En 2017 capturé con mi cámara a este soldado israelí apuntándome a la cabeza, en el campo de refugiados Aída, Belén/Bethlehem.
Lo importante de la foto no es que yo fuera el amenazado, sino la exposición de la psicopatía de la sociedad de colonos y su ejército.
Mi foto revelaba su carácter sádico, que se mostró a gran escala el año siguiente, 2018, en las Marchas del Retorno en Gaza, con soldados como ese disparando a la cabeza o al cuerpo de miles de niños, hombres, mujeres, discapacitados, periodistas, paramédicas...
Un carácter sádico israelí que llegó al paroxismo de su depravación infrahumana en 2023, y continúa hasta hoy, con el masivo exterminio y devastación de Gaza, y la propagación de la muerte y destrucción a Libano, Yemen, Siria o Irán.
El planeta y la humanidad necesitan que colapse cuanto antes el régimen genocida israelí, y gracias a los nativos palestinos y sus aliados es lo que ocurrirá en pocos años.