Frente al descaro de los que ven de lejos y la hipocresía de los que juegan a dos bandas , nos queda la moral de los que no nos rendimos. La reconstrucción de este país no va a venir de los que se acomodaron en la crisis; vendrá de los que hoy,seguimos apostando por lo correcto.
Ser joven en Venezuela hoy significa rebelarse contra la anestesia colectiva, significa crecer en un país roto, cuesta arriba, donde estudiar y trabajar es un acto de resistencia diario, significa que no vamos a negociar nuestros principios por comodidades a corto plazo.
No hay golpe más duro que volver a caer en la tristeza justo cuando por fin creías haber encontrado la felicidad. Hace que parezca que nunca llegaste a estar bien de verdad.