05/08/2024
Juegos Olímpicos
Partido España-Marruecos en el Vélodrome de Marsella
Así fue la monumental pitada al himno de España por parte de los aficionados marroquíes. Nadie habló de racismo ni de xenofobia.
Parece que los españoles siempre deben tragar y agachar la cabeza
Nacho Abad: “Ha tenido que venir Europa para decirnos que la mitad de los menas que entran en nuestro país no son menas. Nos están engañando y se están aprovechando de nuestros recursos para vivir por la cara”.
Safety online doesn't mean backdoors, it means security.
Safety online doesn't mean surveillance, it means privacy.
Safety online doesn't mean proprietary, it means open.
Don't let them confuse you on what real safety means.
Today, the final negotiations on Chat Control 2.0 begin between the European Commission, the European Parliament, and the Council of the EU.
Although the requirement for mandatory scanning (including end-to-end encrypted messaging services) has been removed, several problematic elements remain in the Council's position. For instance, the Council wants to demand identity verification to use messaging services (including end-to-end encrypted). This would pose significant risks to dissidents, whistleblowers, and others, and create a chilling effect on free speech.
We hope the European Parliament stands firm against any wording that paves the way for mass surveillance and censorship. Cyprus, currently holding the Presidency of the Council of the EU, aims to conclude the negotiations by June.
A reminder of the corrupt backstory behind the Chat Control proposal and the involvement of Ashton Kutcher and his company Thorn: https://t.co/OcNkJMrjJa
La izquierda suele construir su relato sobre la promesa de “derechos gratuitos”, como si los recursos fueran infinitos y no tuvieran costo. Levanta la mano cuando se trata de repartir beneficios, subsidios o ampliar el Estado, pero baja la mirada cuando hay que explicar quién paga la cuenta. Porque nada es gratis, todo se financia con impuestos, deuda o emisión. Y esas tres cosas recaen, directa o indirectamente, sobre los mismos ciudadanos a los que dicen defender.
La hipocresía aparece cuando se declama justicia social mientras se consolidan estructuras políticas que viven del privilegio, del gasto sin control y de la dependencia. Se habla de solidaridad, pero se votan presupuestos deficitarios. Se habla de igualdad, pero se sostienen regímenes especiales, cajas opacas y sindicatos intocables. Se habla del pueblo, pero se negocia con empresarios prebendarios que prosperan al calor de regulaciones hechas a medida.
También es contradictorio presentarse como defensores de los vulnerables mientras se impulsan políticas que generan inflación, destruyen el salario real y expulsan inversión. Prometer “más derechos” sin crear riqueza genuina es, en el fondo, una estafa intelectual, se distribuye lo que no se produjo y se posterga el costo hacia el futuro.
El verdadero debate no es si queremos bienestar, eso lo quiere cualquiera, sino si estamos dispuestos a asumir que el bienestar sostenible solo nace del trabajo, la inversión y la libertad económica. Cuando se promete todo para todos sin hablar de incentivos, productividad y responsabilidad fiscal, lo que se ofrece no es justicia social, sino ilusión financiada por otros.
Un reportero va a la mansión de Billie Eilish en Los Ángeles:
“Pensé que Billie no creía en las fronteras... pero a juzgar por la entrada, ¡Billie sí cree en las fronteras! ¡Déjanos entrar, Billie! Estas son tierras robadas, creemos que deberíamos tener acceso a tu preciosa mansión”.
Algunos podrían empezar dando ejemplo y abandonar X o Twitch. Pero lo que buscan no es decidir sobre sus vidas, sino sobre las de los demás. Por eso no proponen un boicot (de adhesión voluntarioa), sino la censura (impuesta por el Estado).
Es una ventaja que cada uno de nosotros pueda desinstalar Telegram de nuestros teléfonos. Es una desventaja que no podamos desinstalar a Oscar Puente de la gestión de las infraestructuras que utilizamos: no sólo no ha sido útil sino bastante dañino.