Una madre del colegio abrió un café en Recoleta. Se la jugó y apostó por su sueño: alquiló el local, compró máquinas, lo armó impecable. Todo hecho como corresponde. Pero ¿Qué le faltaba?
Una empleada, porque sola no podía.
La tomó en blanco, cumpliendo con todas las leyes.
A las tres semanas, la chica renunció alegando maltrato.
Ni siquiera terminó el mes.
¿Resultado? Un reclamo judicial por 2 millones de pesos. Así, literal.
Inventó que la trataba mal y ahora está en juicio.
Dos millones por 20 días de trabajo.
Los juicios laborales están destruyendo a las pymes.
No se trata de sacar derechos, se trata de que emprender no sea una condena.
Es hora de una reforma laboral seria, moderna y justa para le gente que da laburo.