🐶 Ana Paula, moradora de São Joaquim da Barra, no interior de São Paulo, decidiu presentear a cadelinha Luna com um par de botinhas cor-de-rosa, mas a reação da pet não foi exatamente a de quem gostou do calçado.
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Vivimos obsesionados con no “perder el tiempo”, pero ¿y si gastar tiempo también es vivirlo? ⏳
La prisa, el rendimiento y la angustia por el tiempo son trampas modernas que devoran la vida. @Ismaellg90
em são paulo, policiais se fantasiaram de alienígenas para conseguirem prender um suspeito no bloco da ivete sangalo… como explicar o brasil? kkkkkkkkkkkkkkkk
Papas tóxicas:
En el rincón más oscuro de la alacena de Doña Marta, una humilde papa había quedado olvidada, expuesta a un pequeño rayo de sol que se filtraba por la ventana. Bajo esa luz, el tubérculo comenzó un proceso silencioso y fascinante: su piel se tornó de un color verde esmeralda.Para un ojo desprevenido, ese verde podría parecer señal de frescura, como si la papa quisiera volver a ser planta. Pero en el mundo de la química orgánica, ese color es una señal de peligro.
El Centinela Amargo
El verde en las plantas fotosintericas es, por lo regular , simplemente clorofila, una sustancia inofensiva en sí misma. Sin embargo, su aparición indica que la papa ha estado expuesta a la luz y al calor, condiciones que disparan la producción de un arma química de defensa: la solanina. La alfa-solanina es un glicoalcaloide esteroidal natural C45H73NO15 presente en solanáceas, consistente en una aglicona esteroidal, la solanidina, unida a una cadena trisacárida (solatriosa: D-glucosa, D-galactosa y L-ramnosa). La planta la produce para defenderse de insectos, hongos y animales hambrientos. Es, esencialmente, el pesticida natural de la papa.
La Trampa en el Plato
Esa noche, el nieto de Doña Marta, un joven estudiante de química, la vio a punto de pelar la "papa verde" para el puré.—¡Espera, abuela! —exclamó—. Ese color no es para adornar. Donde hay clorofila en una papa, hay una alta concentración de solanina.Le explicó que la solanina no se destruye con el calor de la cocción (fritura o hervor). Si la consumieran, el amargor característico sería lo de menos; podrían enfrentarse a una noche de náuseas, dolor abdominal y, en casos severos, problemas neurológicos debido a la inhibición de la enzima acetilcolinesterasa.
Moraleja Química
Doña Marta, siempre práctica, decidió que no valía la pena el riesgo. Peló la papa profundamente, eliminando todo rastro verde (donde se concentra el 30-80% de la toxina), aunque lo ideal, como recordó su nieto, es descartar los tubérculos que estén mayoritariamente verdes o con brotes muy largos.
Desde entonces, en esa cocina se sabe que el verde es vida en las hojas, pero puede representar una advertencia de peligro en las papas.
Imagina dormir bajo tierra durante casi dos décadas y despertar en un mismo y breve periodo que millones de tus hermanos...
No es magia. Es matemática pura.
Las cigarras periódicas de Norteamérica protagonizan uno de los fenómenos más extraños y sincronizados del reino animal. Permanecen enterradas como ninfas durante 13 o 17 años completos, en una vida subterránea casi invisible, alimentándose de raíces en la oscuridad. Luego, en una ventana breve de primavera, millones emergen simultáneamente en una explosión de vida que cubre árboles enteros.
Pero aquí está el misterio que desconcertó a los científicos: ¿Por qué exactamente 13 o 17 años? ¿Por qué no 12, 14, 15, 16 o 18?
La respuesta es muy intrigante: son números primos.
Los investigadores descubrieron que las cigarras evolucionaron para usar ciclos de vida basados en números primos como estrategia de supervivencia contra depredadores. Si un depredador tiene un ciclo de población de 2, 3, 4, 5 o 6 años, un ciclo de 13 o 17 años minimiza las coincidencias. Los modelos matemáticos lo sugieren: los números primos solo se sincronizan con otros números en intervalos extremadamente largos.
Si las cigarras emergieran cada 12 años (no primo), coincidirían frecuentemente con depredadores de ciclos de 2, 3, 4 o 6 años. Pero con 13 o 17 años, las coincidencias ocurren cada 26, 34, 51, 68 o más años, suficiente para prosperar casi sin toparse con depredadores especializados.
La evolución parece haber favorecido patrones que coinciden con propiedades de los números primos.
Cuando finalmente emergen, lo hacen en cantidades abrumadoras: hasta 1.5 millones por acre. Esta "estrategia de saciedad de depredadores" garantiza que, aunque muchas mueran, millones sobrevivan para reproducirse. Durante 4-6 semanas, los bosques resuenan con su canto ensordecedor (hasta 100 decibeles), se aparean, ponen huevos y mueren.
Luego, silencio. Otros 13 o 17 años de espera.
Las cigarras nos recuerdan que la naturaleza no solo resuelve problemas: a veces, los soluciona con elegancia matemática millones de años antes de que existieran las pizarras.
En 1956, un camión lleno de caballos viejos iba al matadero. Un inmigrante holandés llegó tarde a la subasta y, a través de los tablones de madera, vio unos ojos tristes que le suplicaban. Compró ese caballo por 80 dólares. Acababa de salvar a una leyenda. Tira del hilo 🧵👇🏽👇🏽👇🏽
Una mañana de 1997, en la isla de Unguja, en Zanzíbar, ocurrió algo extraordinario: una enfermedad que llevaba siglos allí simplemente dejó de existir. No hubo campañas de fumigación, ni evacuaciones, ni hospitales colapsados. No murió nadie. Tampoco se contaminó nada. La mosca tsetsé, responsable de la enfermedad del sueño, había desaparecido.
Durante décadas, ese insecto había sido una condena. Transmitía una enfermedad mortal y hacía inviable la ganadería. Allí donde estaba la mosca, había pobreza. Y no se iba con insecticidas: reaparecía, más resistente, como siempre.
La solución llegó desde un lugar inesperado: un laboratorio nuclear en Austria. La idea era tan simple como brillante. Criar millones de moscas macho en laboratorio, esterilizarlas con radiación y liberarlas de forma controlada. Al aparearse con las hembras silvestres, no dejaban descendencia. Generación tras generación, la población colapsó sola.
Conviene aclarar algo importante. Las moscas no se volvían radiactivas. La radiación se utilizaba únicamente para alterar su capacidad reproductiva, del mismo modo que una radiografía médica no vuelve radiactiva a una persona. No emitían radiación, no contaminaban el entorno y no suponían ningún riesgo para otros animales ni para las personas.
Entre 1994 y 1997 se liberaron decenas de miles de machos esterilizados cada día. El impacto fue inmediato. En menos de un año, la infección en el ganado pasó de afectar a alrededor del 25 % de los animales a prácticamente cero. En 1997, Zanzíbar se declaró oficialmente libre de mosca tsetsé y de la enfermedad del sueño.
No fue un experimento marginal. Fue un programa internacional coordinado por el @IAEAorg y la @FAO, con resultados medidos, publicados y verificados. La radiación, como cualquier herramienta poderosa, no es buena ni mala por sí misma. Bien utilizada, permite producir energía limpia y continua, diagnosticar y tratar enfermedades, y resolver problemas que parecían imposibles. Esta historia no habla de riesgos ni de miedos, sino de lo que ocurre cuando la ciencia se aplica con conocimiento, control y responsabilidad. De eso también va la energía nuclear.
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