Cuando sanamos, el mundo se ve igual… pero nosotros ya no lo somos. Percibimos de manera más amplia, integramos nuestro dolor, abrazamos el cambio y la impermanencia como parte de la vida.
La comunicación es la base, dicen. Pero hablarle a quien no quiere entender es como recitar poesía a una pared: uno se inspira, se entrega… y la pared, intacta.
No es tonto quien confía.
Es valiente quien ama con el alma, aun sabiendo que puede romperse.
Y aunque duela enterarse al final, siempre llega el día en que el corazón vuelve a sí mismo…
y recuerda cuánto vale.