No hay cosa que drene más la energía que la gente que se queja, y se queja, y se queja, y se queja, y se queja, y se queja.
Quejarse de todo también puede convertirse en una forma de vivir.
La fila de las quejas siempre está llena. La de la gratitud, casi vacía.
Qué privilegio poder correr, pagar un gimnasio, comprar comida saludable, tener trabajo, pagar las cuentas, tener piernas que caminan, ojos que ven y una mente que funciona.