“Metallica is not here like some other entertainers to influence you with their bullshit”
- James Hetfield showing true leadership this weekend! Great to see a musician willing to resist the current thing mob. 🤘
Deutsche Bank's head of metals research says the US and China have probably locked up about 70% of the world's aboveground copper.
His target: $22,050 a tonne by Q2 2027, almost 50% above today.
Ghali calls it the most acutely scarce copper market since the 1980s.
🏥✏️ Una enfermera en China superó la barrera del idioma con dibujos: indicó a un paciente extranjero no comer ni beber después de las 22:00 y que sería operado a las 8:00.
La imagen se hizo viral desde Reddit en 2019. ❤️
Los ciclos de la minería son muy importantes. De esto platiqué esta semana con Pedro Rivero En Blanco y Negro, lo sé lo pierdan!
🔗: https://t.co/aopW2mAP8l
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@pewresearch
Les preguntaron a Bukele en Argentina cómo sacaron a los jóvenes del modelo del narco:
la casa grande, el carro, el teléfono…
cuando trabajar honesto tarda años.
Su respuesta no fue un taller.
Fue sentido común.
Dijo algo que duele porque es verdad:
el gobierno llega tarde si espera “reinsertar” al que ya violó, ya mató y ya cortó cabezas.
A un niño de 6 u 8 años sí se le puede cambiar la vida.
Al que ya eligió el mal, no le ganas con break dance.
Puso el ejemplo más salvadoreño que hay:
el joven que vende tomates en el mercado,
suda, carga, gana $5…
y en la esquina el pandillero se los quita.
¿Qué incentivo gana?
¿Vender tomates
o ser el que cobra?
Por eso nunca se gana “la guerra de incentivos”
si el criminal sigue en la calle.
El Estado no puede pagarle triple salario mínimo
para que deje el crimen.
Eso no es gobierno.
Eso es ingenuidad cara.
Hasta un organismo multilateral le dijo:
“no puedes acabar el crimen de un golpe,
son 70 mil empleos,
esa plata llega a los hogares y se gasta legal”.
Traducción:
deje vivir al cáncer
para no lastimar la economía.
Bukele les respondió con otra analogía:
si tengo cáncer con metástasis
y me ofrecen cirugía, quimio y quedar débil…
pero vivo,
me opero.
No me quedo “así nomás”
esperando que el tumor sea educado.
Calcularon que el PIB podía caer hasta 10%
por sacar esa economía sucia.
No cayó.
Subió.
Porque el miedo también es un impuesto.
Y ese sí lo pagábamos todos los días.
Cierra con lo que más me late, porque soy creyente:
Dios puede perdonar a todos.
Si se arrepiente, va al cielo.
Pero eso le compete a Dios.
Aquí en la tierra
el que ya cortó tres cabezas
no vuelve a la calle
a cortar la cuarta.
Sacaron al pandillero de la ecuación
no solo para castigarlo:
para que el muchacho que todavía no entra
vea otro menú.
Ya no es:
“me hago pandillero y gano”.
Ahora es:
“me hago pandillero y pierdo la vida afuera”.
Eso no es odio.
Es orden.
Es proteger a la familia que sí trabaja,
a la que manda remesa,
a la que nunca tuvo casa grande
porque no cobraba renta de sangre.
30 años de discursos.
7 años de resultados.
El resto es teoría para intelectuales.
By 1918 Einstein wanted to marry Elsa and Mileva Marić would not consent to a divorce.
The agreement drawn up in Berlin on 12 June 1918, preserved in the Collected Papers, resolves this with an extraordinary clause: Einstein undertakes that in the event of a divorce, and in the event he receives the Nobel Prize, the award money shall become Mileva's property and be deposited in trust at a Swiss bank, with her drawing the interest but unable to touch the capital without his consent, and with the sum passing to their sons should she die or remarry.
He was pledging an asset he did not have, from an institution that had not chosen him, in a currency of confidence rather than money. Mileva agreed and the divorce was granted on 14 February 1919. He won the 1921 prize, announced in 1922, and transferred the funds as promised; she used them to buy property in Zurich and support the boys. The bet was not as reckless as it sounds, he had been nominated repeatedly since 1910, but it remains a document in which a man settles a marriage with a hypothetical.
El accidentado proceso para matricularse en la #UNAM, evidencia la escasez de espacios disponibles para la educación superior pública de excelencia, y revive el debate sobre el criterio de mérito para asignar esos lugares. Mi reflexión en @SinEmbargoMX.🔗https://t.co/q28Ki1aDKl
Ojalá que algún día vuelva esa costumbre de ultraderecha de ser honesto, serio, que la palabra valga. Qué hacer trampa de vergüenza. Que robar sea motivo de aislamiento social.
“No dependemos de la amabilidad de los extraños para poner comida en la mesa. Dependemos de su interés propio (…) Éste es el mecanismo central de una economía de mercado. El interés propio, canalizado a través del intercambio voluntario, produce cooperación a gran escala (…) Muchos en la izquierda aún luchan por aceptar esto”.
Seguro lo has oído: que en tiempos de don Porfirio el peso valía igual que el dólar, que era una moneda tan sólida como la estadounidense. Es un mito. Y la verdad es más interesante.
Durante casi todo el Porfiriato, el peso mexicano no fue una moneda fuerte, sino todo lo contrario. México estaba en el patrón plata: el peso era una moneda de plata. Y la plata, en los mercados del mundo, estaba perdiendo valor frente al oro, sobre todo en la década de 1890, con oscilaciones violentas. Como el dólar estaba respaldado en oro, el peso de plata se depreciaba frente a él y bailaba de forma salvaje. Para 1899, el dólar ya se cotizaba en unos 2.08 pesos. Y como buena parte de la deuda externa había que pagarla en oro, ese peso que caía volvía la deuda cada vez más pesada.
Fue entonces cuando entró el mago de las finanzas del régimen, José Yves Limantour. En 1905 impulsó una reforma monetaria que puso a México en el patrón oro, fijando el peso en 75 centigramos de oro: unos 49.85 centavos de dólar, es decir, alrededor de dos pesos por dólar. Y por fin el peso se estabilizó, y esa estabilidad se mantuvo firme el resto del Porfiriato. Aquello fue real y valioso: dio certidumbre y atrajo capital extranjero como nunca antes.
Pero fíjate bien en qué consistió esa "estabilidad". Fijar el peso en dos por uno equivalía, en realidad, a oficializar una devaluación del cincuenta por ciento respecto a la vieja paridad de plata. Y esa devaluación tuvo un costo: subió los precios, deterioró los salarios de los trabajadores y encareció lo de fuera, mientras les permitía a los extranjeros comprar empresas y tierras mexicanas a precio de remate.
Así que el "peso fuerte" del Porfiriato es una leyenda. El peso nunca fue el igual del dólar: valía más o menos la mitad, y su famosa solidez fue, en el fondo, una devaluación bien sostenida, buena para el inversionista extranjero y dura para el trabajador mexicano.
¿Cuántas veces hemos confundido la estabilidad de una moneda con la prosperidad de quienes tienen que ganarla?
El reciente examen de la UNAM es —aunque duela decirlo— el espejo del país: una minoría dispuesta al estudio y al esfuerzo, y una mayoría dada al agandalle, al atajo y a la trampa.