ME PRESENTO.
Soy margariteño, tengo 52 años, estoy casado, tengo dos hijos y desde que tengo 16 años vengo pensando en la posibilidad de postularme la presidencia de la república.
Soy un Don Nadie en política, no tengo mayor experiencia, pero conozco bien mi país.
Aunque nací en Margarita vivía allí hasta los 15 años, después viví 1 año en Caracas (estudié en el Colegio Santa Teresita, en Catia) y después 10 años en Mérida, cerca del Parque Las Heroínas.
Después regresé a Margarita para trabajar y dedique tiempo a recorrer el resto del País (Táchira, Zulia, Trujillo, Guárico, Bolívar, Anzoátegui, Miranda, Lara, Cojedes, Yaracuy, Falcón, Apure, Barinas, Delta Amacuro, Portuguesa, Monagas, Sucre... el único estado que no conozco (y lo reconozco) es Amazonas. Siempre quise llegar a Puerto Ayacucho y no pude.
Desde ese entonces, obligado por muchas circunstancias y situaciones, he viajado un poco movido por el trabajo.
He estado en Francia, España, Portugal, Panamá, Colombia, Brasil y ahora Argentina, tratando de conocer un poco las realidades de cada uno de esos países, sus circunstancias, sus situaciones, sus políticas y tratando de aprender todo lo bueno que hay en ellos para poder ponerlo en práctica en mi país.
No creo que haya elecciones pronto, pero sí que en algún momento va a haber elecciones. Yo considero que en un mínimo de dos años, aunque lo "natural" sería para 2030.
ndependientemente de la fecha, voy a buscar la manera de inscribirme en el CNE y participar, esperemos que se pueda.
Un Gran Abrazo 🤝
ÚLTIMA HORA | JPMorgan y Jefferies organizan viajes a Caracas ante el creciente interés de inversionistas internacionales, según Bloomberg https://t.co/qBzgISBYaA
El Lider que me inspira.
El 4 de junio de 1830, en las frías y brumosas montañas de Berruecos (cerca de Pasto, en lo que hoy es Colombia), alrededor de las 8 de la mañana, fue asesinado uno de los más brillantes y nobles héroes de nuestra independencia: Antonio José de Sucre.
Sucre, de apenas 35 años, viajaba con un pequeño grupo de acompañantes hacia Quito, donde lo esperaban su esposa Mariana y su hija. Regresaba después de haber cumplido misiones clave para Bolívar y tras haber sido presidente de Bolivia. Iba montado en su caballo por un estrecho sendero en la selva cuando una emboscada lo sorprendió. Varios disparos lo alcanzaron: uno en el corazón y otros en la cabeza. Cayó muerto casi al instante.
Se cuenta que sus últimas palabras fueron algo como: “¡Carajo, un balazo!” Su cuerpo quedó abandonado en el barro durante más de 24 horas hasta que vecinos humildes lo enterraron provisionalmente.
Los principales ejecutores fueron un grupo de mercenarios y exsoldados: Apolinar Morillo, Andrés Rodríguez, Juan Gregorio Sarria y otros. La historia oficial y las investigaciones apuntan a que actuaron bajo órdenes o influencia de José María Obando, un general opositor a Bolívar y Sucre.
Se sospecha también la participación indirecta de Juan José Flores, quien años después sería presidente de Ecuador.
El móvil político era claro: eliminar al hombre que muchos veían como el sucesor natural de Simón Bolívar y un obstáculo para quienes querían fragmentar la Gran Colombia.
Bolívar, al enterarse, quedó destrozado y dijo: “Han matado a mi sucesor… La bala que hirió a Sucre mató a Colombia y me quitó la vida”.
Era una “crónica de una muerte anunciada”: había amenazas previas, artículos en periódicos incitando contra él y planes de atentado en diferentes rutas. Sucre, fiel y valiente, no hizo caso a los rumores y siguió su camino con serenidad.
¿Qué habría cambiado si Sucre hubiera vivido?
Sucre no solo era un gran militar (el vencedor de Ayacucho), sino un hombre íntegro, moderado y visionario.
Muchos historiadores creen que su presencia podría haber ayudado a mantener unida la Gran Colombia por más tiempo o, al menos, a que la separación de Venezuela, Colombia y Ecuador se diera de forma más pacífica y ordenada.
En Venezuela, un líder como él, con experiencia de gobierno en Bolivia y lealtad a los ideales bolivarianos, podría haber impulsado instituciones más sólidas, menos caudillismo y una transición más estable después de la independencia.
América Latina habría tenido un ejemplo vivo de honor militar y visión de unidad. Quizás hubiéramos evitado tantos años de guerras civiles, divisiones y pérdida de oportunidades.
Sucre representaba lo mejor del proyecto independentista: valentía sin vanidad, servicio sin ambición desmedida. Su ausencia dejó un vacío que aún hoy se siente en la historia de nuestros pueblos.
Hoy, 195 años después, recordamos a Sucre no solo con tristeza, sio con orgullo. Su legado sigue inspirando: unidad, sacrificio y amor por la patria grande. ¡Honor y gloria al Gran Mariscal!
PD: vivo en una calle que lleva su nombre.
El Lider que me inspira.
Afirmo con convicción que Antonio José de Sucre es mi principal fuente de inspiración como candidato a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela.
No lo digo por romanticismo histórico, sino porque sus cualidades son exactamente las que un país fracturado, cansado de divisiones y caudillismos, requiere para reconstruirse con dignidad, unidad y visión de futuro.
Las cualidades de Sucre que me inspiran como candidato:
Lealtad sin ambición personal:
- Sucre fue el discípulo más fiel de Bolívar, su “brazo derecho” y sucesor natural. Nunca buscó el poder para sí mismo. Rechazó honores excesivos y siempre puso la causa colectiva por encima de su gloria.
En una Venezuela donde muchos líderes priorizan el protagonismo, Sucre me recuerda que el verdadero servicio es humilde y desinteresado.
- Excelencia estratégica y capacidad de ejecución:
A los 29 años comandó la victoria decisiva de Ayacucho, que selló la independencia de Sudamérica. Fue un genio militar sereno, ingeniero de formación, capaz de planificar con precisión y actuar con coraje. Como presidente de Bolivia, organizó un Estado desde cero: impulsó la educación, la administración pública, la economía y el respeto a las instituciones.
Eso es lo que Venezuela necesita: alguien que no solo prometa, sino que ejecute con orden y resultados concretos.
- Integridad y moderación:
Fue un hombre de honor intachable, respetuoso incluso con los enemigos vencidos, y promotor de la reconciliación. Abandonó la presidencia de Bolivia para evitar más conflictos y divisiones. Su sobriedad y rechazo al culto personal contrastan con el polarismo que nos ha dañado. Me inspira a gobernar con justicia, sin revanchas ni exclusiones.
- Visión unitaria y constructora:
Sucre no solo liberó territorios; ayudó a fundar naciones (Ecuador, Bolivia) y trabajó incansablemente por la Gran Colombia. Entendió que la independencia era solo el comienzo: había que construir repúblicas sólidas, con instituciones, educación y prosperidad compartida.
Sucre, el heredero de Bolívar, y cómo su presencia habría transformado Venezuela
Bolívar mismo lo vio como su sucesor. Lo llamó “el Abel de América” tras su asesinato y lamentó que con él moría también una parte del sueño bolivariano.
Si Sucre hubiera vivido más allá de los 35 años, Venezuela y toda la región habrían tenido un puente vivo entre la gesta independentista y la construcción republicana estable.
Su presencia habría significado:
• Menos guerras civiles y caudillismo: porque representaba continuidad institucional y moderación.
• Una transición más ordenada tras la independencia, con énfasis en educación, administración y unidad regional.
En Venezuela, un líder como Sucre habría podido consolidar instituciones fuertes, evitar el ciclo de personalismos y fortalecer el proyecto de patria grande sin caer en fragmentaciones ni autoritarismos posteriores.
Su ausencia dejó un vacío que aún sentimos: el de un liderazgo sereno, competente y verdaderamente patriótico.
Por eso, como candidato, asumo su legado con humildad y determinación.
No pretendo ser Sucre (ninguno de nosotros lo es), pero sí quiero encarnar en esta época sus valores: lealtad a la patria, excelencia en la acción, integridad innegociable y la convicción de que Venezuela puede ser grande otra vez si recuperamos el espíritu de servicio y unidad que él representó.
Sucre no murió del todo en Berruecos. Su ejemplo sigue vivo e invito a todos los venezolanos a rescatarlo: no como reliquia del pasado, sino como brújula para el futuro que merecemos.
¡Honor y Gloria al Gran Mariscal de Ayacucho!
Por una Venezuela unida, reconstruida y digna.
El Lider que me inspira.
El 4 de junio de 1830, en las frías y brumosas montañas de Berruecos (cerca de Pasto, en lo que hoy es Colombia), alrededor de las 8 de la mañana, fue asesinado uno de los más brillantes y nobles héroes de nuestra independencia: Antonio José de Sucre.
Sucre, de apenas 35 años, viajaba con un pequeño grupo de acompañantes hacia Quito, donde lo esperaban su esposa Mariana y su hija. Regresaba después de haber cumplido misiones clave para Bolívar y tras haber sido presidente de Bolivia. Iba montado en su caballo por un estrecho sendero en la selva cuando una emboscada lo sorprendió. Varios disparos lo alcanzaron: uno en el corazón y otros en la cabeza. Cayó muerto casi al instante.
Se cuenta que sus últimas palabras fueron algo como: “¡Carajo, un balazo!” Su cuerpo quedó abandonado en el barro durante más de 24 horas hasta que vecinos humildes lo enterraron provisionalmente.
Los principales ejecutores fueron un grupo de mercenarios y exsoldados: Apolinar Morillo, Andrés Rodríguez, Juan Gregorio Sarria y otros. La historia oficial y las investigaciones apuntan a que actuaron bajo órdenes o influencia de José María Obando, un general opositor a Bolívar y Sucre.
Se sospecha también la participación indirecta de Juan José Flores, quien años después sería presidente de Ecuador.
El móvil político era claro: eliminar al hombre que muchos veían como el sucesor natural de Simón Bolívar y un obstáculo para quienes querían fragmentar la Gran Colombia.
Bolívar, al enterarse, quedó destrozado y dijo: “Han matado a mi sucesor… La bala que hirió a Sucre mató a Colombia y me quitó la vida”.
Era una “crónica de una muerte anunciada”: había amenazas previas, artículos en periódicos incitando contra él y planes de atentado en diferentes rutas. Sucre, fiel y valiente, no hizo caso a los rumores y siguió su camino con serenidad.
¿Qué habría cambiado si Sucre hubiera vivido?
Sucre no solo era un gran militar (el vencedor de Ayacucho), sino un hombre íntegro, moderado y visionario.
Muchos historiadores creen que su presencia podría haber ayudado a mantener unida la Gran Colombia por más tiempo o, al menos, a que la separación de Venezuela, Colombia y Ecuador se diera de forma más pacífica y ordenada.
En Venezuela, un líder como él, con experiencia de gobierno en Bolivia y lealtad a los ideales bolivarianos, podría haber impulsado instituciones más sólidas, menos caudillismo y una transición más estable después de la independencia.
América Latina habría tenido un ejemplo vivo de honor militar y visión de unidad. Quizás hubiéramos evitado tantos años de guerras civiles, divisiones y pérdida de oportunidades.
Sucre representaba lo mejor del proyecto independentista: valentía sin vanidad, servicio sin ambición desmedida. Su ausencia dejó un vacío que aún hoy se siente en la historia de nuestros pueblos.
Hoy, 195 años después, recordamos a Sucre no solo con tristeza, sio con orgullo. Su legado sigue inspirando: unidad, sacrificio y amor por la patria grande. ¡Honor y gloria al Gran Mariscal!
PD: vivo en una calle que lleva su nombre.
@Rayyniel Gracias por rememorar una parte de nuestra historia patria 🙏PD:El estado que lleva su nombre,está prácticamente “asesinado”por sus gobernantes .
@wkchita Un estado de gente trabajadora, honesta y solidaria. Mi compromiso, si alcanzo la presidencia, por recuperar todo lo bueno que hay en él para el provecho de sus gente. Saludos Cordiales 🤝
El Lider que me inspira.
Afirmo con convicción que Antonio José de Sucre es mi principal fuente de inspiración como candidato a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela.
No lo digo por romanticismo histórico, sino porque sus cualidades son exactamente las que un país fracturado, cansado de divisiones y caudillismos, requiere para reconstruirse con dignidad, unidad y visión de futuro.
Las cualidades de Sucre que me inspiran como candidato:
Lealtad sin ambición personal:
- Sucre fue el discípulo más fiel de Bolívar, su “brazo derecho” y sucesor natural. Nunca buscó el poder para sí mismo. Rechazó honores excesivos y siempre puso la causa colectiva por encima de su gloria.
En una Venezuela donde muchos líderes priorizan el protagonismo, Sucre me recuerda que el verdadero servicio es humilde y desinteresado.
- Excelencia estratégica y capacidad de ejecución:
A los 29 años comandó la victoria decisiva de Ayacucho, que selló la independencia de Sudamérica. Fue un genio militar sereno, ingeniero de formación, capaz de planificar con precisión y actuar con coraje. Como presidente de Bolivia, organizó un Estado desde cero: impulsó la educación, la administración pública, la economía y el respeto a las instituciones.
Eso es lo que Venezuela necesita: alguien que no solo prometa, sino que ejecute con orden y resultados concretos.
- Integridad y moderación:
Fue un hombre de honor intachable, respetuoso incluso con los enemigos vencidos, y promotor de la reconciliación. Abandonó la presidencia de Bolivia para evitar más conflictos y divisiones. Su sobriedad y rechazo al culto personal contrastan con el polarismo que nos ha dañado. Me inspira a gobernar con justicia, sin revanchas ni exclusiones.
- Visión unitaria y constructora:
Sucre no solo liberó territorios; ayudó a fundar naciones (Ecuador, Bolivia) y trabajó incansablemente por la Gran Colombia. Entendió que la independencia era solo el comienzo: había que construir repúblicas sólidas, con instituciones, educación y prosperidad compartida.
Sucre, el heredero de Bolívar, y cómo su presencia habría transformado Venezuela
Bolívar mismo lo vio como su sucesor. Lo llamó “el Abel de América” tras su asesinato y lamentó que con él moría también una parte del sueño bolivariano.
Si Sucre hubiera vivido más allá de los 35 años, Venezuela y toda la región habrían tenido un puente vivo entre la gesta independentista y la construcción republicana estable.
Su presencia habría significado:
• Menos guerras civiles y caudillismo: porque representaba continuidad institucional y moderación.
• Una transición más ordenada tras la independencia, con énfasis en educación, administración y unidad regional.
En Venezuela, un líder como Sucre habría podido consolidar instituciones fuertes, evitar el ciclo de personalismos y fortalecer el proyecto de patria grande sin caer en fragmentaciones ni autoritarismos posteriores.
Su ausencia dejó un vacío que aún sentimos: el de un liderazgo sereno, competente y verdaderamente patriótico.
Por eso, como candidato, asumo su legado con humildad y determinación.
No pretendo ser Sucre (ninguno de nosotros lo es), pero sí quiero encarnar en esta época sus valores: lealtad a la patria, excelencia en la acción, integridad innegociable y la convicción de que Venezuela puede ser grande otra vez si recuperamos el espíritu de servicio y unidad que él representó.
Sucre no murió del todo en Berruecos. Su ejemplo sigue vivo e invito a todos los venezolanos a rescatarlo: no como reliquia del pasado, sino como brújula para el futuro que merecemos.
¡Honor y Gloria al Gran Mariscal de Ayacucho!
Por una Venezuela unida, reconstruida y digna.
ME PRESENTO.
Soy margariteño, tengo 52 años, estoy casado, tengo dos hijos y desde que tengo 16 años vengo pensando en la posibilidad de postularme la presidencia de la república.
Soy un Don Nadie en política, no tengo mayor experiencia, pero conozco bien mi país.
Aunque nací en Margarita vivía allí hasta los 15 años, después viví 1 año en Caracas (estudié en el Colegio Santa Teresita, en Catia) y después 10 años en Mérida, cerca del Parque Las Heroínas.
Después regresé a Margarita para trabajar y dedique tiempo a recorrer el resto del País (Táchira, Zulia, Trujillo, Guárico, Bolívar, Anzoátegui, Miranda, Lara, Cojedes, Yaracuy, Falcón, Apure, Barinas, Delta Amacuro, Portuguesa, Monagas, Sucre... el único estado que no conozco (y lo reconozco) es Amazonas. Siempre quise llegar a Puerto Ayacucho y no pude.
Desde ese entonces, obligado por muchas circunstancias y situaciones, he viajado un poco movido por el trabajo.
He estado en Francia, España, Portugal, Panamá, Colombia, Brasil y ahora Argentina, tratando de conocer un poco las realidades de cada uno de esos países, sus circunstancias, sus situaciones, sus políticas y tratando de aprender todo lo bueno que hay en ellos para poder ponerlo en práctica en mi país.
No creo que haya elecciones pronto, pero sí que en algún momento va a haber elecciones. Yo considero que en un mínimo de dos años, aunque lo "natural" sería para 2030.
ndependientemente de la fecha, voy a buscar la manera de inscribirme en el CNE y participar, esperemos que se pueda.
Un Gran Abrazo 🤝
El Lider que me inspira.
Afirmo con convicción que Antonio José de Sucre es mi principal fuente de inspiración como candidato a la Presidencia de la República Bolivariana de Venezuela.
No lo digo por romanticismo histórico, sino porque sus cualidades son exactamente las que un país fracturado, cansado de divisiones y caudillismos, requiere para reconstruirse con dignidad, unidad y visión de futuro.
Las cualidades de Sucre que me inspiran como candidato:
Lealtad sin ambición personal:
- Sucre fue el discípulo más fiel de Bolívar, su “brazo derecho” y sucesor natural. Nunca buscó el poder para sí mismo. Rechazó honores excesivos y siempre puso la causa colectiva por encima de su gloria.
En una Venezuela donde muchos líderes priorizan el protagonismo, Sucre me recuerda que el verdadero servicio es humilde y desinteresado.
- Excelencia estratégica y capacidad de ejecución:
A los 29 años comandó la victoria decisiva de Ayacucho, que selló la independencia de Sudamérica. Fue un genio militar sereno, ingeniero de formación, capaz de planificar con precisión y actuar con coraje. Como presidente de Bolivia, organizó un Estado desde cero: impulsó la educación, la administración pública, la economía y el respeto a las instituciones.
Eso es lo que Venezuela necesita: alguien que no solo prometa, sino que ejecute con orden y resultados concretos.
- Integridad y moderación:
Fue un hombre de honor intachable, respetuoso incluso con los enemigos vencidos, y promotor de la reconciliación. Abandonó la presidencia de Bolivia para evitar más conflictos y divisiones. Su sobriedad y rechazo al culto personal contrastan con el polarismo que nos ha dañado. Me inspira a gobernar con justicia, sin revanchas ni exclusiones.
- Visión unitaria y constructora:
Sucre no solo liberó territorios; ayudó a fundar naciones (Ecuador, Bolivia) y trabajó incansablemente por la Gran Colombia. Entendió que la independencia era solo el comienzo: había que construir repúblicas sólidas, con instituciones, educación y prosperidad compartida.
Sucre, el heredero de Bolívar, y cómo su presencia habría transformado Venezuela
Bolívar mismo lo vio como su sucesor. Lo llamó “el Abel de América” tras su asesinato y lamentó que con él moría también una parte del sueño bolivariano.
Si Sucre hubiera vivido más allá de los 35 años, Venezuela y toda la región habrían tenido un puente vivo entre la gesta independentista y la construcción republicana estable.
Su presencia habría significado:
• Menos guerras civiles y caudillismo: porque representaba continuidad institucional y moderación.
• Una transición más ordenada tras la independencia, con énfasis en educación, administración y unidad regional.
En Venezuela, un líder como Sucre habría podido consolidar instituciones fuertes, evitar el ciclo de personalismos y fortalecer el proyecto de patria grande sin caer en fragmentaciones ni autoritarismos posteriores.
Su ausencia dejó un vacío que aún sentimos: el de un liderazgo sereno, competente y verdaderamente patriótico.
Por eso, como candidato, asumo su legado con humildad y determinación.
No pretendo ser Sucre (ninguno de nosotros lo es), pero sí quiero encarnar en esta época sus valores: lealtad a la patria, excelencia en la acción, integridad innegociable y la convicción de que Venezuela puede ser grande otra vez si recuperamos el espíritu de servicio y unidad que él representó.
Sucre no murió del todo en Berruecos. Su ejemplo sigue vivo e invito a todos los venezolanos a rescatarlo: no como reliquia del pasado, sino como brújula para el futuro que merecemos.
¡Honor y Gloria al Gran Mariscal de Ayacucho!
Por una Venezuela unida, reconstruida y digna.
El partido.
Venezuela tiene que ser "repensada" desde el principio, es decir, desde lo político y ello porque el fenómeno político está presente en todas y cada una de las instancias de la vida nacional.
Me explico. Independientemente del modelo político que se aplique en Venezuela TODOS fracasan. Por que? Por la corrupción.
No importa el modelo. Importan las personas. Y mientras las personas no cambien de parecer sobre lo que tiene que ser un beneficio común y no sólo algo que concierne a mi interés particular seguiremos estando jodidos.
He conversado en algún momento con la mayoría de los políticos que hacen vida en el país y el resultado es concluyente. Todos, sin excepción, terminan sacando a relucir el mismo tema: el partido.
Y qué es el partido? El partido es el poder repartido en país, gobernaciones, alcaldías, concejalías y parroquias a las que se aspira gobernar, disponiendo de los recursos del Estado a su antojo y arbitrio ya seas rojo, azul, blanco, verde, amarillo, naranja o de cualquier otro color.
Nada es tan importante para un político como "su" partido. El partido es la fuente de donde se nutre, diríamos en criollo, es la teta de donde se pega.
El partido es la maquinaria que le permite mostrar "músculo" y así demostrar ante el país que es un "líder" fuerte y capaz.
El partido es lo que hemos visto estos últimos días (y por lo visto seguiremos viendo) en el aeropuerto de maiquetía: el "retorno" del "exilio" de los "líderes", de aquellos que son la cara visible del partido.
Un partido que, en principio, es el tío, el primo, el sobrino, el amigo, el vecino, el socio y todo aquel que de alguna manera se encuentre emparentado y sea beneficiario del partido.
Porque el partido busca enriquecer a uno mismo y a los propios, a los que están cerca y a los que deseen adherirse a la posibilidad de obtener una cuota de poder, por mínima que sea.
El partido es el que organiza, el que planifica, el que brinda apoyo, aquel organismo al que se dirige el empresario que confía en que el partido "ganará" las próximas elecciones para ofrecerle financiamiento, con la condición de que, cuando gane, le dará los permisos para construir la obra que tiene proyectada.
Por eso cuando, como candidato Independiente a la Presidencia, alguien me pregunta por "mi" partido, no me queda más que responderle: yo no vine a fundar ningun partido. Yo no pertenezco a nigun partido. Y no voy a caer en las garras de la partidocracia para seguir exprimiendo al País.
El partido.
Venezuela tiene que ser "repensada" desde el principio, es decir, desde lo político y ello porque el fenómeno político está presente en todas y cada una de las instancias de la vida nacional.
Me explico. Independientemente del modelo político que se aplique en Venezuela TODOS fracasan. Por que? Por la corrupción.
No importa el modelo. Importan las personas. Y mientras las personas no cambien de parecer sobre lo que tiene que ser un beneficio común y no sólo algo que concierne a mi interés particular seguiremos estando jodidos.
He conversado en algún momento con la mayoría de los políticos que hacen vida en el país y el resultado es concluyente. Todos, sin excepción, terminan sacando a relucir el mismo tema: el partido.
Y qué es el partido? El partido es el poder repartido en país, gobernaciones, alcaldías, concejalías y parroquias a las que se aspira gobernar, disponiendo de los recursos del Estado a su antojo y arbitrio ya seas rojo, azul, blanco, verde, amarillo, naranja o de cualquier otro color.
Nada es tan importante para un político como "su" partido. El partido es la fuente de donde se nutre, diríamos en criollo, es la teta de donde se pega.
El partido es la maquinaria que le permite mostrar "músculo" y así demostrar ante el país que es un "líder" fuerte y capaz.
El partido es lo que hemos visto estos últimos días (y por lo visto seguiremos viendo) en el aeropuerto de maiquetía: el "retorno" del "exilio" de los "líderes", de aquellos que son la cara visible del partido.
Un partido que, en principio, es el tío, el primo, el sobrino, el amigo, el vecino, el socio y todo aquel que de alguna manera se encuentre emparentado y sea beneficiario del partido.
Porque el partido busca enriquecer a uno mismo y a los propios, a los que están cerca y a los que deseen adherirse a la posibilidad de obtener una cuota de poder, por mínima que sea.
El partido es el que organiza, el que planifica, el que brinda apoyo, aquel organismo al que se dirige el empresario que confía en que el partido "ganará" las próximas elecciones para ofrecerle financiamiento, con la condición de que, cuando gane, le dará los permisos para construir la obra que tiene proyectada.
Por eso cuando, como candidato Independiente a la Presidencia, alguien me pregunta por "mi" partido, no me queda más que responderle: yo no vine a fundar ningun partido. Yo no pertenezco a nigun partido. Y no voy a caer en las garras de la partidocracia para seguir exprimiendo al País.
Repensar Venezuela.
Hoy quiero invitarlos a un ejercicio profundo y necesario: mirar hacia atrás para poder mirar hacia adelante con claridad.
Durante casi 200 años hemos vivido bajo un modelo político que nos ha fracturado más que unido.
Es hora de repensar Venezuela desde sus cimientos. No para repetir el pasado, sino para construir algo nuevo: una democracia de unidad, no de unicidad. Una nación donde las diferencias no se conviertan en trincheras, sino en complementos para el bien común.
Desde la Independencia, Venezuela nació con el sueño bolivariano de unión. Bolívar lo advirtió con claridad profética: los partidos, convertidos en bandos irreconciliables, serían la semilla de nuestra destrucción.
En Jamaica y Angostura habló de la necesidad de superar las facciones para construir una república sólida. “La unión —decía— es nuestra salvación”. Sin embargo, después de 1830, el país se fragmentó en caudillos, guerras civiles (la Guerra Federal, las revoluciones del siglo XIX y XX), centralismo versus federalismo, liberales contra conservadores.
El siglo XX trajo la "ilusión" democrática con el Pacto de Puntofijo, pero también el bipartidismo rígido que terminó agotado. Luego llegó la era del petróleo como maldición: rentismo, clientelismo y, finalmente, la polarización extrema que convirtió la política en un campo de batalla donde el adversario es tratado como enemigo.
Dos siglos de “tú contra mi”, de vencedores y vencidos, de exclusión. El resultado lo conocemos todos: un país partido en dos, con millones de emigrados, instituciones destruidas y una economía en ruinas.
Pero Venezuela no está condenada a repetir ese guion. Miremos los grandes países que han logrado estabilidad: Estados Unidos, con sus demócratas y republicanos. Se enfrentan duramente en campañas, se critican, compiten por el poder… pero cuando gobiernan, saben que el país es más grande que sus bandos.
Hay alternancia, hay contrapesos, hay debate, pero también hay capacidad de llegar a acuerdos en lo esencial: defensa nacional, seguridad, infraestructura.
En el norte de Europa, primeros ministros y parlamentos multipartidistas negocian coaliciones, dialogan, ceden en lo secundario para avanzar en lo fundamental. No se adversan hasta la destrucción; se complementan para construir.
Eso es lo que Venezuela necesita: una democracia de unidad. No estoy proponiendo un partido único ni unanimismo forzado. Eso sería unicidad, y la historia nos ha demostrado que lleva al autoritarismo.
Propongo algo mejor: una cultura política donde los venezolanos de distintas visiones podamos competir con ideas, pero gobernar con responsabilidad compartida. Donde el que gana no destruya al que pierde, y donde el que pierde no sabotee al que gobierna.
Una democracia donde los políticos dejemos de ser adversarios existenciales y nos convirtamos en servidores de una misma nación.
Bolívar lo soñó. Nuestro Himno Nacional lo grita:
“Unión, unión, la fuerza es la unión”. No es un verso decorativo. Es un mandato. En la unión está nuestra fuerza. No en la homogeneidad ideológica, sino en la convergencia de voluntades distintas hacia objetivos superiores: educación de calidad, economía productiva, seguridad, salud, justicia, reinstitucionalización y el regreso digno de nuestros hermanos emigrados.
Por eso invito a construir una nueva Venezuela donde:
Los partidos sean instrumentos de servicio, no de poder eterno.
El Congreso y el Ejecutivo trabajen en acuerdos nacionales por encima de las diferencias.
La alternancia sea natural y pacífica.
El verdadero adversario no sea el compatriota que piensa distinto, sino la corrupción, la pobreza, la ineficiencia y la dependencia.
No quiero ser presidente de una mitad de Venezuela. Quiero ser presidente de toda Venezuela. De los que voten por mí y de los que no. De los que hoy están en el exilio y de los que resisten en el país. De los que sueñan con un país productivo y de los que defienden lo social.
Sí se puede 🇻🇪
La Corrupción que destruye unos paises y enriquece otros – Un Llamado a la Nueva Venezuela.
En estos días escuché sobre un caso de corrupción que está bajo investigación.
Es un caso que tiene, para mi sorpresa, un rasgo paradójico: el dinero robado se reinvirtió en propiedades en la capital del propio país.
No justifico el delito, pero ese capital, aunque mal habido, generó actividad local, impuestos y valorización de activos nacionales. El país, de alguna forma, recuperó parte del flujo. La plata se quedó allí.
En el caso de Venezuel y en el de muchos países endeudados, la historia es mucho más grave y perversa:
Políticos y funcionarios toman recursos públicos (como préstamos del Fondo Monetario Internacional, de organismos multilaterales o de la renta petrolera), los desvían y los usan para comprar mansiones, yates de lujo, apartamentos, joyas y activos en el mismo país que prestó el dinero o en paraísos financieros y economías desarrolladas.
Ese dinero vuelve al punto de partida. El prestamista recupera su capital más intereses, y además ve cómo su economía se beneficia con inversiones en bienes raíces, consumo de lujo y crecimiento.
Mientras tanto, Venezuela queda doble y triplemente defraudada:
Endeudada: Tenemos que pagar el préstamo con intereses, sacrificando generaciones futuras.
Desfalcada: El dinero nunca llegó a construir hospitales, escuelas, carreteras o industrias.
Desangrada: Ese capital se fuga, revaloriza economías ajenas (Miami, Madrid, Panamá, España, Estados Unidos) y deja a nuestro país sin inversión productiva, con infraestructura destruida y millones de compatriotas en la pobreza.
Datos concretos lo confirman: según Transparencia Venezuela y decomisos internacionales, se han identificado más de 3.900 millones de dólares en bienes (inmuebles, yates, aviones, joyas, caballos, cuentas) vinculados a redes de corrupción venezolana en 21 países, con Estados Unidos (especialmente Florida) y España a la cabeza.
Miles de millones más se estiman en capital flight total durante décadas. Mientras nuestras calles se caen a pedazos y nuestros niños carecen de medicinas, propiedades de lujo en el exterior se aprecian y generan riqueza para otros.
Esto no es “inversión extranjera”. Es saqueo con retorno inverso. Es traición a la patria. Bolívar lo habría llamado con claridad: una forma moderna de colonialismo interno, donde una élite se enriquece destruyendo la república.
En la Nueva Venezuela que propongo, esto debe terminar para siempre. No se trata de persecución selectiva ni de revancha. Se trata de justicia verdadera y unidad nacional contra el verdadero enemigo: la corrupción sin patria.
Propongo:
Transparencia total en el manejo de recursos públicos y préstamos internacionales.
Auditorías independientes obligatorias y publicación inmediata de contratos.
Recuperación agresiva de activos robados en el exterior, con cooperación internacional.
Reformas institucionales que impidan la concentración de poder y fomenten la rendición de cuentas.
Una cultura donde el servidor público entienda que su lealtad es primero a Venezuela, no a cuentas offshore.
No podemos seguir permitiendo que el dinero de todos los venezolanos enriquezca a otros países mientras el nuestro se hunde.
La unión que soñó Bolívar y que canta nuestro Himno Nacional (“En la unión, la fuerza es la unión”) debe incluir esta batalla: unirnos para que el capital sirva a Venezuela, no para que la abandone.
Invito a todos —sin importar origen político— a repensar esta República. La corrupción que fuga capital no solo roba presente; hipoteca nuestro futuro. Construyamos juntos una democracia de unidad donde el dinero público se invierta en casa, con honestidad y visión de largo plazo.
Venezuela merece recuperar lo suyo. Merece crecer con su propia riqueza. La fuerza está en la unión. #NuevaVenezuela #CorrupciónCero #CapitalParaVenezuela #UniónEsFuerza
Una historia que se repite hasta el cansancio. El mismo esquema, la misma fórmula y, al final, los mismos resultados. Sé que esto es lo que se entiende como "politica" en Venezuela, pero NO. Sé que ese NO es el camino verdadero. Los "baños de pueblo" no resuelven, complican.
La Corrupción en Venezuela: Un saqueo transversal de décadas que nos obliga a repensar todo.
La corrupción no es un problema de un bando ni de una era: ha sido un cáncer bipartidista y transversal que nos ha costado cientos de miles de millones de dólares en los últimos 60 años.
Dinero que debió haber construido escuelas, hospitales, carreteras, industrias y futuro. En cambio, se extravió en sobreprecios, malversaciones, sobrefacturaciones y opacidad.
La IV República (Pacto de Puntofijo): Corrupción “a la venezolana” en la bonanza petrolera
Durante la democracia del Pacto de Puntofijo (1958-1998), Venezuela recibió enormes ingresos petroleros, especialmente en los 70s (“Venezuela Saudita”). Sin embargo, la corrupción y el despilfarro fueron sistémicos:
Carlos Andrés Pérez (1974-1979 y 1989-1993): Grandes obras y nacionalización petrolera, pero escándalos como el Caso Sierra Nevada (compra de un buque con sobreprecio estimado en decenas de millones de dólares en la época).
Su segundo gobierno terminó en juicio por malversación de fondos de la partida secreta (alrededor de 17-20 millones de dólares de entonces).
Luis Herrera Campins (1979-1984): “Viernes Negro” (devaluación 1983) y escándalos como el propio Sierra Nevada (sobreprecio de entre 8-20 millones de dólares). Se denunciaron fugas masivas de capitales y corrupción en importaciones.
Jaime Lusinchi (1984-1989): El mayor escándalo de la era fue RECADI (Régimen de Cambios Diferenciales). Se manejaron 50.000 millones de dólares en divisas preferenciales para importaciones. Se estimó un fraude de hasta 50.000 millones de dólares por sobrefacturación, empresas fantasmas y sobornos. Solo un condenado (el “Chino de RECADI”).
Rafael Caldera (1994-1999): Crisis bancaria (1994) con rescates millonarios y denuncias de corrupción en el manejo de la crisis.
La Era Chavista (1999-hoy): El Saqueo de Escala Histórica con los mayores ingresos petroleros de la historia de Venezuela (más de 900.000-1 billón de dólares entre Chávez y primeros años de Maduro), la opacidad y la corrupción alcanzaron niveles sin precedentes:
Transparencia Venezuela (Corruptómetro): Más de 400 casos documentados desde 1999. En solo 114-236 casos cuantificados: 52.000 a 68.000 millones de dólares robados. Incluye PDVSA, FONDEN (174.000 millones manejados con poca rendición), CADIVI/Cencoex (decenas de miles de millones en divisas fantasmas), CLAP, obras inconclusas, etc.
Estimaciones más amplias: 300.000 a 600.000 millones de dólares perdidos por corrupción, malversación y derroche en PDVSA y fondos opacos (según analistas, Inrav, Diario Las Américas y otros). Solo PDVSA: cientos de miles de millones en desfalcos, intermediarios y ventas sin cobro.
Obras inconclusas: 316.000 millones de dólares en 153-256 proyectos fantasma o abandonados (hospitales, ferrocarriles, viviendas). Equivale a 7 veces el PIB de 2021.
Casos emblemáticos: PDVSA-Crypto (hasta 17.000-23.000 millones), Alex Saab y redes internacionales, Odebrecht (cientos de millones en sobornos), etc. Bienes decomisados en el exterior: más de 3.900 millones de dólares identificados.
Mi propuesta:
La nueva Venezuela debe ser una democracia de unidad con:
Transparencia total (publicación inmediata de presupuestos, auditorías independientes).
Contraloría fuerte e independiente.
Alternancia pacífica y acuerdos nacionales.
Castigo ejemplar a la corrupción, sin excepciones.
Economía productiva, no rentista.
Invito a todos —oficialistas, opositores, independientes, sociedad civil— a repensar Venezuela.
El verdadero adversario es la corrupción misma, no el compatriota. Recuperemos lo robado donde sea posible, pero sobre todo construyamos instituciones que impidan que vuelva a ocurrir.