Lo peor del sector público no es el laberinto burocrático ni la demora de pagos ni la lambonería: es presenciar día a día la incapacidad que tiene la gente para pronunciar los años en miles. Eso de decir «veinte veinte» o «veinte veintiséis» me tiene hasta las güevas.
Quiero ir al sitio donde se dispersaron las cenizas de Einstein en el mar. Es en Princeton EEUU, pediré permiso para ir y solo estaré en silencio y quizás solo para no hacer mucho gasto.
No hay una foto o video que dé cuenta de la producción, en las entrevistas si acaso rozan el tema, tocan de 0 a 1 canciones en los recitales. Por lo demás, es un tema opaco.
Háblenme de aura.
Una idea de tema benjamiano con ilustración strokera: los dos últimos discos de la banda han despertado tantas reacciones que, más allá de si son buenos o malos, el asunto es que ya están entecados por la opinión pública. A eso se le suma el marketing y sus consecuencias:
los making of, la narrativa "revival" de resurrectores del rock (otra vez), el exceso de entrevistas, los laureles, etc.
En cambio, del Comedown Machine no existe nada de eso, solo el disco con un puñado de canciones y una portada discreta.
En Centro Comercial Andino: una extraña requisa y el perfilamiento a un abogado y empresario
Tras el caso de cuestionamientos a una pareja por un beso, otro caso pone en entredicho al reconocido establecimiento de Bogotá.
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Deseo de todo corazón que las ratas de la ciudad se organicen para robar a todos esos cretinos que llevan sus celulares a alto volumen en el TM. Que la inseguridad sirva para algo.