Desde que tengo uso de razón Cuba se mueve entre el robo y la corrupción.
Si pagabas un dinero extra todos los meses, no te leían el metro contador y podías usar equipos eléctricos a todo dar sin preocuparte por la subida de la electricidad.
Si no querías hacer una cola, pagabas y pasabas.
En el médico, yo pagué para hacerme un TAC y para consultarme más rápido.
Si conocías a alguien en una tienda en dólares, pues te guardaban mercancía.
En la galería del Comodoro, las peleterías tenían zapatos en mal estado que sacaban y vendían primero, y luego otros en mejores condiciones y a precios más bajos para amistades. Así me enteré cuando fui a una tienda a comprar un par de zapatos de salir. Una que fue alumna mía en la universidad me lo advirtió.
En 3ra. y 70, la carne de res más aceptable se guardaba para socios y conocidos. Al populacho, pellejo y carne en mal estado.
Lo mismo si ibas a tomar helado en Coppelia. Conocías a alguien y entrabas. Le dabas un dinero al que cuidaba y entrabas. Y ya dentro, incluso, veías cómo los socios de los que trabajaban cargaban las tinas y tanquetas de helado en maletines, que luego se vendían en los barrios. Y lo hacían delante de todo el mundo.
Un trámite laboral, migratorio, de identidad... lo que fuera, todo se resolvían con una propina, un dinerito.
Un análisis de sangre.
Un uniforme escolar.
Una credencial para el Festival de Cine latinoamericano.
Un asiento en la guagua antes de salir del paradero.
Un taxi desviado de su ruta.
Materiales para la construcción en el rastro del barrio.
La eliminación de los antecedentes penales.
La garantía de plazas en las embajadas extranjeras, que se controlaban desde Cubalse y luego Palco a razón de 500-300 USD por puesto. Cuando salían las convocatorias en el periódico, todo estaba fríamente cuadrado. Presentarse era por gusto, a menos que ofrecieras una cantidad superior.
Podría estar una semana dando ejemplos.
El castrismo no solo reprimió, asesinó, censuró, torturó, humilló y destruyó la vida del cubano, sino que nos arrastró, en mayor o menor medida, a su red mafiosa de nepotismo, del sálvese quien pueda, del soborno y la compra de favores.
Promesa incumplida número 56789.
En el futuro deberá construirse una gran refinería de petróleo y nuestra industria petroquímica, al lado de la refinería.
Cienfuegos, 9 de abril de 1975.
Yo tenía cinco años. Me fui de Cuba con 44 y la promesa seguía ahí. Hoy tengo 55, casi a punto de cumplir 56, y la promesa no llega.
He leído a gente que critica duramente a Bukele porque dice que la ayuda de El Salvador, tan rápida y efectiva, es para luego cobrársela a Venezuela en petróleo.
Y yo me pregunto dónde estaban todos estos subnormales cuando Fidel Castro se robaba el petróleo venezolano e infiltraba el país hasta la médula.
Yo no tengo ídolos políticos ni venero líderes de ninguna clase, pero nadie en este continente será más hijo de puta, asesino, ladrón y energúmeno que Fidel Castro.
La autocracia de Fidel en los años 80
Esto que ven aquí es una especie de reconocimiento entregado a los que participaron en la excavación de túneles para la defensa, otro invento idiota de Fidel Castro ante un ataque de Estados Unidos que jamás llegó.
Tras el colapso de la Unión Soviética, muchos de los ejemplos más extravagantes de la «elaboración de políticas por capricho» de Fidel Castro se convirtieron tanto en materia de leyenda como en temas tabú. A medida que el país se acercaba a un mayor abismo político y económico, pocos se atrevían a recordar hasta qué punto Fidel Castro había despilfarrado recursos materiales que durante años habían sido suministrados sin cuestionamiento por los soviéticos.
Esto resultaba especialmente evidente porque prácticamente todos esos recursos desaparecieron del uso público. Entre ellos, quizá el más importante era el cemento. Durante la década de 1980, miles de viviendas familiares se derrumbaban cada año tras soportar décadas de abandono estatal y el monopolio legal que ejercía el Partido Comunista sobre el acceso y la distribución de materiales de construcción. Sin embargo, fue precisamente en esa misma década cuando Fidel Castro declaró de manera repentina la necesidad de construir un sistema de túneles bajo La Habana para la supuesta autodefensa de la población civil ante un presunto e inminente bombardeo de Estados Unidos.
Para construir esos túneles fueron movilizados contingentes especiales de militantes comunistas, agrupados bajo nombres de destacados comunistas históricos como Blas Roca, junto con algunos de los mejores trabajadores del sector de la construcción. Presentados entonces por la propaganda oficial como una hazaña heroica y posteriormente olvidados debido a la incomodidad política que generaban, aquellos túneles terminaron sin cumplir ningún propósito real, salvo servir como símbolo de la autocracia en que se había convertido el régimen de Fidel Castro. También fueron objeto de numerosas bromas populares, pues los más visibles, ubicados cerca de la Universidad de La Habana, terminaron convirtiéndose en «túneles del amor», lugares de encuentros románticos y citas amorosas más que refugios frente a una supuesta e inevitable guerra imperialista. Ahí iba de todo: homosexuales, enfermos sexuales, parejas en busca de sexo en tríos, parejas que querían «matar la jugada», prostitutas, chulos, ladrones, delincuentes.
Debajo te dejo un hilo con todos los detalles de esos túneles.
Ni aunque me lo expliques mil veces, yo podría entenderlo. Más allá del resentimiento y la idiotez, la ignorancia de estos esperpentos es abismal.
Odian a los Estados Unidos, pisotean su bandera y encima llevan un pulóver con la imagen del Che, un asesino confeso que, además, planificó junto a Fidel Castro bombardear varias ciudades americanas con los misiles soviéticos que se trasladaron a la isla a inicios de los 60.
A estos subnormales les vendría muy bien escuchar los tiros de La Cabaña, una semana en las UMAP, un mes en el Reclusorio Nacional de Isla de Pinos, una libreta de racionamiento, un solar habanero, un barrio lleno de delincuentes, un discurso diario del innombrable, golpes y bastonazos de la policía, familiares asesinados en el remolcador 13 de marzo...
La lista de ofertas socialistas sería infinita.
En esta definición olvidaron poner la principal: ser miembro de un Comité de Defensa de la Revolución (CDR) es ser un chivato despreciable, un vecino envidioso, un ente mediocre y odioso.
Fidel Castro no necesitó policía política ni salarios para sus agentes. Se valió del pueblo, carnero y resentido, enfrentado entre sí para denunciarse por lo más mínimo.
Por los que te visitaban, por la ropa que te ponías, por la música que escuchabas, por el olor de la comida que se sentía desde tu casa. Te denunciaban si eras religioso, homosexual, o si tenías familiares en el extranjero. En casi 70 años, muy poco ha cambiado.
¿Se acuerdan de esta foto? Es de 2018.
En ella, se puede ver a Mariela Castro, hija de Raúl Castro, junto a la cantante española Pastora Soler. En cualquier parte del mundo, y en cualquier otro contexto, la foto no tendría relevancia.
¿Qué puede haber de noticia en varias personas degustando unas langostas? Pero no se trata de otra parte del mundo. Es Cuba, ese mismo país que prohibió por decreto y por racionamiento ideológico el pescado y todos los productos del mar. Da igual que fuésemos una isla. No teníamos ni sal.
También compartió mesa y mantel la diputada transexual del PSOE, Carla Antonelli. Y repito, da igual si el viaje lo financió el contribuyente español o el régimen cubano. Ya eso sería un tema serio, pero peor es la desfachatez de las figuras gubernamentales españolas al ser tan cómplices descaradas de la dictadura castrista.
No es que sea una simple langosta. Puede que haya gente en Perú, Bolivia o Zambia que nunca ha probado una langosta. A mí no me gusta. Paso de ella. El asunto clave no es el paladar, sino la política de Estado que encarcelaba y multaba al tipo que se tiraba de madrugada en una cámara o embarcación maltrecha a pescar algo para comer, ni siquiera para revender. El asunto clave es que siempre nos vendieron solidaridad, igualdad y paraíso a cambio de hambre, restricciones y multas. El punto clave es que un cubano de a pie, obrero, o un profesor, o un médico, tendría que seguir ahorrando cuatro vidas para tener un plato decente en su mesa mientras sigue escuchando por todas partes los discursos de Fidel Castro, las mentiras de Díaz-Canel y los lemas gastados del socialismo cubano.
Cuando se hacía el guapo y cuando chocó con la realidad. Estoy seguro que en ese momento se cagó en los pantalones, quizás recordando con pesar cómo no tuvo compasión con los hombres que morían bajo sus órdenes en La Cabaña.
Y la historia ha recogido testimonios de que los cubanos fusilados en 1959 caían ante las balas al grito de «¡Viva Cristo Rey!» y «¡Viva Cuba libre!». Este esperpento, en cambio, suplicó por su vida como una miserable rata de alcantarilla.
Sucio.
Desaliñado.
Apestoso.
Atemorizado.
Nervioso.
Rendido.
La muerte se demoró mucho en llevárselo. 💀
Cuando un mediocre obtiene un gramo de poder, se cree que tiene también una tonelada de autoridad. El poder solo se sube a la cabeza cuando encuentra un cerebro vacío.
Cuando un payaso criminal se muda a un palacio, no se vuelve rey. El palacio se vuelve un circo.
Y recuérdalo, comuñanga envidioso y herido...
Cualquier cubano viviendo en un efficiency en Miami tiene más libertad que tú, muy a pesar de que se vea forzado a conseguir varios trabajos parciales para cubrir sus cuentas.
Eso es un período de su vida, un comienzo, la llegada a un nuevo país. De ese efficiency se sale. El que lo quiere lo logra. Tú sigues viviendo en una choza llena de mierda revolucionaria dentro de la isla-cárcel. Y así vivieras en una mansión, tú dependes probablemente de alguien en un efficiency para que te recargue el teléfono, te ponga una recarga o te mande una bolsa de comida.
Nunca compares la oportunidad más pequeña que te da un país que no es el tuyo con el mar de posibilidades y esperanzas que te arrebataron en el tuyo, comunista de mierda.
Tú defiendes a tipos que no se enteran de que tú existes, y no les importas porque ellos solo ven en ti un chivatón desechable que critica a los demás mientras ellos, los militares, los dirigentes y los ministros, se comen el pan y apenas te tiran las migajas.
¡Yo me cago en tu revolución!