Que bonito se siente venir de un núcleo familiar donde no tengo que debatir derechos humanos, al contrario, ellos fueron los que me inculcaron que había que luchar por todos y para todos.
¿Y hasta cuándo cree usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? - le preguntó.
Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses y once días con sus noches.
- Toda la vida - dijo.