Que le permita dudar tal cosa, los jΓ³venes no la conocen, y la gran mayorΓa la abandonΓ³.
Aunque ella nunca los ha dejado, siempre ha estado ojo avizor para prestar su ayuda si se requerΓa.
Algo ha visto de ese nuevo peligro, aunque tiene bastantes preguntas.
Y ella se deja mecer por el viento y sus manos como una niΓ±a ilusionada en su columpio. RΓe con el nuevo viaje, acomodΓ‘ndose en el mismo aire para seguir contemplando a la diosa con una gentil sonrisa.
βNo podΓa hacerme la dura. Te he echado de menos.
Que no amenace a la raposa, serΓa catastrΓ³fico que se avecinara una terrible tormenta sobre su Orden.
Β‘Oh! Su paciencia. Eso es culpa suya, no de ella.