Para algunos que siguen discutiendo que el senado no aprobó la propuesta de Boric de eliminar el CAE, que sería el FES.
Aquí muy bien explicado y para todos esos “olvidones”.
La plata la tienen los mismos que son dueños de los bancos, de los supermercados, de Chile osea el 1% que ahora quiere pagar menos impuestos y que el SII les perdones sus deudas con el fisco
Me Preguntaba por que tanto silencio de algunas parlamentarias de Izquierda por el Caso Flores ...
Bueno resulta que Varias tienen contratado a sus parejas como Jefes de Gabinete 🤭
Ahí las dejo ,otro día comenzare a tirar los nombres
Detalle de los delitos cometidos por ex Carabineros en Talca:
Le robaban pensión a adultos mayores y con pruebas falsas un sujeto estuvo varios meses en prisión. Quedaron todos en prisión preventiva. Muy grave 👇🏽
FISCALIZACIONES
El nuevo negocio municipal.
Existe un error conceptual que debemos corregir. Durante tiempo hemos creído ingenuamente que las fiscalizaciones de tránsito buscan que las personas cumplan la ley. Qué equivocados estábamos.
La realidad es mucho más sofisticada: algunas fiscalizaciones parecen haberse convertido en una suerte de emprendimiento municipal donde el producto no es la seguridad vial, sino el conductor distraído o la desidia del automovilista.
La historia es simple.
Un ciudadano circula con su revisión técnica vencida. Lo fiscalizan. Le cursan la infracción. Le retiran el vehículo.
Hasta ahí, nada que discutir.
La ley existe y debe cumplirse.
La negligencia tiene consecuencias.
El conductor reconoce su error.
Fin de la historia.
O al menos eso creía él…
Porque el verdadero espectáculo comienza cuando el automóvil entra al maravilloso ecosistema económico conocido como “corral municipal”.
Un nombre injustamente modesto.
Llamarlo corral es casi ofensivo. Uno imagina instalaciones modernas, vigilancia permanente, cámaras inteligentes y servicios de primer nivel.
Pero no.
En muchos casos se trata simplemente de un terreno de tierra donde los vehículos descansan bajo el generoso amparo del sol, la lluvia y el polvo.
Sin embargo, los valores cobrados sugieren algo completamente distinto.
Porque cuando el afectado finalmente logra recuperar su automóvil, después de varios días de trámites, recibió una cuenta cercana a los quinientos mil pesos. Por una grúa y algunos días estacionado en un sitio eriazo.
Una cifra que permite preguntarse si el vehículo fue trasladado por una grúa o por un equipo de ingenieros de la NASA utilizando tecnología aeroespacial.
Porque resulta difícil comprender cómo un estacionamiento de tierra puede competir exitosamente con hoteles, estacionamientos premium y algunos arriendos habitacionales.
Quizás estamos ante una innovación financiera que el mundo aún no descubre.
Tal vez los corrales municipales son el nuevo mercado inmobiliario.
Quizás pronto veremos avisos de inversión:
“Invierta en Corrales Municipales. Rentabilidad superior al cobre y al litio.”
Porque si un estacionamiento privado techado y vigilado cuesta alrededor de cien mil pesos mensuales, cobrar varias veces más por dos semanas en un terreno baldío constituye una hazaña empresarial digna de estudio.
Harvard debería investigarlo.
No por la eficiencia.
Por la audacia.
Y aquí aparece el problema de fondo.
Nadie discute el castigo.
Lo discutible es la magnitud del negocio construido alrededor del castigo.
Cuando la sanción deja de ser un mecanismo correctivo y comienza a transformarse en una fuente extraordinaria de ingresos surge una pregunta incómoda:
¿Estamos frente a una política pública o frente a un modelo de negocios?
Porque una multa razonable busca corregir conductas. Un cobro desproporcionado busca maximizar ingresos.
La primera educa.
La segunda factura.
Y cuando cada vehículo retirado genera una cadena de cobros que incluye multa, grúa, custodia y permanencia, resulta legítimo sospechar que la seguridad vial ya no es el único incentivo presente en la ecuación.
De hecho, pareciera que algunos conductores han dejado de ser ciudadanos infractores para convertirse en unidades tributarias móviles. Clientes involuntarios de un servicio que jamás solicitaron.
Todo esto ocurre, por supuesto, bajo el impecable paraguas de la legalidad.
Porque la historia está llena de abusos perfectamente legales, y la legalidad nunca ha sido garantía de justicia.
Cuando un terreno de tierra logra facturar como un hotel, cuando la burocracia multiplica los costos y cuando una infracción termina costando varios meses de esfuerzo para miles de trabajadores, quizás ha llegado el momento de formular una pregunta incómoda.
No si el conductor cometió una falta. Eso ya está claro.
La verdadera pregunta es otra:
¿Quién está fiscalizando al
fiscalizador que descubrió este rentable negocio?
@MisColumnas
Hay que llamar al orden a Arrau. Como que pisotear así la autoridad presidencial. Una cosa es lo que piense de Su Excelencia pero otra es que lo haga ver en público.
In The Shawshank Redemption, the most powerful realization comes when the warden rips down Rita Hayworth’s poster and sees the tunnel Andy dug.
It’s the shock of defeat for the warden, and the triumph of hope and patience for Andy — a single moment that turns despair into freedom.
This brief but unforgettable scene defines the film’s message of perseverance.