¿PERO CÓMO TAN WEONES?
Hay una pregunta que atraviesa los noticieros chilenos con más frecuencia que el pronóstico del tiempo: ¿pero cómo tan weón?
Es la reacción espontánea ante alguien que, provisto de micrófono, cargo o simple exposición, y una sorprendente confianza en sí mismo, consigue decir aquello que una persona sensata habría callado.
El fenómeno merece estudio. Porque weones han existido siempre; lo novedoso es que ahora tienen tribuna, asesores, redes sociales, punto de prensa y, en algunos casos, dieta parlamentaria. Y como dijo el ilustrísimo profesor Maza, ahora los weones opinan y no temen hacerlo…son más habladores.
Hace unos días, una conocida figura televisiva fue sorprendida conduciendo a más de 160 km/h. Su defensa fue memorable: “¿A quién no le ha pasado?”, seguido de otro argumento notable: “No he matado a nadie”. Equivale a decir que manejar a exceso de velocidad es aceptable mientras uno no atropelle a alguien. La ausencia de cadáver, según esta escuela filosófica, convertiría la imprudencia en inocencia.
Pero el Congreso también aporta a la disciplina. Cristóbal Urruticoechea, férreo opositor al aborto, nos regaló en 2022 una frase difícil de superar: una mujer violada que aborta “no se desviola”. No fue un lapsus: consultado después, la sostuvo. Y ahora reaparece defendiendo las carreras de galgos, cuya continuidad discute el Congreso.
Cuando convicciones se encuentran con un micrófono, la prudencia suele pedir licencia.
¿Por qué ocurre?
¿Por qué tanto weón suelto?
Primero, porque notoriedad e inteligencia no son sinónimos. Ser famoso significa ser conocido; ser elegido, haber obtenido votos; ocupar un cargo, haber cumplido ciertas condiciones. Ninguna certifica criterio, cultura, empatía, capacidad lógica ni sentido del ridículo, y menos una razonable lucidez. Confundimos visibilidad con autoridad intelectual y después nos sorprendemos cuando el envase toma la palabra.
Segundo, existe el efecto Dunning-Kruger: cuanto menos domina alguien una materia, más difícil puede resultarle advertir la magnitud de su ignorancia. El sabio duda; el ignorante comparece ante las cámaras. Uno dice “no tengo antecedentes suficientes”; el otro pide un micrófono adicional.
Tercero, el ecosistema mediático premia el disparate. Una explicación sensata de tres minutos compite mal contra una estupidez de doce segundos. El algoritmo no pregunta si una frase es inteligente; pregunta si genera clics. Y pocas cosas generan más interacción que un soberano pelotudo hablando con absoluta seguridad.
Hay además un ingrediente peligroso: el poder reduce los correctores. Al ciudadano común alguien le dice “no seas weón”. Al famoso lo rodean personas que ríen. Al diputado lo asesoran. Al ministro le redactan comunicados. Al personaje televisivo le ponen maquillaje. Así, algunos terminan confundiendo ausencia de contradicción con abundancia de razón.
El problema no es que existan los weones. La humanidad sobrevivió milenios con ellos. El problema es entregarles amplificación. Un weón en una sobremesa perjudica a seis personas; uno con cien mil seguidores intoxica una conversación pública; uno legislando puede transformar su estupidez en una norma que afecte a millones.
Tal vez necesitemos una exigencia para ciertos cargos: antes del certificado de antecedentes, una prueba de realidad. Cinco preguntas, un micrófono y treinta segundos de silencio obligatorio antes de responder. Quien no consiga soportarlos vuelve a intentarlo el próximo año.
Porque pensar antes de hablar es gratis. Lo extraordinario es comprobar cuánta gente importante considera que el precio es demasiado alto.
Y mientras autoridades, parlamentarios y celebridades confundan exposición con lucidez, seguiremos practicando ese ejercicio nacional que une izquierda y derecha, ricos y pobres, jóvenes y viejos: mirar la pantalla, arquear las cejas y exclamar democráticamente:
Pero… ¿cómo tan weón?
@MisColumnas
Me llama la atención lo pasivo que estamos ante todo lo que sucede en este gobierno... no hablo de un nuevo estallido, porque la violencia no es buena. Pero, nadie frena a estos pelotudos y los pobres son los que más sufren.
@aldebrito@biobio Y dentro de lo mismo está el secreto bancario, los países que han avanzado en control de la corrupción y el narcotráfico han levantado el secreto bancario... chile no está dentro de esos países con ese grado de desarrollo, chile es solo un país corrompido..
La única emergencia para Kast es que se aprueben sus proyectos de mierda
Gobierno incapaz de proteger a la población ante un desastre que hizo su vida normal en un día en que se avisó con anticipación
Igual que Corral y Coquimbo
Abandono de deberes total
@danimanouchehri
Aquí el listado de diputados/as, que votaron en contra de prohibir la carrera de Galgos:
José Antonio Kast
Jorge Alessandri
René Alinco
Cristián Araya
Enrique Bassaletti
Valentina Becerra
Juan Carlos Beltrán
Daniel Bustos
Paz Charpentier
Jaime Coloma
Eduardo Cretton
Catalina Del Real
René Manuel García
Constanza Hube
Stephanie Jeldrez
Álvaro Jofré
Pier Karlezi
Leandro Kunstmann
Daniel Lilayu
Benjamín Lorca
Cristóbal Martínez
Cristian Menchaca
José Carlos Meza
Benjamín Moreno
Paulina Muñoz
Gloria Naveillan
Ricardo Neumann
Ximena Ossandón
Rodrigo Ramírez
Alejandro Riquelme
Javiera Rodríguez
Agustín Romero
Felipe Ross
Luis Sánchez
Stephan Schubert
Marco Antonio Sulantay
Fernando Ugarte
Ignacio Urcullu
Cristóbal Urruticoechea
Germán Verdugo
Diego Vergara
120 días prorrogables, es decir 240 días en que a sola voluntad del Presidente de la República, éste podrá detener, impedir reuniones, interceptar comunicaciones y requisar bienes. No se aviene con lo que entendemos por Democracia.👇🏽
@aguilo_sergio Por supuesto que es delito y? quien los para?, hacen lo que quieren y nadie hace nada, éste país está podrido, el nazi de Paine es un díctador y su gobierno funciona como tal, una dictadura y el congreso corrompido...
@_p_i_l_a_r Imbéciles, deberían dar urgencia a temas importantes, como por ejemplo llamar a plebiscito para votar si el nazi de Paine sigue o no en la moneda...