Mientras voluntarios y rescatistas se juegan la vida removiendo escombros y buscando sobrevivientes tras la tragedia, así se ven "los esbirros del régimen”¡Una labor extenuante! Descansar requiere mucho esfuerzo, sobre todo cuando se trata de no hacer absolutamente nada mientras otros salvan vidas. ¡Qué ejemplo de compromiso! 🤡
#Indolencia #Solidaridad #Realidad #Venezuela
🇻🇪🚨 Sale a la luz un nuevo video que muestra el instante exacto del colapso del edificio Jurel, ubicado en Playa Grande, La Guaira. Las imágenes reflejan la magnitud de la tragedia que golpeó a la zona.
#Venezuela#TerremotoVE
Caracas, 2026. Según el mapeo satelital de la @NASA, han marcado en rojo todas las edificaciones que sufrieron daños estructurales durante los terremotos. Prácticamente toda la Guaira, Catia la Mar, Maiquetía y más allá (Vargas) quedó destruida
María Corina Machado debería estar ya en Venezuela
y acompañada por los secretarios de Estado @SecRubio y el secretario de Guerra @PeteHegseth para dejar claro que en Venezuela el terremoto ha enterrado todo intento de continuidad del poder criminal de Delcy y liquidado la apuesta de gestión tecnocrática por quienes no son sino asesinos y ladrones con ideología totalitaria.
Esperemos que Rubio y Hegseth tengan muy claro después de esta semana que la única Venezuela que le será un leal aliado que comparta valores es la que representan los vencedores de las elecciones del 28J y que su máximo representante político es Marica Corina Machado.
He visto Citizen Vigilante, la película de Uwe Boll que tanto ha indignado y horrorizado a los bienpensantes que después dicen que la serie interminable de asesinatos y violaciones de europeos a manos de inmigrantes es una fatalidad a la que hay que resignarse. La película es brutal. Pero es que es brutal la realidad que han generado quienes han permitido o incentivado la invasión de Occidente por un nn fanatismo enemigo, totalitario y brutalmente violento.
Si has visto la película Citizen Vigilante, te recomiendo ver este documental.
Encontrarás pruebas de algo tan aterrador que muy pocas personas tienen el coraje de enfrentarlo.
En 1998, en Zandvoort, se descubrieron miles de archivos en CD-ROMs que contenían imágenes y videos de bebés y niños pequeños siendo violados y torturados de manera sistemática y extremadamente sádica.
El aspecto más grave no es solo la existencia de este material. Lo verdaderamente escalofriante es lo que sucedió después. Autoridades judiciales en varios países europeos activaron una brutal y coordinada operación de encubrimiento: testigos fueron silenciados, evidencias fueron destruidas, y varias personas que intentaron sacar esta verdad a la luz fueron asesinadas para asegurar que nada saliera a la superficie.
Este no es un caso aislado, ni es una exageración. Es la prueba clara de que existe una red de poder capaz de cometer las atrocidades más viles contra los niños y, al mismo tiempo, protegerse y borrar cualquier rastro de sus crímenes.
Si después de ver este video aún piensas que están "exagerando" o que "no es para tanto", entonces ya has normalizado las profundidades más bajas a las que pueden hundirse los seres humanos cuando tienen poder y nadie lo cuestiona.
Comparte este video ahora.
Deja que más personas lo vean.
Deja que más personas entiendan qué es lo que verdaderamente se protege y qué es lo que verdaderamente nos oculta la élite que nos gobierna.👇
🇻🇪‼️| “Hicimos un milagro, una nueva ciudad en La Guaira, con tecnología, maquinaria. Esto es la nueva Venezuela, no la chatarra de antes”, expresó Hugo Chávez cuando inauguró la Misión Vivienda y entregó los inmuebles en 2012. Catorce años después, ninguna de esas viviendas quedó en pie por el terremoto y se reveló que estaban construidas con goma espuma, aluminio y materiales de baja calidad. ¿El promotor inmobiliario del proyecto? Alex Saab.
Ministry of Communications in Venezuela not communicating. Is there a press trip or not? Can we enter by ourselves or not? Teams are leaving to try to get to La guaira themselves as fed up at the lack of information or at least someone saying there is delay. Zero communication.
URGENTE 🇻🇪 | ¡ÚLTIMA HORA! 🚨| Crisis extrema en La Guaira: la acumulación de cadáveres ha sobrepasado la capacidad de las instalaciones.
El puerto de la entidad está siendo habilitado como morgue improvisada ante la emergencia.
What John Barret is saying is humiliating for Venezuelans. Venezuelans are dying for the ineffective actions of Delcy Rodriguez and he is saying they are cooperating? This is equivalent to the lay that the Helicoide was closed. All under the supervision of John Barret the second Grenell
𝐄𝐥 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐧𝐢𝐞𝐠𝐚 𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐟𝐮𝐦𝐚𝐫 𝐥𝐚 𝐫𝐚𝐛𝐢𝐚
Esteban Gerbasi vuelve a Venezuela Late en la hora más oscura del país: la denuncia que incomoda, la fe que sostiene y el llamado a no callar.
Elizabeth Sánchez Vegas | Venezuela Late
Hay invitados que dejan una conversación abierta, de esas que siguen resonando cuando ya se apagaron los micrófonos. Esteban Gerbasi es uno de ellos: por eso, cuando regresó a Venezuela Late, no llegó como invitado sino como amigo, y en el momento justo en que el país más lo necesita. Analista político, consultor internacional y venezolano comprometido hasta los huesos, se sentó en una conversación que él mismo definió mejor que nadie, un ancho de banda entre la tristeza y la furia, para hacer lo que pocos se atreven: mirar más allá del ruido, ordenar los hechos y decir, sin filtro, lo que muchos callan tras los dos terremotos del 24 de junio que partieron el país en dos.
𝐔𝐧𝐚 𝐞𝐦𝐨𝐜𝐢ó𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐧𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞
Empezó por ahí, por la emoción imposible de describir. Una emoción que es dolorosa y esperanzadora al mismo tiempo: felicidad cuando rescatan a un niño, a una madre, a una abuela, a una familia completa; angustia cuando aparecen las imágenes de los cadáveres, de las viviendas destruidas, de esos uniformados que, dijo, abandonaron su juramento. Ha visto lo mejor del venezolano, esos muchachos que él llama ángeles, sacando con vida a cientos de personas con sus propias manos. Y ha visto lo peor.
Para Gerbasi, todo esto carga un sentido que va más allá del desastre: lo lee como una oportunidad para que el pueblo y la comunidad internacional terminen de despertar a la tragedia que Venezuela arrastra desde hace 27 años. "A veces Dios le pone a sus mejores soldados las tareas más difíciles", repitió. Y a Venezuela, cree, le tocó ese momento.
𝐋𝐚 "𝐨𝐩𝐞𝐫𝐚𝐜𝐢ó𝐧 𝐦𝐨𝐫𝐫𝐨𝐜𝐨𝐲"
El centro de su denuncia tiene nombre propio: una "operación morrocoy" montada desde el primer temblor para que el auxilio no llegara con la rapidez necesaria y para que el mundo no midiera la verdadera magnitud del desastre. El régimen, asegura, no quería que gobiernos y ONG extranjeras entraran a ver la dimensión del horror.
Y aquí Gerbasi reveló lo que más estremece. Contó que habló con generales activos, almirantes y coroneles, incluso con un general de la Guardia, que pedían salir a ayudar y fueron amenazados, bajo un argumento que él calificó de diabólico: que ellos no eran responsables del terremoto, pero sí de la sobrevivencia del régimen; que no podían resucitar a los muertos, pero estaban vivos y preferían sobrevivir antes que coordinar los rescates. Hizo además una pregunta que duele: ¿dónde está todo lo que se gastó en 27 años entrenando supuestos grupos de salvamento? ¿Dónde están las carpas, las lámparas de emergencia, las quijadas de la vida, las cortadoras neumáticas, los equipos de comunicación, los componentes de ingeniería del ejército? Venezuela ya había vivido la tragedia de Vargas en el 99, dijo, y no aprendió nada.
Las escenas que relató lo dicen todo. Delcy Rodríguez en el Poliedro, tocando colchones como si fuera especialista, mientras un muchacho en El Junquito suplicaba por esos mismos colchones represados allí dentro; una niña con hidrocefalia temblando de frío, sin un suéter. Un jefe de bomberos de Vargas, autoridad constitucional, detenido en una alcabala por un policía limpiecito, sin una mota de polvo encima, que le prohibía pasar con sus equipos a auxiliar a su gente. Insumos saqueados en la rampa 4 y llevados a galpones del Estado. Vehículos detenidos en Bolívar para pegarles calcomanías de la alcaldía. "Esto no tiene perdón de Dios", resumió.
"𝐄𝐥 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐨 𝐆𝐫𝐞𝐧𝐞𝐥𝐥"
Si algo encendió a Gerbasi fue una entrevista. El encargado de negocios de Estados Unidos en Venezuela, John Barrett, le declaró al periodista Luis Carlos Vélez, de Univisión, que las labores de rescate y el trabajo de las fuerzas armadas venezolanas eran coordinadas, perfectas y transparentes. Para él, esa frase es una bofetada a cada familia que entierra a los suyos: ¿transparencia, con cifras que cambian cada día y La Guaira cerrada a la prensa? ¿Hombro a hombro, cuando quien rescata es el pueblo con sus manos?
Ese funcionario, denunció, debería estar coordinando el salvamento, no posando cómodo en el aire acondicionado de la embajada. Recordó además que Barrett desacata las propias órdenes de Trump, que prometió que pronto no habría presos políticos, mientras decenas de familias claman a las puertas de esa embajada sin que nadie las atienda. Por eso pidió, como ciudadano que paga sus impuestos en Estados Unidos, sumar voces para exigir su remoción. Y fue Leonella, abogada, quien le puso a esa conducta el nombre que él celebró como hallazgo de la noche: el nuevo Grenell, el regreso de un lobby con músculo y con dinero, que ya una vez se quiso imponer por encima del propio Rubio.
𝐔𝐧 𝐭𝐫𝐮𝐦𝐩𝐢𝐬𝐭𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐬𝐞 𝐜𝐚𝐥𝐥𝐚
Aquí Gerbasi marcó el matiz que lo honra. Se declara abiertamente partidario de Trump y de Rubio; trabajó por el voto latino y reconoce el esfuerzo de esa administración. Pero precisamente por eso, dice, no puede callar: la desinformación que llega al despacho del presidente lo está dañando. Cuando Trump repite que en Venezuela la gente "está bailando con los bolsillos llenos de dinero", algo que hasta el chavista más fanático sabe falso, la falla no está abajo, está en quienes le venden esa mentira. "El rey está desnudo", sentenció. Estados Unidos tiene 28 agencias de inteligencia, dijo, y nadie se atreve a corregirle al presidente.
Esa es, en su lectura, la huella de lo que llama "el estado profundo": una trama de intereses burocráticos y diplomáticos de carrera que sobrevive a los gobiernos, que piensa en su retiro y no en el ciudadano, y que opera por debajo de la voluntad de los presidentes. Su tesis es directa: ninguna transición a una Venezuela libre era posible mientras la estructura criminal siguiera en el poder, porque las grandes petroleras no entran a un país sin seguridad jurídica ni garantías contra la expropiación. Reconoce el esfuerzo de Rubio por enderezar la política exterior, pero insiste: el secretario tiene que enterarse de lo que de verdad pasa en Venezuela. Y pidió algo concreto a los oyentes: que vean la entrevista de Univisión y juzguen si exagera.
𝐌𝐚𝐫í𝐚 𝐂𝐨𝐫𝐢𝐧𝐚, 𝐥𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐬𝐞𝐚
A ninguna figura defendió con más vehemencia que a María Corina Machado. Reveló que ella intentó regresar y que el avión fue obligado a devolverse a los pocos minutos de vuelo, tras una llamada de un alto funcionario de inteligencia a la CIA, con amenazas de por medio; el episodio, dijo, se resolvió cuando ella logró hablar con el secretario Rubio y con el propio presidente Trump, que no estaban al tanto de la gravedad de la situación. Que a la líder con mandato democrático, Premio Nobel de la Paz, se le cierre la puerta de su propia casa en la peor hora del país le resulta inaceptable y exigió que las comisiones de inteligencia y asuntos exteriores investiguen lo ocurrido.
Gerbasi no tiene dudas de quién garantiza, de verdad, una distribución ordenada y creíble de la ayuda. La noche misma del terremoto, contó, a las 6 y 13, recibió de ella la instrucción de diseñar un manual operativo de distribución de auxilio, cuando ni siquiera se conocía la magnitud del golpe. Eso, dijo, es capacidad gerencial: ella tiene equipos multidisciplinarios trabajando desde el año pasado, los comanditos, la estructura del 600K. Es crítico de ella, aclaró, "pero lo que es del cura va a la iglesia". Y lanzó su certeza como una profecía: así le cierren los aviones, los ferris y los puertos, María Corina cruzará un río, se montará en una chalana, en una moto, se tirará en paracaídas. "En las próximas horas estará en Venezuela."
𝐄𝐥 350 𝐲 𝐞𝐥 𝐝𝐞𝐬𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨
Sobre el reclamo de varios oyentes de invocar el artículo 350, Gerbasi fue rotundo: los venezolanos hace tiempo desconocieron a un régimen espurio que se robó las elecciones de 2013, 2018 y 2024, y que nunca tuvo legitimidad de origen. Delcy Rodríguez, dijo, no ha ganado ni la junta de un condominio; fue designada a dedo por un hombre que ni siquiera es venezolano. Y reclamó precisión en la narrativa: no son "ministros" ni "generales", son el delincuente Hugo Carvajal, el asesino Diosdado Cabello, un capo con recompensa sobre su cabeza. Aplicar el 350, entregar las riendas a otros liderazgos y abrir paso a una transición real hacia la libertad y, después, hacia la democracia.
Fue Vanessa quien afiló ese punto con una de las intervenciones más lúcidas de la noche. Separó la fuerza política de la fuerza militar para señalar lo que pocos dicen: que el tutelaje nunca tuvo control real sobre Diosdado Cabello ni sobre las fuerzas armadas, y que ahí está el fracaso de fondo. Por eso planteó un giro: no se trata tanto de desconocer a quien nadie eligió, sino de exigirle al tutelaje político una acción de quiebre, una intervención total del sistema militar y policial venezolano. Y cerró con una frase que prendió la sala: que ya es hora de que Venezuela se arreche tanto con los criminales genocidas como con el tutelaje, sin miedo, porque 27 años de lucha no se libraron para que ahora otro nos imponga el silencio. Gerbasi le respondió que pensaban exactamente igual: él no se queja ante Delcy, que sería inútil, sino ante la máxima autoridad, Trump, los congresistas, los que tienen en sus manos el tutelaje.
𝐄𝐥 𝐩𝐥𝐚𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐲𝐚 𝐞𝐱𝐢𝐬𝐭𝐞
Quizá lo más revelador fue una confesión. Gerbasi contó que el año pasado se convocó a un grupo de unos diez venezolanos, muchos desconocidos, pero con enorme experiencia en petróleo, energía, finanzas y atención de crisis, para diseñar un gobierno de reconstrucción nacional: más de mil decretos, presupuesto, todo listo para tomar las riendas del país el día que cayera el régimen. "Prefirieron sacar a Maduro y dejar esto", lamentó. Mencionó nombres que, dijo, podrían asesorar esa reconstrucción, Calderón Berti, Miguel Rodríguez, quien explicó por qué Venezuela no tiene por qué pagar una deuda que no contrajo y recordó que también en Estados Unidos hay gente íntegra, de Roger Noriega a militares y exfuncionarios de carrera honesta.
Y dejó una pregunta flotando, casi como reproche al mundo: ¿dónde están los chinos, los rusos, los iraníes, los turcos que chulearon a Venezuela durante 27 años? No los ve con equipos de rescate. En cambio, agradeció a los cientos de soldados norteamericanos, a Bukele, a los topos mexicanos, a los rescatistas chilenos, ecuatorianos, colombianos, españoles, italianos y canadienses. Venezuela necesita manos y las del mundo libre llegaron.
𝐄𝐥 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐝𝐞𝐭𝐫á𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐚𝐧á𝐥𝐢𝐬𝐢𝐬
Pero lo que distingue a Esteban Gerbasi de un opinador más es que no habla solo desde la cabeza. Cuando un oyente, Juan, confesó con la voz rota que sentía que le arrancaban la esperanza como arena entre los dedos, que su hijo le había preguntado esa mañana "papá, ¿por qué estás triste?" y no supo qué responder, Gerbasi no le respondió con frases hechas. Le habló como un padre a otro. Le recordó que la vida golpea a todos; que él mismo, a sus 66 años, batalla contra uno de los cánceres más violentos que existen, y que esa prueba, lejos de doblegarlo, lo acercó a Dios, a su familia, a la verdad. "Dios no castiga, Dios ama", dijo. Le pidió algo conmovedor y concreto: que fuera a tocar a su hijo dormido, porque en esa sonrisa encontraría el mismo amor que sostiene a un pueblo.
Cerró con la parábola del hombre agotado de cargar su cruz, que entra a una habitación oscura buscando una más liviana y, tras probarlas todas, escoge la más pequeña… solo para descubrir que era la suya, la que siempre había llevado. La misma ternura tuvo con Magallanero, que perdió a nueve familiares de su esposa: prometió rezar por ellos, y recordó que el rezo, tantas oraciones de gente que no conoce, ha sido parte de su propio milagro.
𝐄𝐥 𝐥𝐥𝐚𝐦𝐚𝐝𝐨: 𝐦𝐨𝐯𝐞𝐫 𝐥𝐨 ú𝐧𝐢𝐜𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐧𝐨𝐬 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞𝐧 𝐪𝐮𝐢𝐭𝐚𝐫
¿Y nosotros qué hacemos? La pregunta de Juan fue la de toda la diáspora, y la respuesta de Gerbasi fue tan sencilla como exigente: no podemos mover un bloque de concreto desde aquí, pero podemos mover la verdad. Escribirle al congresista, en Estados Unidos sí atienden las llamadas y los correos; pegar la entrevista de Barrett y dar la propia opinión; exigir auditoría de cada tonelada de ayuda, de cada dólar, de cada colchón; difundir, con respeto y veracidad, lo que de verdad ocurre. Él mismo anunció que enviaría más de diez cartas a primera hora. Porque y lo dijo con certeza de quien lo ha visto funcionar, la administración Trump reacciona a la opinión pública. Esa es nuestra trinchera y es real.
Esteban Gerbasi se despidió como llegó: sin domesticar la rabia, sin perfumarla, sin pedir permiso para sentirla. Pero la dejó trenzada con algo más fuerte: la certeza de que de toda cosa mala asoma un bien, y de que un pueblo que cava su salvación con las uñas no se rinde, se sacude. "Prepárense", dijo antes de cerrar, "porque María Corina llega en horas".
Que así sea. Y que esta casa siga teniendo voces como la suya: las que se atreven a decir, en voz alta, lo que un país entero lleva atragantado.
@VLate2025@estebangerbasi@elhabito@devorahsasha@LeCoffeeCat
Ustedes son muy jóvenes, pero antes del chavismo, si un puente como el de Caraballeda colapsaba en medio de una tragedia como la de La Guaira, ahí estaban los militares construyendo un puente de guerra. Hoy en día la inutilidad es su divisa.
🇻🇪🇲🇽 Rescatista mexicano del grupo de topos, mandó “al diablo” a periodista chavista que le pidió un saludo a la tirana genocida Delcy Rodríguez. Bravo por este valiente héroe que no se dejó usar por la politiquería barata del chavismo comunista 👏🏼.
𝐋𝐨 𝐦á𝐬 𝐜𝐫𝐮𝐞𝐥 𝐧𝐨 𝐟𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐭𝐞𝐫𝐫𝐞𝐦𝐨𝐭𝐨
𝘌𝘯 𝘓𝘢 𝘎𝘶𝘢𝘪𝘳𝘢, 𝘦𝘯 𝘊𝘢𝘳𝘢𝘤𝘢𝘴 𝘺 𝘦𝘯 𝘮𝘦𝘥𝘪𝘢 𝘥𝘰𝘤𝘦𝘯𝘢 𝘥𝘦 𝘦𝘴𝘵𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘭𝘢 𝘨𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘥𝘦𝘴𝘦𝘯𝘵𝘪𝘦𝘳𝘳𝘢 𝘢 𝘴𝘶𝘴 𝘮𝘶𝘦𝘳𝘵𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯 𝘭𝘢𝘴 𝘶ñ𝘢𝘴 𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢𝘴 𝘦𝘭 𝘳é𝘨𝘪𝘮𝘦𝘯 𝘭𝘦𝘷𝘢𝘯𝘵𝘢 𝘳𝘦𝘵𝘦𝘯𝘦𝘴, 𝘦𝘹𝘪𝘨𝘦 𝘳𝘦𝘨𝘪𝘴𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘺 𝘴𝘦 𝘧𝘰𝘵𝘰𝘨𝘳𝘢𝘧í𝘢 𝘤𝘰𝘯 𝘨𝘦𝘯𝘦𝘳𝘢𝘭𝘦𝘴 𝘦𝘹𝘵𝘳𝘢𝘯𝘫𝘦𝘳𝘰𝘴. 𝘋𝘦𝘭𝘤𝘺 𝘙𝘰𝘥𝘳í𝘨𝘶𝘦𝘻, 𝘑𝘰𝘳𝘨𝘦 𝘙𝘰𝘥𝘳í𝘨𝘶𝘦𝘻 𝘺 𝘋𝘪𝘰𝘴𝘥𝘢𝘥𝘰 𝘊𝘢𝘣𝘦𝘭𝘭𝘰 𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘯𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦, 𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘤𝘢𝘳𝘨𝘰 𝘺, 𝘦𝘴𝘵𝘢 𝘷𝘦𝘻, 𝘵𝘪𝘦𝘯𝘦𝘯 𝘵𝘦𝘴𝘵𝘪𝘨𝘰𝘴.
Por Elizabeth Sánchez Vegas
Hay una imagen de esta semana que ningún comunicado oficial logrará borrar: en La Guaira, a la orilla del mismo mar que durante generaciones fue postal de domingo, hombres y mujeres apartan bloques de concreto con las manos desnudas, sin grúas, sin palancas, sin más herramienta que la desesperación, buscando a los suyos bajo edificios que el miércoles a las seis y cuatro de la tarde se sentaron en el polvo. Habían bastado dos sacudidas, la primera de magnitud 7,2 y, treinta y nueve segundos más tarde, otra de 7,5, la más violenta que el país recuerda en más de un siglo, para partir en dos la vida de millones: un minuto y medio, acaso dos, de una tierra que en vez de calmarse crecía, aunque, como confesó una sobreviviente, nadie estaba contando los segundos mientras el mundo se desfondaba. Veintisiete horas después del doble sismo, los equipos de rescate seguían siendo escasos y quienes excavaban eran, en su mayoría, vecinos. Esa estampa, un pueblo arañando la tierra, es la fotografía verdadera del país. La otra, la que difundieron los canales del Estado, mostraba a la presidenta encargada Delcy Rodríguez recibiendo a un general de los Marines y celebrando una llamada de Donald Trump. Dos Venezuelas separadas por unos pocos kilómetros y por un abismo moral que no abrió ningún terremoto.
Porque tampoco fue solo este litoral: el doble sismo le pasó por encima a media Venezuela. En Caracas reventó el edificio Petunia, veintidós pisos plegados sobre sí mismos en pleno Chacao, se vinieron abajo estructuras en el viejo San Bernardino y se agrietaron Los Palos Grandes y Altamira; en Maracay se desplomaron paredes enteras de la urbanización Andrés Bello; en Valencia se desfondó una vieja sede universitaria; en Morón la carretera se abrió como una herida. Cuando se sumaron los cientos de edificaciones vencidas a lo largo de una decena de estados, quedó claro que esto no tenía un punto en el mapa: tenía la forma de un país entero hincado de rodillas.
Conviene fijar los nombres, porque las tragedias administradas por figuras anónimas se diluyen, y esta no debe diluirse. Quien encabeza el régimen de manera interina, tras la captura de Nicolás Maduro en enero, es Delcy Rodríguez. Quien anunció la cifra de novecientos veinte muertos desde la presidencia del Parlamento es su hermano, Jorge Rodríguez. Y quien tomó las decisiones operativas sobre la zona del desastre es el ministro del Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello. Tres apellidos, un mismo aparato, una sola manera de entender el mando. Apréndetelos, porque cuando todo esto pase y los voceros intenten reescribir la historia, tú serás el archivo que no se deja corregir.
Detente en lo que hizo Cabello, porque ahí se asoma el alma de un régimen con una nitidez que estremece. Mientras bajo los escombros se consumía el plazo que la medicina considera decisivo para sacar a alguien con vida, su primera gran obra de gestión no fue una excavadora: fue un retén. Ordenó restringir el acceso a La Guaira y montó un registro obligatorio en el Poliedro de Caracas para filtrar quién podía y quién no podía ir a ayudar, con el pretexto de evitar la llegada de personas «sin tarea asignada». Léelo dos veces. En el peor instante, cuando cada par de manos equivalía a una vida posible, el régimen consagró su energía a decidir cuáles manos tenían permiso. La burocracia del control girando a toda máquina mientras la maquinaria del rescate brillaba por su ausencia.
Esa fijación por administrar el acceso en lugar de multiplicar el auxilio no es un tecnicismo logístico: es una declaración de prioridades firmada con todas sus letras. El mismo régimen que admite apenas unos cientos de desaparecidos, cuando Naciones Unidas calcula que podrían ser decenas de miles, halló tiempo y tropas para militarizar el litoral. El mismo que mantuvo bloqueada la red social X durante dos años la liberó de golpe ahora, como si el oxígeno de la información fuese un grifo que ellos abren y cierran a capricho. Se ha denunciado, además, que funcionarios policiales retuvieron insumos humanitarios que la propia gente había recolectado para los damnificados. Y a un hombre que sacó a su hermana en coma de entre las ruinas, en el hospital le cobraron por cada cosa: todo era pagar y pagar. Pregúntate qué clase de Estado convierte una catástrofe en una aduana.
Y aquí conviene detenerse en la ausencia más elocuente de todas. En cualquier país del mundo, cuando la tierra se abre, los primeros en llegar a los escombros son los soldados; la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, que se proclama columna vertebral de la patria, debió ser la primera mano tendida sobre Caraballeda, sobre Chacao, sobre cada lugar golpeado. No lo fue. Durante las horas que de verdad importaban, los vecinos de las zonas más arrasadas removían el concreto por su cuenta porque, sencillamente, no veían cascos ni maquinaria oficial donde más se les necesitaba. Los uniformes se hicieron visibles más tarde, casi en coreografía con el aterrizaje de los aviones extranjeros, como si la tropa hubiese estado aguardando a que llegaran los estadounidenses para salir a la foto. Y cuando el país por fin vio a su ministro de la Defensa, el general en jefe Gustavo González López, no estaba arrodillado sobre una losa tratando de escuchar un latido: estaba en la pista de Maiquetía dándole la bienvenida a un general de los Marines de Estados Unidos. Que cada quien saque la cuenta de a quién acudió primero el régimen, si a su gente sepultada o a la cámara que lo retrataría recibiendo al extranjero.
¿Es maldad o es incapacidad? Durante años nos adiestraron para debatir esa pregunta como si encerrara una hondura filosófica. Pero a la madre que escarba el cemento con los dedos en carne viva, a las dos de la madrugada, buscando el rostro de su hijo, la distinción no le entrega un solo gramo de consuelo. Cuando un poder dispone de recursos para el retén, para el censo de voluntarios, para la cámara y para el general extranjero, pero no para la grúa que salvaría a quien todavía respira bajo la losa, la línea que separa la perversidad de la desidia se vuelve un detalle de abogados. El resultado es idéntico, y de ese resultado se responde ante la historia. A un régimen no se le juzga por lo que dice sentir, sino por lo que elige hacer cuando el reloj corre contra la vida de su gente; y lo que estos eligieron, con plena conciencia de la urgencia, fue decidir quién tenía permiso para ayudar antes que mover un solo escombro.
Por eso ocurrió lo que ningún ministro de propaganda conseguirá maquillar. Cuando Delcy Rodríguez llegó a posar frente al edificio Petunia, esa torre de veintidós pisos que en el este de Caracas se desplomó losa sobre losa, los vecinos que aún aguardaban a sus muertos no la recibieron con aplausos sino con un grito unánime: fuera, fuera. Le reclamaron en la cara que dejara de hacer campaña sobre una tragedia y le gritaron, sin filtro, que «el gobierno no está haciendo nada por el pueblo». Hay abucheos que pesan más que un plebiscito. Detrás de esa cinta amarilla, un país entero le dijo a su "gobernante" lo que las urnas llevan años intentando decirle, y el desprecio de los humildes, cuando es a la cara, no admite operación de imagen que lo borre.
La tierra que hoy se traga a los inocentes ya conoce de memoria el sabor del abandono. En diciembre de 1999, ese mismo litoral, entonces llamado Vargas, fue sepultado por un alud que se llevó a decenas de miles de personas, en una de las peores catástrofes de la historia venezolana. Cambian las décadas, cambia el nombre del estado, cambia el ministro de turno, pero la costa vuelve a quedarse sola frente a la muerte mientras el poder se ocupa de su propio retrato. Hay heridas que no son geológicas, sino políticas, y se reabren puntualmente cada vez que la naturaleza golpea donde el Estado jamás construyó nada, salvo discursos.
Y sin embargo, anota esto donde puedas releerlo en los días sin luz, lo que estos escombros dejaron al descubierto no fue solamente la pequeñez de quienes mandan, sino la estatura descomunal de quienes obedecen sin que nadie se los ordene. Mientras ellos se atrincheraban en sus protocolos, nosotros nos arremangamos. Lo viste y se te cerró la garganta: caravanas de motos y carros desvencijados descolgándose hacia Vargas, cargados de agua, de medicinas, conducidos por gente que no preguntó por quién votabas antes de tenderte una caja. Lo viste en las plazas de Caracas, de Ciudad Bolívar, de Maracaibo, transformadas de la noche a la mañana en almacenes que ningún decreto ordenó, donde una señora que apenas estira lo suyo para la olla del mes dejaba igual sus dos paquetes de harina y se santiguaba. Lo viste en las manos, las tuyas, las de tu hermano, las del desconocido de al lado, pasándose baldes de escombro en cadena hasta que los dedos sangraban y nadie se quejaba, porque debajo todavía podía haber alguien respirando. Y lo viste afuera, en esa diáspora a la que tanto despreciaron por marcharse, empacando cajas en Doral, en Madrid, en Panamá, con el pulso temblando de rabia y de amor a partes iguales, devolviéndole a la tierra que los expulsó cada gramo de lo que el régimen les negó. Esta es la verdad que ningún retén podrá clausurar: donde ellos tendieron un cordón, nosotros tendimos los brazos, y volvimos a descubrir, como si todavía hiciera falta, que somos, los unos para los otros, lo único en este país que no se ha derrumbado jamás.
Y esa voluntad encontró además quien la encauzara desde donde el poder menos lo esperaba. María Corina Machado, premio Nobel de la Paz y la dirigente a quien le arrebataron las instituciones pero no la brújula, no tenía ministerios que movilizar ni cuarteles que comandar ni aeropuertos que abrir: tenía un teléfono, una red de voluntarios y una certeza. Desde fuera de toda estructura oficial puso las plataformas de su movimiento a rastrear desaparecidos, a canalizar el auxilio y a recoser el tejido que el terremoto y el abandono habían desgarrado, y le repitió al país una frase que vale por todo un programa de nación: no estamos solos, nos tenemos. Resulta que para conducir un rescate nunca hizo falta el poder; hizo falta la voluntad de servir. Y esa, en Venezuela, hace rato dejó de tener domicilio en Miraflores.
No voy a mentirte prometiéndote que el dolor terminará pronto, porque habrá que contar a cada muerto con la rabia de saber que a muchos era posible salvarlos, y porque familias enteras cargarán para siempre esa certeza. Pero algo quedó demostrado esta semana con la fuerza limpia de una revelación y es que el régimen que se cree dueño del país acaba de descubrir que ni siquiera es dueño del duelo. Podrán controlar el acceso a La Guaira, registrar a los voluntarios, bloquear y desbloquear las redes a su antojo, posar junto a quien les convenga. Lo único que jamás conseguirán es inscribir en su planilla la dignidad de un pueblo que ya aprendió a rescatarse sin pedirles nada, esa dignidad que no entra en su Poliedro, no cabe en su censo y no se detiene ante su retén.
𝐋𝐚 𝐝𝐢𝐠𝐧𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐧𝐨 𝐩𝐚𝐬𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐬𝐮 𝐫𝐞𝐠𝐢𝐬𝐭𝐫𝐨.
PD: Una nota final, porque no puedo ni quiero cerrar sin decirlo. A esta tierra que se quedó sola frente a su propio régimen no la dejó sola el mundo. Llegaron de todas partes: del país más poderoso y de la isla más pequeña, del que siempre nos abrazó y del que ayer nos daba la espalda, cruzando fronteras, idiomas y banderas que en cualquier otro momento los habrían enfrentado. Vinieron con grúas, con hospitales de campaña, con toneladas de agua y de medicinas, con manos que no hablaban nuestro idioma pero entendían perfectamente nuestro dolor. Y vinieron también sus perros: animales adiestrados para oler la vida donde nosotros ya solo veíamos escombro, que se metieron en los huecos sin preguntar de qué color era la patria que rescataban, moviendo la cola cada vez que debajo de las ruinas encontraban un corazón aún latiendo. A cada rescatista, a cada médico, a cada piloto que voló de noche, a cada perro con las patas heridas de tanto escarbar: gracias. Nos recordaron que la humanidad, cuando quiere, todavía sabe ser una sola.
𝐆𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚𝐬, 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨. 𝐕𝐞𝐧𝐞𝐳𝐮𝐞𝐥𝐚 𝐧𝐨 𝐥𝐨 𝐨𝐥𝐯𝐢𝐝𝐚.
Heroes por Venezuela🇻🇪
Nuestros muchachos han tenido que trabajar con la uñas ya que no hay herramientas ni insumos , ni procedimientos para salvamento.
INCREÍBLE !! Los Pilares de un edificio que se desplomó en Venezuela 🇻🇪 tras el terremoto estaban hechos de ANIME (Plumavit, Tecnopor, Isopor, Unicel) solo cubiertos de cemento por fuera !!
"¿Quién nos protege si los que deberían hacerlo son los mismos que roban? Este video muestra a uniformados utilizando su posición para sustraer bienes, dejando claro el nivel de impunidad que se vive. ¡Esto es inaceptable! #Justicia#Indignación#AbusoDePoder"