Check out our recent paper about graphene oxide/cadmium sulphide (GO/CdS) multilayers systems with tuneable photoluminescence for advanced optoelectronic devices, just published in Journal of Physics: Conference series.
@CicataIPN_Altam@LatinXChem
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Soy parte de una generación que se formó creyendo en la promesa de que la ciencia mexicana podía ser motor de cambio. Estudiamos, publicamos, competimos, nos doctoramos aquí o en el extranjero, convencidos de que al volver encontraríamos un espacio donde nuestras ideas tendrían sentido. Pero el 2025 nos enfrenta con una realidad menos romántica: la academia nacional parece diseñada para conservar, no para transformar.
No es que falte talento; lo hay, y en abundancia. Lo que falta es un ecosistema que lo aproveche. Los concursos de plazas suelen estar escritos para candidatos predeterminados. La evaluación, más que medir la relevancia social de la investigación, premia la obediencia a indicadores que poco dicen de los problemas del país. Y cuando alguien intenta pensar fuera de esos márgenes, se le recuerda rápidamente que el sistema no tolera la disidencia.
Al mismo tiempo, seguimos atrapados en la fascinación con lo extranjero. Muchos de mis colegas viven con la ansiedad de acumular publicaciones en revistas que tal vez nunca leerá un estudiante mexicano. El reconocimiento parece venir siempre de afuera, como si aquí no existiera un público capaz de valorar o cuestionar lo que hacemos. Así, la ciencia mexicana corre el riesgo de convertirse en un reflejo tenue de agendas ajenas, antes que en un espacio creativo capaz de responder a nuestros propios retos.
Lo más frustrante es la distancia entre la ciencia y la vida cotidiana. En las aulas enseñamos a las y los estudiantes sobre biología molecular, sobre física de materiales o sobre neurociencia, mientras afuera la población enfrenta sistemas de salud saturados, carencia de medicamentos y una economía que apenas logra sostenerse. Producimos artículos con temas de frontera, pero seguimos sin resolver cuestiones tan elementales como el acceso equitativo a la educación científica.
Sin embargo, no todo es derrota. Veo brotes de cambio en colectivos de jóvenes investigadores que deciden construir redes propias, en laboratorios que trabajan con comunidades rurales para desarrollar soluciones locales, en académicos que se atreven a hablar con voz crítica frente a la complacencia institucional. Esa es la ciencia que me hace permanecer aquí: una ciencia que se piensa desde México, con conciencia de sus desigualdades y potencialidades.
En este 2025, la pregunta no es si tenemos científicos capaces —porque los hay—, sino si tenemos la valentía de transformar el sistema que los contiene. La autonomía universitaria, en lugar de ser refugio de camarillas, debe ser garantía de libertad intelectual y responsabilidad social. Y la evaluación académica debe dejar de ser un ritual vacío para convertirse en un proceso que premie la creatividad, la honestidad y el impacto real en la sociedad.
Como joven investigador, no tan joven, no espero milagros, pero sí exijo coherencia: que la ciencia mexicana deje de simular modernidad y asuma, por fin, el reto de pensarse y construirse a sí misma. Porque de lo contrario, nuestra generación no solo heredará problemas, sino también el desencanto de haber creído en una promesa que nunca se cumplió.
Los alumnos de posgrado requieren crecer simultáneamente en 4 áreas:
1) Experimental
2) Pensamiento crítico
3) Dominio de la cancha
4) Transferencia del conocimiento
#Hilo 🧵
Publicar un artículo científico en México es, ante todo, un acto de rebeldía.
Rebeldía contra la precariedad, contra la burocracia, contra la idea ingenua de que la ciencia sólo florece en condiciones ideales. Cada artículo que logra ver la luz aquí es testimonio de una obstinación: seguir adelante a pesar de los límites, de los retrasos, de la escasez.
Un artículo científico nunca es perfecto, y en nuestro contexto esa imperfección es inevitable. No porque falte disciplina o rigor, sino porque se trabaja con presupuestos que apenas alcanzan para lo básico.
Los estudiantes aprenden a dosificar reactivos como si fueran oro, midiendo gota por gota para que alcance hasta el final del semestre. Los investigadores dedican más horas a llenar formularios, solicitar permisos y justificar gastos que a diseñar experimentos. Y los laboratorios funcionan con equipos tan viejos que, en otro país, ya estarían guardados en una vitrina de museo. Bajo esas circunstancias, lo sorprendente no es la imperfección de nuestros artículos, sino que existan.
Y, sin embargo, el sistema sigue demandando excelencia absoluta: inglés impecable, gráficos que compitan con los de los laboratorios más ricos del planeta, métricas internacionales que rara vez reconocen el peso de nuestras limitaciones. Se nos pide perfección con recursos mínimos, como si la creatividad y la vocación pudieran sustituir la infraestructura.
Pero la ciencia nunca ha sido un monumento acabado; es un proceso que se construye con aportaciones parciales, provisionales, siempre abiertas a la corrección. En México, esa provisionalidad se vuelve virtud: publicar es dejar constancia de que seguimos empujando el conocimiento un poco más allá, aunque las condiciones digan lo contrario.
Así, cada artículo no es sólo un resultado académico: es una declaración de resistencia. Y quizá ahí radique su verdadero valor, no en ser perfecto, sino en existir a pesar de todo.
El CICATA Unidad Altamira los invita a participar en él:
CONCURSO LITERARIO GESMAT 2025
Consulta la convocatoria en el siguiente enlace: https://t.co/e1ZiKiL2pf
CICATA Altamira - Grupo de Materiales y Tecnologías para Energía, Salud y Medio Ambiente (GESMAT)
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Se siente una gran emoción visitar instancias del @IPN_MX como nuestro Centro de Investigación en Ciencia Aplicada y Tecnología Avanzada @CicataIPN_Altam -el cual cumple 25 años en octubre- en el norte del país, donde se hace investigación para el bien de esta franja de México. Bajo la dirección del doctor Rogelio Ortega Izaguirre, aquí nutren con su conocimiento diversas áreas de la economía y ponen en alto el nombre de nuestro Politécnico Nacional. ¡Enhorabuena!
¡Estamos platicando con el Grupo de Estudio de Materiales Avanzados y Tecnologías #GESMAT del @IPN_MX! Nos impresionan sus proyectos innovadores en materiales para energía, salud y medioambiente. El Politécnico siempre apoyando el progreso científico.
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La agencia @DARPA de Estados Unidos 🇺🇸 está explorando nuevas formas de convertir energía nuclear en electricidad, evitando el proceso tradicional de generar vapor para mover turbinas y la pérdida de 2/3 de la energía en forma de calor.
La energía nuclear ya cuenta con una gran ventaja en términos de densidad energética frente a otras fuentes térmicas. Pero, ¿y si no necesitara una turbina de vapor para generar electricidad? ¿Qué pasaría si la radiación de un reactor no fuera solo un desafío a controlar, sino también una fuente directa de energía? Sería una tecnología de conversión capaz de escalar desde baterías diminutas hasta redes eléctricas completas, aprovechando esa radiación de manera más eficiente.
El objetivo es buscar tecnologías que conviertan directamente la radiación (alfa, beta, gamma y neutrones) en electricidad, en un enfoque conocido como radiovoltaica. Este método utiliza semiconductores para transformar la radiación en energía, similar a cómo funcionan las celdas solares con la luz. Aunque actualmente las eficiencias son bajas (1-3%), avances recientes en materiales resistentes a la radiación podrían permitir aplicaciones escalables en reactores nucleares o incluso en sistemas espaciales.
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