Generalmente no opino de estas cosas, sin embargo siento la necesidad de decir un par de cosas.
Curwen: estamos en las antípodas ideológicas, nuestro diagnóstico de la política es muy distinto y tengo entendido has rajado varias veces de mí en tu programa.
Ahora, me solidarizo por lo que estas pasando. No le deseo lo que te esta ocurriendo a ti a nadie. Se notaba además que estabas enamorado y esa decepción debe ser horrible y no la mereces. Nadie la merece.
A la gente en redes sociales: ir con cuidado porque estamos hablando de una persona que ha admitido sufrir de bipolaridad. Por mi lado, celebro que en primer lugar acepte su condición y en segundo lugar se medique. Eso toma valentía. Igualmente con o sin condiciones mentales, el bullying en redes sociales por temas políticos se lleva muchas veces al plano personal y es algo que se ve cada vez más por aquí y la verdad es lamentable y puede tener serias repercusiones mentales.
Que las diferencias politicas no nos quiten la humanidad.
Elige sabiamente a tu pareja. Mi hermano falleció hace 3 años y su novia todavía llama a mi mamá cada semana. No se pierde ni una sola fiesta familiar y siempre está ahí cuando alguien la necesita.
Ella literalmente todavía lo honra como si estuviera vivo. Esto rara vez se ve.
Vi a una chica salir del trabajo y su novio la esperaba con un café caliente. Me quede pensando en lo valioso que es eso, cuidar al otro en los pequeños gestos sin que haga falta una razón especial.
Nunca había pensando a fondo la frase de El Principito: "Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres"
Hasta que me pasó, y me di cuenta de cuanta razón tenía el autor
Hannah decía que la mentira sistemática no busca convencer, sino confundir. Cuando la mentira se vuelve constante, las personas dejan de confiar no solo en los discursos del poder, sino también en su propia capacidad de discernir.
Con ustedes Hannah Arendt🙌🏻
#cementeriodelibros
Lo adopté hace solo una semana. Era tan pequeño, tan inocente, que pensé: “Seguro será tranquilo, suave… una pequeña máquina de siesta”. Pero estaba muy equivocado.
No le teme a nada: ni a los ruidos, ni a las alturas, y mucho menos a mí. Cada comida se ha convertido en un auténtico duelo. Apenas me siento, él aparece como un diminuto y peludo asesino. Sus ojos fijos en mi plato, rebosantes de ambición salvaje, y en un segundo… salta, roba y gana.
La única forma de detenerlo es estar preparado. Por eso, ahora como como si viviera en el Salvaje Oeste: el tenedor en una mano y, en la otra, mi única arma, la pistola de agua. Basta un parpadeo y mi arroz puede desaparecer. Él espera, yo sudo.
Y aún así… maldita sea, amo a este ladronzuelo.