En Nueva York aprueban eliminar los términos "madre" y "padre". La gobernadora demócrata Kathy Hochul sustituirá "madre" por "progenitor gestante" y "padre" por "progenitor no gestante". Esto no es inclusión, es un INSULTO A LAS MUJERES Y A LA CORDURA
En los años noventa, la alta cocina se medía por la capacidad de quebrar un pequeño bizcocho y ver brotar un río espeso de chocolate. El coulant no era solo un postre; era el clímax dramático de la cena. Como cocinero, recuerdo la tensión en la línea de pase cuando salían aquellas joyas. Si te pasabas un minuto, entregabas un vulgar panqué; si te faltaba un suspiro, el volcán colapsaba en el plato.
Esta genialidad nació en 1981 en las cocinas de Laguiole, Francia. El legendario chef Michel Bras tardó dos años de obsesiva investigación para patentar su Biscuit Tiède de Chocolat. La magia original de Bras no radicaba en una masa cruda, sino en una técnica de física culinaria: congelaba una esfera de ganache de chocolate y café, la introducía en una masa de bizcocho y, al hornear, el exterior se cocía mientras el núcleo se derretía por completo. Era una obra de ingeniería gastronómica.
El éxito fue su condena. El postre se transformó en un mito global y, con el cambio de milenio, mutó en infinitos primos hermanos. En los países anglosajones lo llamaron lava cake; en Italia, tortino al cioccolato; en Sudamérica, volcán de chocolate. Pronto aparecieron versiones saladas con quesos potentes o trufa, demostrando la versatilidad de la técnica de Bras.
Sin embargo, la industria alimentaria olió la sangre y decidió democratizarlo hasta la asfixia. El coulant ultraprocesado invadió los congeladores de los supermercados y las cadenas de comida rápida. Hoy, con tristeza, veo cómo cientos de restaurantes con pretensiones estafan al comensal sirviendo un bloque industrial recalentado en el microondas, vendiéndolo con el descaro de la etiqueta "hecho en casa". La masificación mató el misticismo del volcán original.
Por fortuna, la resistencia vive en el calor del hogar. En mi cocina, el postre ha encontrado una nueva vida, libre de la soberbia culinaria y lleno de afecto. Esta es la versión que preparo junto a mi hija, bautizada con orgullo como El coulant de chocolate de Lía.
Para revivir la magia en casa, fundimos despacio al microondas o a baño María 250 gramos de chocolate negro al 70% de cacao junto con 200 gramos de mantequilla sin sal. Mientras el chocolate se rinde al calor, batimos 6 huevos medianos con 100 gramos de azúcar morena fina hasta que la mezcla blanquee y duplique su volumen. En ese punto de aire y ligereza, tamizamos 90 gramos de harina de repostería y 36 gramos de cacao en polvo, incorporándolos a los huevos con movimientos suaves y envolventes.
Llega el momento crítico: vertemos el chocolate fundido con la mantequilla. Hay que cuidar con recelo la temperatura; si está demasiado caliente, cuajará los huevos y arruinará la textura. Una vez lograda la masa homogénea, la trasladamos a una manga pastelera y la dejamos reposar cinco minutos en la nevera para que tome cuerpo.
Para el montaje, untamos moldes individuales con unos 15 gramos de mantequilla pomada combinada con un pellizco de sal fina; este contraste potenciará el amargor del cacao. Rellenamos los moldes solo hasta la mitad. En el corazón de cada uno, colocamos el secreto de Lía: una lágrima de chocolate con frambuesa que aportará una acidez brillante. Cubrimos con más masa desde la manga, cuidando de no llenar el molde hasta el borde.
El desenlace depende del tiempo. Si decidimos congelarlos para el futuro, el horno debe estar a 200°C y se cocinarán durante 12 minutos. Si van directos al fuego, a la misma temperatura bastarán solo 5 minutos. En ambos caminos, la regla de oro del cocinero es inquebrantable: se dejan reposar dos minutos exactos dentro del molde antes de desmoldar con cuidado. Al romper la corteza con la cuchara, el río de chocolate y frambuesa nos recuerda por qué este ícono, a pesar de la industria, jamás podrá morir del todo.
La foto es de su primera receta con 7 años.
Langostinos de St.Carles de la Ràpita y mejillones del Delta a la plancha y pescadillas fritas. Una ensalada para acompañarlo todo y un brindis por la vida🥂🥂
#lacomidadelviernes
"En la vida encontrarás a muchos imbéciles. Si te hieren, piensa que su estupidez los empuja a hacerte daño. Así evitarás responder a su maldad, porque no hay nada peor en el mundo que el rencor y la venganza".
QEPD, Marjane Satrapi.
📽️: Persepolis (2007)
@CioLerma Yo no gastaría ni un céntimo en ayudas para la reinserción en sociedad de violadores y pedófilos.
Su sitio es el contenedor de la basura orgánica.