Desde Europa ya lo dicen sin rodeos: lo de @JMilei no es valentía, es torpeza diplomática.
Confundir agresión personal con política exterior es propio de quien no comprende —o desprecia— el funcionamiento básico del sistema internacional.
Faltar el respeto institucional a @sanchezcastejon no es un gesto interno: es un agravio que repercute en toda la Unión Europea.
Y mientras el mundo observa, @pabloquirno y la Cancillería argentina administran el daño con un silencio que ya no es prudencia: es convalidación.
La diplomacia no es gritar más fuerte ni alinearse automáticamente para buscar protección. Es negociar, construir poder y sostener autonomía.
Creer que ser funcional a agendas externas —sean cuales sean— otorga inmunidad es, además de ingenuo, profundamente perjudicial para el país.
En el tablero global, los países serios respetan a quienes piensan.
No a quienes reaccionan.
No a quienes obedecen.
Y mucho menos a quienes confunden convicción con improvisación.
La Argentina merece una política exterior a la altura de su historia.
No este experimento amateur que la expone al ridículo internacional.
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