Una de las lecciones más duras que he aprendido este año fue entender que no importa cuánto amor, apoyo o lealtad le entregues a algunas personas, aun así pueden lastimarte como si nada de lo que hiciste hubiera tenido valor. Y duele darse cuenta de que hay gente capaz de herirte sin pensar en cómo te dejan. Pero también entendí que al final cada acción habla por quien somos realmente, y aunque no podamos controlar lo que otros hacen, sí podemos elegir seguir adelante sin perder nuestra esencia.