Vivir implica perder, fracasar, sentir miedo, experimentar incertidumbre, atravesar duelos, decepciones y conflictos. No son anomalías psicológicas: son expresiones inevitables de la vida.
A los que amamos sin atajos,
ni pretéritos,
sin exhumaciones,
ni utopía
nos queda este oficio oscuro:
llegar en pedazos
y quedarnos desnudos
frente al filo de lo que no se explica.