, pérdida de reputación o incluso salida de la institución. El caso de la propia Carole Hooven en Harvard es ilustrativo. Tras explicar en televisión la definición biológica clásica del sexo -y aclarar que eso no impedía respetar las identidades de género-, fue acusada públicamente de transfobia por una responsable de diversidad de su departamento. El ambiente se volvió tan hostil que acabó dejando la universidad de Harvard. Otro ejemplo fue la cancelación de un panel antropológico cuyo título incluía la palabra “sexo” de forma clara. Se justificó alegando “daño” a la comunidad trans, como si debatir una categoría biológica fuera en sí mismo un acto agresivo.
En el terreno de la medicina de género, donde las decisiones afectan directamente a menores, esta moralización resulta especialmente preocupante. Cuestionar si es prudente usar bloqueadores de la pubertad o hormonas cruzadas en adolescentes se interpreta con frecuencia como falta de empatía o directamente como odio. Eso ha dificultado enormemente la autocrítica interna que cualquier campo médico serio necesita. Cuando el debate se moraliza tanto, los médicos y investigadores se ven presionados a adoptar el enfoque “afirmativo” aunque la evidencia sea débil o contradictoria. El resultado es que se prioriza la validación inmediata de la identidad sobre la cautela clínica y el principio básico de “primero no hacer daño”.
Hooven y Byrne subrayan una asimetría importante: en el ámbito académico, esta moralización proviene casi siempre de un solo lado. Los que defienden el binario suelen separar claramente la ciencia de las cuestiones de dignidad y derechos. No acusan a sus oponentes de ser malas personas. En cambio, el otro lado mezcla con frecuencia el juicio científico con el juicio moral, lo que hace mucho más difícil el diálogo.
En definitiva, el artículo pone el dedo en la llaga de un problema más amplio que trasciende el tema del sexo y el género. Cuando las narrativas ideológicas se blindan moralmente, la ciencia y la medicina sufren. Se vuelve muy costoso corregir errores, revisar protocolos o seguir la evidencia donde esta lleve. Y los que pagan el precio más alto son, paradójicamente, los pacientes más vulnerables, especialmente los niños y adolescentes con disforia de género que merecen tratamientos prudentes, basados en datos sólidos y no en consignas morales.
Este mecanismo de moralización explica por qué un tema que debería resolverse con evidencia biológica, psicológica y médica se ha convertido en uno de los debates más polarizados y difíciles de mantener con serenidad. Romper ese blindaje no significa carecer de empatía ni negar el sufrimiento real de las personas con disforia. Significa exigir que la ciencia y la medicina puedan funcionar con honestidad intelectual, sin que el miedo a ser moralmente condenados cierre las puertas al escrutinio necesario. Solo así se puede llegar a soluciones que realmente ayuden a la gente en lugar de servir a una narrativa ideológica previa.
Todo está más relacionado de lo que comprendemos.
Jóvenes "nini", ni trabajan, ni estudian, ni se casan, ni procrean... ni le encuentran valor a su vida. Recuerdan a los declives poblacionales de animales cuando hay escasez de alimentos.
Quizás no vamos tan bien...
Cuando el trabajo desaparece, el valor matrimonial de los hombres se esfuma:
Este artículo analiza cómo el fuerte declive de empleos en manufactura en Estados Unidos entre 1990 y 2014 -impulsado principalmente por la competencia de importaciones chinas- afectó no solo el mercado laboral, sino también el mercado matrimonial y la estructura familiar.
Los autores demuestran que estos shocks comerciales redujeron de forma significativa el empleo y los ingresos de los hombres jóvenes, especialmente en la parte baja de la distribución. Como consecuencia, disminuyó el “valor matrimonial” relativo de estos hombres: se volvieron menos atractivos como esposos desde el punto de vista económico.
Las consecuencias negativas son claras. Para los hombres, los shocks aumentaron el “idleness” (ni trabajan ni estudian), la mortalidad prematura por sobredosis, homicidios y otras causas, y redujeron su presencia en las zonas más afectadas. Para la sociedad en su conjunto, el declive manufacturero provocó menos matrimonios, menor fertilidad, más madres solteras y un aumento notable de niños que viven en hogares monoparentales y en pobreza.
En resumen, cuando desaparece el trabajo bien pagado para los hombres de clase trabajadora, se erosiona la formación de familias estables, se deteriora la posición social de los hombres y se transmiten mayores dificultades a la siguiente generación.