Santidad | Masculinidad bíblica | Crianza con propósito eterno.
Cero motivación vacía. Solo verdad.
Discípulos de Cristo.
“Sed santos, porque yo soy santo".
Vives rodeado de bendiciones invisibles.
Respiras. Tienes un techo. Hay pan en tu mesa.
Pero aun así, ¿qué hace tu corazón la mayor parte del tiempo?
Se queja. Murmura.
El hombre que su familia necesita no es el que:
• Gana más dinero
• Tiene más autoridad en la iglesia
• Conoce más teología
Sino el que:
• Está presente cuando duele
• Ora cuando no tiene respuestas
• Va primero cuando todos esperan
Cuando Dios te llamó, no lo hizo para que fueras el hombre más inteligente del salón.
Te llamó para que fueras el más fiel.
Fiel en lo pequeño. Fiel cuando nadie mira. Fiel cuando cuesta más de lo que calculaste.
La hombría bíblica no se mide en logros. Se mide en consistencia
La gracia no es permiso para pecar más cómodo. Es poder para vivir diferente.
El que entiende eso deja de negociar con su carne y empieza a matar su pecado antes de que su pecado lo mate.
Romanos 6 no habla de excusas, habla de libertad real.
La mayoría de los cristianos no luchamos contra el pecado.
Negociamos con él. Lo mimamos como una mascota.
Le damos horarios. Le asignamos zonas donde puede operar.
Y nos preguntamos por qué no crecemos.
La santidad no es administrar el pecado. Es declarar la guerra.
• Corta el acceso a eso que lo activa antes de que llegue la tentación
• Aférrate evangelio antes de que llegue la caída
• Rinde cuentas a alguien que no te va a consolar, sino a confrontar (algún miembro de tu iglesia local).
Deja de intentar ser el hombre que Dios quiere que seas.
Deja de levantarte más temprano para ganarte lo que ya tienes.
Deja de confundir disciplina con santificación.
Dios no está esperando que lo impresiones.
Ya tomó la decisión sobre ti antes de que nacieras.
El dinero revela tu corazón más que tus palabras.
No es malo tener mucho, es peligroso amarlo.
El creyente que administra con sabiduría sabe que todo lo que tiene debe servir para el Reino, no para la vanidad.
Cristo dijo: “Donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón.”