Todo texto literario es susceptible de ser leído metafóricamente. Allí radica uno de los mayores poderes de la literatura, pero también una de sus limitaciones: su incapacidad de ser, simple y llanamente, realidad.
El duelo es así, supongo. Estás bien y de pronto un pretexto mínimo te inunda los ojos.
Hoy en la celebración de Leandro mi madre contó la forma "mágica" en la que yo pasaba del llanto al sueño profundo en los brazos de mi abuelita: Se estrujó de alegría y tristeza mi corazón.
Hace miles y miles de años, los seres humanos nos empezamos a poner de acuerdo en que al frío había que llamarlo frío y a la rosa rosa para que Paul Ricoeur pudiera escribir esto:
Otros días siento mucho el ardor de tu ausencia; del relato nieta-abuela que construimos juntas y que ahora me toca sostener a mí.
Una tristeza honda por la falta que nos harán tus brazos y tus sonrisas, mientras me convierto, sin ti, en la madre que me enseñaste a ser.
Pronto serán cinco meses.
Habitualmente siento tu presencia como una especie de escudo místico que nos protege de todo y siento también la certeza de la calma con la que atravesaste los últimos meses: La gratitud honesta y verdadera que todos esos días pregonaste.
¡Bienvenidos al Estudio de los Lunes!
A partir de hoy, cada semana diseccionaremos un artículo científico sobre educación y te lo cuento en cristiano.
Hoy: Merrill (2002), "First Principles of Instruction". Un clásico que sigue sin aplicarse. 🧵
"The old scientific ideal of epistēmē—of absolutely certain, demon-strable knowledge—has proved to be an idol. The demand for scientific objectivity makes it inevitable that every scientific statement must remain tentative for ever. It may indeed be corroborated, but every corroboration is relative to other statements which, again, are tentative.
Only in our subjective experiences of conviction, in our subjective faith, can we be ‘absolutely certain’."
—Karl Popper, The Logic of Scientific Discovery.
Esta nieta extraña profundamente la sombra de abuela.
Esta hija intenta reparar el corazón de madre que aún llora.
Pero la madre que seré, aún no encuentra la forma de serlo sin gran madre enseñando a ser ternura y refugio.