—Nunca cambiarás, Toro. Siempre llamándome por Majestad —dijo tranquila, apartándose un poco—. Aunque haré una excepción contigo. No puedo hacer que cambie una persona, pero si prefieres dirigirte asi a mí no lo discuto.
Hizo un pequeño mohín al escuchar sobre la >
No es nada grave, Majestad.
-Sabe que probablemente podría tratarla por su nombre, pero le gusta esa diferencia jerárquica. Es como un juego para él-
Tengo una rodilla mal curada de hace años, y hoy me está dando problemas por una pelea contra unos demonios.