https://t.co/QgBXOcKhx9
Todos vieron que el rey estaba desnudo y le aplaudieron en silencio.
El presidente de Letonia hizo cola.
Steve Schwarzman, director de Blackstone y una de las mayores fortunas del planeta, hizo cola.
Christine Lagarde hizo cola.
Noventa minutos de espera para entrar en una sala a escuchar a un hombre que confunde Groenlandia con Islandia, que amenaza con invadir territorios de países aliados y que ofrece membresías de paz a mil millones de dólares por cabeza.
"Es como un festival de rock", dijo un asistente.
Exacto. Solo que el rockero tiene códigos nucleares.
Davos 2026 pasará a la historia no por lo que dijo
Donald Trump —que fue, como siempre, una mezcla de bravuconadas, datos inventados y amenazas veladas—, sino por la reacción de quienes se supone que representan lo mejor y más brillante del liderazgo global.
Porque lo vieron.
Lo escucharon.
Y aplaudieron.
Los periodistas que estaban en la sala captaron los murmullos.
Cuando Trump exigió "negociaciones inmediatas" para que Estados Unidos se quedara con Groenlandia, alguien susurró:
"This is ridiculous".
Otro añadió: "This is scary".
Un político europeo confesó después a la prensa:
"Sí, nos reímos. Pero también da miedo pensar que podría intentar hacer algo de esto".
Miedo.
Risa nerviosa.
Y sin embargo, nadie se levantó.
Nadie abandonó la sala.
Cuando Trump terminó su discurso de más de una hora —en el que, entre otras cosas, afirmó haber terminado ocho guerras y reducido el narcotráfico marítimo en un 97,2%—, el aplauso fue "polite".
Es la palabra que usan los anglosajones cuando quieren decir "quedar bien, cobarde pero con modales".
El contraste resultó casi obsceno.
Un día antes, Mark Carney, primer ministro canadiense, había recibido una ovación de pie.
¿Su mensaje?
Que las potencias medias debían dejar de competir entre sí para ver quién se arrodillaba más rápido ante el "hegemón".
Aviso a los europeos.
Carney dijo en voz alta lo que todos pensaban.
Trump dijo en voz alta lo que todos temían.
A Carney lo ovacionaron de pie.
A Trump le dieron un aplauso educado y luego fueron a tomarse un vino con él.
Pero el verdadero test de hipocresía colectiva no fue el discurso.
Fue el "Board of Peace".
Donald Trump ha creado una institución internacional de paz que para ser miembro permanente cuesta mil millones de dólares.
El presidente de esta institución es vitalicio y se llama Donald Trump.
Puede tomar decisiones sin consultar a nadie.
Entre los invitados a unirse están Vladimir Putin y Alexander Lukashenko, el hombre que permite a Rusia usar Bielorrusia como plataforma para atacar Ucrania.
Alguien lo describió como "un club de pago por jugar al estilo MAGA diseñado para suplantar a la ONU".
¿Cuántos genios de Davos hacen falta para detectar que esto no es un plan de paz, sobre todo siendo miembro Netanyahu ?
La respuesta, aparentemente, es que no importa cuántos sean ni quienes lo compongan .
Porque cuando llegó el momento de la firma del acuerdo fundacional, ahí estaban: Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Qatar, Hungría, Argentina. Viktor Orbán y Javier Milei flanqueando a Trump como extras de una película de terror.
Menos de veinte países, muy lejos de los treinta y cinco que esperaba la Casa Blanca.
Ningún aliado occidental relevante.
Pero los suficientes para la foto.
Y para rematar Jared Kushner el yerno presidencial subió al escenario con renders bajo el brazo: rascacielos relucientes frente al mar, zonas de "turismo costero", industria, prosperidad.
"Nueva Gaza", lo llamó.
Un destino.
Un lugar donde la gente pueda "prosperar".
Mostró los diseños con la confianza de quien presenta un proyecto inmobiliario en Miami, no el plan de reconstrucción de un territorio donde más de dos millones de personas están intentando sobrevivir a más de dos años de guerra, en un territorio imposible de sobrevivir.
"No tenemos un Plan B", dijo Kushner. "Solo un plan maestro".
Estimó que parte de la construcción podría completarse en dos o tres años.
No mencionó dónde vivirían los gazatíes mientras tanto, ni quién pagaría, ni qué pasaría con los escombros que todavía cubren el territorio.
Eso son detalles sin importancia.
Lo importante eran los renders.
Quedaban muy bien en pantalla.
Emmanuel Macron, que un día antes había advertido sobre "el giro hacia la autocracia" y "un mundo sin reglas donde solo importa la ley del más fuerte", ya había tomado un avión de vuelta a París.
Qué conveniente.
Criticar el incendio y marcharse antes de que alguien te pregunte por las cerillas que lleva en el bolsillo.
Nadie levanto la mano para hacer preguntas:
¿Dónde estaban estos líderes europeos cuando Israel ignoraba las resoluciones del Tribunal Internacional de Justicia, con Biden y ahora con Trump?
¿Dónde estaba Macron?
¿Dónde estaba Keir Starmer?
¿Dónde estaba la Unión Europea?
¿Ayudando a destruir el mismo orden internacional que ahora fingen defender.?
El trabajo sucio ya estaba hecho.
Es difícil rebatirlo.
Durante años, el "orden basado en reglas" ha sido un concepto que se aplicaba de forma selectiva: implacable con los débiles, flexible con los aliados, invisible con uno mismo.
Trump no ha inventado el cinismo en política internacional.
Solo ha eliminado el eufemismo.
Donde antes se hablaba de "intereses estratégicos", él dice "lo quiero".
Donde antes se negociaba en privado, él amenaza en público.
La diferencia no es de fondo.
Es de estilo.
Y resulta que a la élite de Davos el fondo nunca le importó demasiado.
Lo que les incomoda es el estilo.
Dentro de unos meses cuando Trump sea un capítulo cerrado de los libros de historia vendrán las memorias.
Los documentales.
Las entrevistas con cámara en blanco y negro y música grave.
Todos los que estuvieron en esa sala escribirán que "ya entonces sabían".
Que "era evidente".
Que veían perfectamente que el rey estaba desnudo.
Pero existirá el vídeo.
Existirán las fotos de la cola de noventa minutos, de las fotos del yerno con el resort de Gaza.
Existirá el aplauso.
Y la pregunta incómoda no será "¿cómo no lo vieron?" sino algo mucho peor:
"¿Por qué, viéndolo, aplaudieron?".
El cuento original tiene un héroe: el niño que grita la verdad mientras todos lo sabían y callaban.
Pero en Davos 2026 no había niños.
Solo adultos muy educados, muy ricos y muy silenciosos.
Y un aplauso al final. Educado, eso sí.
Siempre educado.
Nos merecemos que todo esto acabe con un apocalipsis zombi.
Al menos tendríamos un final coherente con nuestros valores.
No se puede pedir un final mejor para una especie cuyas élites —la gente que domina el mundo— hace cola noventa minutos para aplaudir toda esa locura.
¿Un resort en gaza?
https://t.co/PqyGV7RfRe
Para comprender las raíces de este problema, es necesario retroceder hasta 1947, incluso más allá.
El caso de Israel encierra una triste paradoja. Por un lado, el Estado de Israel existe porque una resolución de Naciones Unidas le concede el derecho de existir.
Es el primer Estado moderno creado de esta manera.
Por el otro, el Estado de Israel no deja de vulnerar sistemáticamente todas y cada una de las resoluciones de esa misma organización que le dio la vida y que le reconoció la legitimidad de su existencia.
Son hechos y afirmaciones que se pueden demostrar objetivamente, basados en pruebas y evidencias históricas verificables.
"El Gobierno de Su Majestad contempla favorablemente el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío", expone el texto escrito en 1917 por Arthur Balfour, entonces ministro de Exteriores británico.
¿por qué a Palestina?
Aunque se barajaron distintas opciones -entre ellas, algunos puntos de América del Sur, como la Guyana-, la elección de esta región de Oriente Medio tiene que ver con el Antiguo Testamento, que indica que es la Tierra Prometida por Dios al primer patriarca, Abraham, y a sus descendientes.
La Declaración, que no tenía en cuenta a los árabes que habitaban Palestina, dio impulso al movimiento sionista y a la emigración judía a Palestina.
Buscar en google
"1937 Haifa Massacre"
1937 Jerusalem Massacre
1937 Haifa Massacre
1939 Balad al-Sheikh Massacre
1939 Haifa Massacre
1947 Haifa Massacre
1947 Abbasiya Massacre
1947 Al-Khisas Massacre
1947 Bab al-Amud Massacre
1947 Jerusalem Massacre
1947 Sheikh Burek Massacre
El año 1948 de forma arbitraria las Naciones Unidas o sea la ONU les concedió a los judíos el 50% del territorio de Palestina.
La "solución de los dos Estados", posteriormente conocida como Resolución 181, la cual optó por "dividir Palestina en dos Estados, uno árabe y otro judío, con un régimen internacional especial para Jerusalén".
La ONU reconoció a Palestina como un "Estado observador no miembro" en 2012,
Actualmente Israel está ocupando el 90% del territorio Palestino.
Como creen que Israel ocupó ese 40 %?
1948 Jaffa Massacre
1948 Deir Yassin Massacre
1948 Tantura Massacre
1956 Khan Yunis Massacre
1967 Jerusalem Massacre
1972 Bahro Al Baquar
1982 Sabra and Shatila Massacre
1990 Al Aqsa Mosque Massacre
1994 Ibrahimi Mosque Massacre
2002 Jenin Refugee Camp
2008-2009 Gaza Massacre
2012 Gaza Massacre
2014 Gaza Massacre
2018-2019 Gaza Massacre
2021 Gaza Massacre
2023-PRESENT Gaza GENOCIDE
¿Como pueden hablar del terrorismo de Hamas?
¿Como pueden hablar del terrorismo Palestino?
¿Como pueden hablar del terrorismo de Hezbolá?
El invadido nunca es terrorista el terrorista es el invasor, el delincuente es el que entra a robar, el que ocupa tu casa, la víctima es el habitante natural propietario del terreno que le expulsan y destruyen su casa.
Aquí hay un agresor y un agredido.
Hay un invasor y hay un invadido.
Pero los medios de comunicación en su mayoría están difundiendo la versión al revés y te hablan del terrorismo islámico.
El 7 de octubre del 2023 se inició una operación militar contra TODA la población civil palestina, con bombardeos indiscriminados.
La masacre de Israel en Gaza supera los 30.000 muertos: la mayoría son mujeres y niños.
Entre las víctimas mortales hay más de 8.800 mujeres y 13.230 menores de edad, además de 340 trabajadores sanitarios y 132 periodistas.
Definición de Genocidio: Exterminio o eliminación sistemática de un grupo humano por motivo de raza, etnia, religión, política o nacionalidad.
No se puede obviar todas las fuentes de información contrastadas que el 7 de octubre del 2023 fue su particular 11 S de Netanyahu.
Según el New York Times, Israel disponía desde hacía 1 año de un informe de 40 páginas sobre el ataque que el Hamas estaba preparando, documento que circuló ampliamente entre los oficiales superiores.
El diario israelí Haaretz reveló que el jefe de investigación de la inteligencia militar de Israel, el general Amit Saar, escribió –el 19 de marzo y el 16 de julio– al primer ministro Netanyahu, advirtiéndolo sobre un ataque en preparación por parte del Hamas.
Según la prensa israelí, el primer ministro Netanyahu destituyó en julio a su ministro de Defensa, el general Yoav Gallant, porque este último alertaba al gobierno sobre la «tormenta perfecta» que el Hamas estaba preparando contra Israel.
En Italia, el Corriere della Sera publicó una entrevista del director del MEMRI, el coronel retirado Yigal Carmon, quien declaró haber alertado personalmente a Netanyahu sobre un importante ataque del Hamas.
Según la prensa egipcia, el jefe de la inteligencia de Egipto, el general Kamel Abbas, telefoneó personalmente a Netanyahu, semanas antes del ataque, para avisarle que el Hamas iba a pasar a la acción.
las preguntas sin respuesta hasta ahora:
¿por qué los dirigentes israelíes ignoraron todas esas advertencias y porqué tardaron tanto en reaccionar el ejército israelí la mañana del 7 de octubre.?
Trump’s kidnapping of Venezuela’s President Nicolas Maduro and his imminent seizure of Greenland are evidence enough that the already dysfunctional, international “rules-based order” is now in tatters. Both the UN and Nato, the West’s so-called “defence” alliance, are on the ropes.
The US president hopes his “Board of Peace” will deliver the knockout blow, supplanting the UN and the system of international law it is there to uphold.
The reconstruction of Gaza may be its first task, but Trump has much larger aspirations.
The board stands at the heart of a new world order being shaped in Trump’s image. Billionaires and their hangers-on will openly decide the fate of weak nations, based on the power elite’s naked, predatory instincts to make money.
In a petulant letter sent to Norway’s prime minister at the weekend, Trump advised that, after being passed over for the Nobel peace prize: “I no longer feel an obligation to think purely of Peace.”
What in that case, one might wonder, is the point of a “Board of Peace”?
The answer is that Orwell’s moment is truly upon us: “War is peace.”
This is an extract from my latest article Trump’s 'Board of Peace' is the nail in Gaza’s coffin. Read the rest here: https://t.co/cYsVlGUJmc
Everyone praising Mark Carney’s speech as “bold,” “brave,” or “eloquent,” and treating it as evidence that the West can still rescue itself, is still misunderstanding the nature of the crisis.
The “rules-based international order” didn’t erode gradually or mysteriously; it collapsed the moment Western governments showed that the rules don’t apply when the violator is an ally. Gaza didn’t expose a weakness in the system that could be patched or repaired; it revealed what the system actually is.
For two years, the Western world didn’t merely fail to restrain Israel; it funded it, armed it, vetoed accountability, rewrote legal standards in real time, and criminalized dissent at home. International law was selectively suspended, not overwhelmed like some people want to say, and once legality becomes conditional, the concept itself ceases to exist.
That was the real point of no return in 2023. Not because Donald Trump violating the sovereignty of Greenland broke the order, but because the precedent was set in full view of the world: mass killing can be lawful if it’s committed by the right state, against the right people, with the right patrons. After that, no appeal to “norms” or “institutions” can be taken seriously again.
Don’t gaslight yourselves into thinking that Carney is offering a path to renewal here; he’s delivering a sophisticated obituary. You can’t rebuild credibility with speeches after showing that the law is optional. Anyone treating this as a hopeful turning point is as delusional as a person watching their house burn and believing better fire alarms will restore the structure.
It’s already over. And as the Western order fractures under the weight of its own contradictions, Gaza won’t be a footnote to its collapse. It’ll be remembered as the moment the world finally understood that the system had died long before anyone admitted it.
🚨 GLOBALISM JUST DIED IN DAVOS
Howard Lutnick just walked into the lion’s den — and told the World Economic Forum exactly what they didn’t want to hear.
“Globalism has failed.”
Not whispered.
Not softened.
Declared — on their own stage.
He dismantled the entire WEF doctrine in minutes:
• Offshoring hollowed out the West
• Cheap labor destroyed innovation
• Net Zero made Europe dependent on China
• Sovereignty begins with borders
• Nations must control their industry, energy, and medicine
Then came the line that shook the room:
“Why would Europe agree to Net Zero when they don’t even make a battery?”
That’s the truth globalists can’t answer.
Green agendas without industry.
Climate pledges without sovereignty.
Moral posturing while outsourcing power to Beijing.
America First isn’t isolation.
It’s independence.
And Lutnick made it crystal clear:
The old model is finished.
The globalist experiment has failed.
And the future belongs to nations that put their people first.
Davos just heard the obituary — live.
Lean esto. Es muy importante. Es el discurso de este 20.01.2026 en Davos del primer ministro canadiense @MarkJCarney. Esto irá a los libros de historia. Más allá de tener las referencias correctas y estar muy bien escrito, Carney tiene el valor y la lucidez de llamar de una vez a las cosas por su nombre.
Es un placer —y un deber— estar con ustedes en este punto de inflexión para Canadá y para el mundo.
Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno.
Pero sostengo, aun así, que otros países —en particular las potencias medias como Canadá— no están indefensos. Tienen el poder de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.
El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.
Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben.
Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable: la lógica natural de las relaciones internacionales reimponiéndose. Y, ante esa lógica, existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar. A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el acatamiento compre seguridad.
No lo hará.
Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?
En 1978, el disidente checo Václav Havel escribió un ensayo titulado El poder de los sin poder. En él planteó una pregunta sencilla: ¿cómo se sostenía el sistema comunista?
Su respuesta empezaba con un verdulero. Cada mañana, este tendero coloca un letrero en su escaparate: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”. No lo cree. Nadie lo cree. Pero lo coloca de todos modos: para evitar problemas, para señalar conformidad, para llevarse bien. Y como cada tendero en cada calle hace lo mismo, el sistema persiste.
No solo mediante la violencia, sino mediante la participación de la gente común en rituales que, en privado, sabe que son falsos.
Havel llamó a esto “vivir dentro de una mentira”. El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera cierto. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una sola persona deja de actuar —cuando el verdulero quita su letrero— la ilusión empieza a resquebrajarse.
Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus letreros. Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, alabamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Podíamos impulsar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección.
Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima.
Esta ficción era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proveer bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas.
Así que pusimos el letrero en la ventana. Participamos en los rituales. Y, en gran medida, evitamos señalar las brechas entre la retórica y la realidad. Ese pacto ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición. En las dos últimas décadas, una serie de crisis —financiera, sanitaria, energética y geopolítica— dejó al descubierto los riesgos de una integración global extrema.
Más recientemente, las grandes potencias empezaron a usar la integración económica como arma. Aranceles como palanca. Infraestructura financiera como coerción. Cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar. No se puede “vivir dentro de la mentira” del beneficio mutuo mediante la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. Las instituciones multilaterales en las que se apoyaban las potencias medias —la OMC, la ONU, las COP—, la arquitectura de la resolución colectiva de problemas, están muy debilitadas.
Como resultado, muchos países están llegando a las mismas conclusiones. Deben desarrollar mayor autonomía estratégica: en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. Este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú. Pero seamos lúcidos sobre adónde conduce esto. Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible.
Y hay otra verdad: si las grandes potencias abandonan incluso la pretensión de normas y valores para perseguir sin trabas su poder e intereses, los beneficios del “transaccionalismo” se vuelven más difíciles de replicar. Los hegemones no pueden monetizar continuamente sus relaciones. Los aliados diversificarán para cubrirse ante la incertidumbre. Comprarán seguros. Aumentarán opciones. Esto reconstruye la soberanía —una soberanía que antes estaba anclada en normas—, pero que estará cada vez más anclada en la capacidad de resistir la presión.
Esta gestión clásica del riesgo tiene un coste. Pero ese coste de la autonomía estratégica, de la soberanía, también puede compartirse. Las inversiones colectivas en resiliencia son más baratas que que cada uno construya su propia fortaleza. Los estándares compartidos reducen la fragmentación. Las complementariedades son de suma positiva.
La pregunta para las potencias medias, como Canadá, no es si debemos adaptarnos a esta nueva realidad. Debemos hacerlo. La pregunta es si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos —o si podemos hacer algo más ambicioso.
Canadá fue de los primeros en escuchar la llamada de atención, lo que nos llevó a cambiar de forma fundamental nuestra postura estratégica. Los canadienses saben que nuestra vieja y cómoda suposición de que nuestra geografía y nuestras membresías en alianzas conferían automáticamente prosperidad y seguridad ya no es válida.
Nuestro nuevo enfoque se basa en lo que Alexander Stubb ha denominado “realismo basado en valores” —o, dicho de otro modo, aspiramos a ser principistas y pragmáticos. Principistas en nuestro compromiso con valores fundamentales: la soberanía y la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza salvo cuando sea coherente con la Carta de la ONU, el respeto de los derechos humanos. Pragmáticos al reconocer que el progreso suele ser incremental, que los intereses divergen, que no todos los socios comparten nuestros valores.
Nos estamos comprometiendo ampliamente, de forma estratégica, con los ojos abiertos. Afrontamos activamente el mundo tal como es, no esperamos al mundo tal como quisiéramos que fuera. Canadá está calibrando sus relaciones para que su profundidad refleje nuestros valores. Estamos priorizando un compromiso amplio para maximizar nuestra influencia, dada la fluidez del mundo, los riesgos que esto plantea y lo que está en juego de cara a lo que viene. Ya no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza.
Estamos construyendo esa fuerza en casa. Desde que mi gobierno asumió el cargo, hemos recortado impuestos sobre ingresos, ganancias de capital e inversión empresarial; hemos eliminado todas las barreras federales al comercio interprovincial; y estamos acelerando un billón de dólares de inversión en energía, IA, minerales críticos, nuevos corredores comerciales y más allá. Estamos duplicando nuestro gasto en defensa para 2030, y lo hacemos de maneras que fortalezcan nuestras industrias nacionales.
Nos estamos diversificando rápidamente en el exterior. Hemos acordado una asociación estratégica integral con la Unión Europea, incluyendo la adhesión a SAFE, los mecanismos europeos de compra de defensa. Hemos firmado otros doce acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro continentes en los últimos seis meses. En los últimos días, hemos concluido nuevas asociaciones estratégicas con China y Catar. Estamos negociando pactos de libre comercio con India, la ASEAN, Tailandia, Filipinas y Mercosur.
Para ayudar a resolver problemas globales, estamos impulsando una geometría variable: diferentes coaliciones para diferentes asuntos, basadas en valores e intereses. En Ucrania, somos miembro central de la Coalición de los Dispuestos y uno de los mayores contribuyentes per cápita a su defensa y seguridad. En soberanía ártica, nos mantenemos firmemente junto a Groenlandia y Dinamarca y apoyamos plenamente su derecho único a determinar el futuro de Groenlandia.
Nuestro compromiso con el Artículo 5 es inquebrantable. Trabajamos con nuestros aliados de la OTAN (incluyendo el Nordic Baltic 8) para asegurar aún más los flancos norte y oeste de la alianza, incluyendo inversiones sin precedentes en radar de alcance más allá del horizonte, submarinos, aeronaves y presencia terrestre.
En el comercio plurilateral, estamos impulsando esfuerzos para tender un puente entre el Acuerdo Transpacífico y la Unión Europea, creando un nuevo bloque comercial de 1.500 millones de personas. En minerales críticos, estamos formando clubes de compradores anclados en el G7 para que el mundo pueda diversificarse y alejarse de un suministro concentrado. En IA, cooperamos con democracias afines para garantizar que, en última instancia, no nos veamos obligados a elegir entre hegemones e hiperescaladores.
Esto no es multilateralismo ingenuo. Tampoco es depender de instituciones debilitadas. Es construir coaliciones que funcionen, asunto por asunto, con socios que comparten suficiente terreno común como para actuar juntos. En algunos casos, será la gran mayoría de las naciones. Y es crear una densa red de conexiones a través del comercio, la inversión y la cultura, de la que podamos valernos para desafíos y oportunidades futuras. Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú. Las grandes potencias pueden permitirse ir solas. Tienen el tamaño de mercado, la capacidad militar, la palanca para dictar condiciones. Las potencias medias no.
Pero cuando solo negociamos bilateralmente con un hegemón, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por ser los más complacientes. Esto no es soberanía. Es la representación de la soberanía mientras se acepta la subordinación.
En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una elección: competir entre sí por el favor o unirse para crear un tercer camino con impacto. No debemos permitir que el auge del poder duro nos ciegue ante el hecho de que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte —si elegimos ejercerlo juntos.
Lo cual me devuelve a Havel. ¿Qué significaría para las potencias medias “vivir en la verdad”?
Significa nombrar la realidad. Dejar de invocar el “orden internacional basado en normas” como si siguiera funcionando tal como se anuncia. Llamar al sistema por lo que es: un período en el que los más poderosos persiguen sus intereses usando la integración económica como un arma de coerción.
Significa actuar con coherencia. Aplicar los mismos estándares a aliados y rivales. Cuando las potencias medias critican la intimidación económica que viene de una dirección pero guardan silencio cuando viene de otra, estamos manteniendo el letrero en la ventana.
Significa construir aquello en lo que decimos creer. En lugar de esperar a que el hegemón restaure un orden que está desmantelando, crear instituciones y acuerdos que funcionen como se describen. Y significa reducir la palanca que permite la coerción.
Construir una economía doméstica fuerte debería ser siempre la prioridad de todo gobierno. Diversificar internacionalmente no es solo prudencia económica; es la base material para una política exterior honesta. Los países se ganan el derecho a posturas basadas en principios reduciendo su vulnerabilidad a represalias.
Canadá tiene lo que el mundo quiere. Somos una superpotencia energética. Poseemos vastas reservas de minerales críticos. Tenemos la población más educada del mundo. Nuestros fondos de pensiones están entre los mayores y más sofisticados inversores del planeta. Tenemos capital, talento y un gobierno con una enorme capacidad fiscal para actuar con decisión. Y tenemos los valores a los que muchos otros aspiran.
Canadá es una sociedad pluralista que funciona. Nuestro espacio público es ruidoso, diverso y libre. Los canadienses siguen comprometidos con la sostenibilidad. Somos un socio estable y fiable —en un mundo que no lo es—, un socio que construye y valora relaciones a largo plazo.
Canadá tiene algo más: el reconocimiento de lo que está ocurriendo y la determinación de actuar en consecuencia. Entendemos que esta ruptura exige más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal como es.
Estamos quitando el letrero de la ventana. El viejo orden no va a volver. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero, a partir de la fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Esta es la tarea de las potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina.
Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos. Ese es el camino de Canadá. Lo elegimos abierta y confiadamente. Y es un camino ampliamente abierto a cualquier país dispuesto a recorrerlo con nosotros.
ABSOLUTE MADNESS
Night Minimums up to 64F in Illinois
NIGHT TEMPERATURES TYPICAL OF JULY
Hundreds oF records pulverized allover Central States with up to 8F margins
and the weekend will be hotter,in some areas much hotter.
It s the most extreme event in US climatic history.
California burned at the start of 2025.
As the year closes it drowns.
This is our world at 1.4C.
We’re headed for 4C in our kids’ lifetimes.
We’re on track to lose absolutely everything.
🚨 Alert: Indonesia is pushing forward with one of the world's largest deforestation projects in Papua, clearing up to 5 million acres (2 million hectares) of pristine forest for sugarcane plantations. This biodiverse hotspot is being sacrificed for bioethanol and crops.
"MOST EXTREME EVENT EVER SEEN IN WORLD CLIMATIC HISTORY"
The planet we think we're living on no longer exists.
Stop this Extinction Economy now before it's already gone too far.
Investigación:
Dos millones de correos exponen la maquinaria secreta de Israel para neutralizar a la justicia internacional.
Un trabajo del @EICnetwork, consorcio internacional de medios independientes en el que participa @_infoLibre.
https://t.co/9A7SC6oDie
🚨TERRIBLE🚨
Lo que está pasando en #Peru es monstruoso, ya que se ha detectado que miles de embarcaciones pesqueras chinas están llegando a la costa de Perú para vaciar los mares locales de la mayor cantidad posible de peces y vida marina.
Hace unos años lo hicieron en Argentina con la complicidad criminal del kirchnerismo, esto fue detenido por el presidente Javier Milei.
Pero ahora se lo están haciendo a Perú, causando la desaparición entera de especies.
Chinese fishing firm Kaichuang reports nearly 200% increase in krill catch in Antarctica
with profits jumping 270%
Absolutely disgusting they are taking essential food from the whales and penguins and leaving them to starve
Krill also play a vital role in regulating the global climate by helping store carbon deep in ocean.
https://t.co/rK0cFllEie