Los hombres pueden quedarse despiertos hasta las 2 de la madrugada, levantarse a las 6, estar endeudados, sin dinero, solos, y aún así tener fe en que algún día todo saldrá bien. A eso se le llama ser un hombre.
Ganaban 2-0 con un jugador más y se los empataron. Les ganaron otro partido sobre el final. Les metió un gol un profesor de escuela neocelandés. Festejaron empates y derrotas dignas como Los Pumas de otras épocas.
Quisieron instalar épica de público en una ciudad de 20 millones de residentes argentinos, y cuando salieron de ahí no llenaron una sola tribuna. Viven de un discurso y una mentira total. Y se vuelven otra vez con el culo bien roto. Exclub. Exclásico.