@Jou_Kaiser Así podríamos acceder a su información de su patrimonio en Austria por ejemplo. Cosa que no ha declarado nada en Chile y es bastante sospechoso
@tepa_jeldrez@AngelicaSa88912 El 73 es algo que no se supera, algo que debe permanecer en la memoria siempre. Usted está haciendo lo mismo en esta respuesta, callar discursos, callar a un sector de la ciudadanía que piensa distinto a usted en un tema tan sensible. Vaya usted a terapia y estudie un poco.
VIOLENCIA SIMBÓLICA
La victimización del victimario.
Hay una forma de violencia particularmente perversa. No rompe vidrios, no deja hematomas, no dispara balines ni lanza piedras. No necesita gritar porque sabe que puede herir susurrando. Es la violencia simbólica: esa modalidad refinada de agresión que se disfraza de opinión, performance o simple libertad de expresión, mientras inocula desprecio, humillación y provocación calculada.
La violencia física es condenable. La verbal también. Sobre ello existe un consenso razonable. Sin embargo, hay una categoría más sofisticada y escurridiza que suele escapar al escrutinio público porque opera desde la ambigüedad. Su fuerza radica precisamente en que puede negar su propia existencia. Golpea y luego afirma que jamás levantó la mano.
La violencia simbólica consiste en utilizar símbolos, mensajes, imágenes o conductas destinadas a provocar, degradar o imponer una visión sobre otros, especialmente cuando dichos símbolos evocan experiencias traumáticas, abusos o episodios dolorosos para una parte significativa de la sociedad.
Quien se viste deliberadamente evocando a un dictador, quien reivindica represiones que dejaron víctimas o quien transforma el sufrimiento ajeno en una puesta en escena política, sabe muy bien lo que está haciendo. No hay ingenuidad posible. La provocación calculada rara vez es un accidente.
Lo fascinante, y al mismo tiempo miserable, es que los cultores de esta práctica suelen presentarse como paladines de la tolerancia. Lanzan la piedra simbólica y esconden la mano. Instalan el agravio y luego exigen respeto. Provocan hasta el límite y, cuando alguien reacciona, se apresuran a ocupar el papel de víctimas.
Es una operación política de una pobreza intelectual notable. Consiste en reemplazar las ideas por la provocación, el debate por el espectáculo y los argumentos por la manipulación emocional. No se busca convencer; se busca irritar. No se pretende construir; se pretende detonar.
El procedimiento es conocido. Primero se introduce un símbolo destinado a herir sensibilidades. Luego se espera la reacción. Finalmente, cuando esta llega, se denuncia intolerancia, censura o fanatismo. El agresor se transforma mágicamente en agredido. El victimario se disfraza de víctima. Y la discusión pública queda reducida a una representación grotesca donde la responsabilidad desaparece.
Nada de esto justifica insultos, amenazas o agresiones físicas. La violencia nunca es una respuesta legítima. Pero tampoco puede aceptarse la ficción de que la provocación permanente carece de consecuencias. La convivencia democrática exige derechos, pero también responsabilidades.
Las democracias saludables descansan sobre desacuerdos profundos administrados mediante reglas compartidas de respeto. Cuando actores políticos convierten la provocación en estrategia, erosionan precisamente esas reglas. Transforman el espacio público en una arena donde el objetivo ya no es deliberar, sino exasperar.
La violencia simbólica es especialmente dañina porque es persistente. No actúa como un golpe aislado, sino como una gotera constante que deteriora lentamente la confianza social. Va normalizando el desprecio, trivializando el dolor ajeno y degradando el lenguaje político hasta convertirlo en una competencia de provocaciones cada vez más extremas.
Por eso resulta tan peligrosa. Porque destruye la convivencia mientras proclama defenderla, y agrede mientras reclama respeto. Porque ofende mientras exige consideración. Y porque, en su versión más ruin, convierte la reacción de los otros en combustible para su propio relato victimista.
Provocar deliberadamente para obtener una respuesta y luego denunciar al provocado no es valentía. Tampoco es libertad. Mucho menos política. Es una forma de cobardía. Una de las más refinadas y miserables. La cobardía de quien no tiene nada que ofrecer salvo el agravio. La mediocridad de quien, incapaz de construir una idea, decide construir una trampa.
@MisColumnas
@dloyolavergara@uchile@derechouchile Qué piensas sobre los discursos y actos provocadores y negacionistas sobre la dictadura y el estallido social por parte de los diputados republicanos. Los discursos de odio vienen de su sector, no esperé que la gente los acepte no más. No hay espacio para sus discursos!
@jakastadriasola Valiente que! Provocadora , asuman la
Violacion a los derechos humanos en dictadura primero. Juzguen públicamente al dictador antes de andar dando peleas tan ordinarias y provocando en todos lados. Ustedes son los ideologizados, lo único que saben decir es “la izquierda bla bla
@JavierOlivares@uchile Si wn. Se van a callar, porque no tienen nada que aportar, y no por su “ideólogia” si no porque no tienen nada , son solo payasos intentando hacer cada acción para las redes , para generar viralidad. Que ha aportado usted al país en el
Último tiempo , nada. Solo seudopolemicas
@capitanarod Dónde estudió usted diputada? Porque la universidad de Chile está lejos de ser un desastre. El desastre parece que no lo está queriendo ver y es usted
@cryptoemprende_ Pasan por Thorchain pero son completamente trazables. Es como culpar a la autopista porque los ladrones del banco usaron esa autopista para escapar con el dinero. Siento que se pierde el foco culpando a Thorchain