Una de esas amistades inglesas
Argentina fue inventada por un grupo de comerciantes porteños afines al contrabando. La mitología del país naciente se fundamentó en la extensión llana de la Pampa, el desierto verde. Su epopeya en verso fue el Martín Fierro, protagonizado no ya por un alto héroe aristocrático sino por un matrero que se va a la frontera, a la Pampa, para huir de las garras armadas del Estado.
De estas mitologías todavía jóvenes proviene, ciento cincuenta o doscientos años después, un tópico argentino: el de la informalidad, sea impositiva o relacional. La verdadera economía funciona por fuera de la economía blanca, y la contención proviene no de las instituciones organizadas sino de instituciones menos orgánicas, como los clubes deportivos u otras asociaciones de afinidades electivas. La institución inorgánica por excelencia, la que extrañan quienes se las rebuscan en el exterior, es la de la amistad, practicada a través de dos ejercicios gastronómicos: el del mate y el del asado.
En los márgenes del Estado voluntarioso, en los márgenes de la página y en los márgenes de la cultura occidental, Jorge Luis Borges, un argentino exótico, de abolengo criollo, criado por azar o confusa deliberación paterna en la Europa de la Gran Guerra y las vanguardias artísticas, se convirtió inesperadamente en algo más que el más grande escritor argentino. Cuando atracó en Buenos Aires a sus veinte, se sintió extranjero en esta ciudad invadida por italianos, que estaban deformando incluso la manera argentina de hablar, y poco a poco empezó a concebir su venganza: la de escribir cuentos criollos y universales en una lengua única, antigua, que pareciera eterna pero también íntima, impersonal pero personal. Empezó a disfrazar sus textos con novedades ruidosas y enciclopedismos, trampas falsamente eruditas para ocultarle al lector a un hombre sentimental, sencillo, capaz de comprender y de encontrar las mejores palabras para las grandes experiencias humanas: la de Dios (“divino laberinto de los efectos y las causas”), el amor (“que nos deja ver a los otros como los ve la divinidad”) o la amistad.
Borges ejerció la amistad con muchos hombres y mujeres, entre los que se destaca Adolfo Bioy Casares.
En 1936, Borges incluyó en un libro de ensayos una reseña de un libro falso, The Approach to AlMu’tasim, de un supuesto abogado anglo-hindú. Adolfo Bioy Casares, un joven de veintiún años que había publicado prematuramente varios libros con el dinero de su padre, cayó en el bait de Borges y pidió el libro hindú inexistente a su librería de Londres. El equívoco creó una de las amistades más duraderas y prolíficas del siglo XX argentino.
Bioy se casó poco más tarde con una mujer algo mayor que él, quizás la otra gran escritora argentina del siglo XX además de Borges: Silvina Ocampo. Durante casi cincuenta años, Borges fue varias noches por semana a comer a lo de “los Bioy”, impulsado por el sentimiento de amistad, por la conversación interminable y quizás por el deseo de Georgie de huir del departamento que compartió con su madre hasta la muerte de esta, cuando Borges tenía ya 76 años.
Tras la escritura conjunta de un folleto para la empresa láctea de la familia materna de Bioy, uno de los primeros registros literarios de esta amistad entrañable es el prólogo de Borges a la primera novela de Bioy, La invención de Morel. La novela, a la que le dedica sólo una de las 795 palabras que tiene el prólogo (esa palabra es “perfecta”, pero no tenemos por qué creerle a Borges), es en realidad una excusa de Borges para escribir el programa de la literatura por venir: las novelas del realismo mágico, la obra de Cortázar, García Márquez y Carlos Fuentes, vienen de ese prólogo. El ninguneo de Borges para con su joven amigo es uno de bullying pedagógico, un insulto incentivador del estilo del que su personaje el cuchillero Rosendo Juárez le dedica a su joven discípulo (el cobarde asesino y narrador del cuento) en “Hombre de la esquina rosada”. La educación, para Borges, era también provocación.
Por esos años, Borges y Bioy colaboraron en la escritura de cuentos en los que Borges se permitió una chabacanería que no se permitía en su obra oficial. Firmaron sus cuentos a cuatro manos con seudónimos en los que mezclaban sus apellidos con prosapia criolla: Honorio Bustos Domecq y Benito Suárez Lynch.
Dos de los artefactos cuentísticos más complejos escritos por Borges durante su raid creativo de la década del cuarenta, “Tlön Uqbar Orbis Tertius” y “El inmortal”, homenajean esa amistad con Bioy, que fue como su taller literario, el lugar donde cotejó sus ideas y donde germinaron sus obras. “Tlön…” es en realidad, además de la invención de un planeta inverosímil, la narración de una escena en la que Bioy y Borges leen y comentan un artículo de una enciclopedia. La amistad entre ellos, un espejo per se, tiene a su vez otro espejo, que es la amistad del padre de Borges con un inglés: “Mi padre había estrechado con él (el verbo es excesivo) una de esas amistades inglesas que empiezan por excluir la confidencia y que muy pronto omiten el diálogo. Solían ejercer un intercambio de libros y de periódicos; solían batirse al ajedrez, taciturnamente…”. Borges se permite también en el cuento una broma genial sobre sus propios traumas relacionados con la intimidad sexual. “La cópula y los espejos”, le hace decir al personaje de Bioy, “son abominables, porque multiplican el número de los hombres”. Es una ironía que los años han hecho evidente: se sabe que la colección de amantes del buenmozo Bioy se contaba por centenares, mientras que Borges probablemente nunca tuvo intercurso completo con una mujer: la amistad entre Bioy y Borges era una entre un copulador serial y un asceta, uno que quizás no haya conocido bíblicamente a ninguna mujer. Borges hacía chistes con sus miserias.
En “El inmortal”, que dura siglos, un legionario romano se hace íntimo de un troglodita que resulta ser Homero. Como han adquirido la inmortalidad (literal y metafórica) después de beber del agua de un río, Homero y el legionario se despiden sin decirse adiós (otra vez la silente amistad inglesa), confiando en que volverán a verse. Pero el legionario recupera la mortalidad bebiendo otra agua, y nunca vuelven a verse. En el final, el legionario dice: “Cuando se acerca el fin, ya no quedan imágenes del recuerdo; sólo quedan palabras. No es extraño que el tiempo haya confundido las que alguna vez me representaron con las que fueron símbolos de la suerte de quien me acompañó tantos siglos. Yo he sido Homero; en breve, seré Nadie, como Ulises; en breve, seré todos: estaré muerto.” Lo interpreto como una idea de la amistad, en especial de su amistad con Bioy, según la cual la amistad es una confusión de identidad con el otro.
Este cuento, escrito en 1948, tuvo como tantos textos de Borges una cualidad profética, ya que en efecto Borges y Bioy se despidieron sin decirse adiós en vivo, porque María Kodama se lo llevó en 1986 a morir a Ginebra.
Bioy sentía que Kodama, secretaria y luego esposa de Borges a partir de la muerte de la madre de este, había apartado a Borges de sus amigos y que lo hacía sufrir. La rivalidad entre Bioy y Kodama fue duradera: hasta poco antes de morir en 2023, su viuda contaba que una vez, después de que Bioy publicara una de sus novelas, Borges le había dicho: “¿Cuándo se dará cuenta Adolfito de que no sabe escribir?”. Esta malicia tuvo quizás como origen la gran sorpresa póstuma que dio la obra de Borges, que fue el Borges de Bioy Casares, un libro de más de 1500 páginas que recopila con devoción cada una de las conversaciones que tuvieron los amigos a lo largo de más de cuarenta años. “Come en casa Borges”, empieza cada entrada, usando un verbo que denota pertenencia social: la clase media dice “cena”, mientras que sólo la clase alta de origen agropecuario dice “come”. Con amor adicto de amanuense, fan y amigo, Bioy registra al Borges oral, chispeante e íntimo, genial tanto para el chisme como para las lecturas literarias. Es seguramente el registro más frondoso de la historia sobre una amistad, equiparable al de Platón sobre Sócrates. El libro está precedido por un epígrafe en francés de Silvina Ocampo que habla con toda elocuencia de la consideración y el cariño que ella y Adolfo tenían por Borges: “Comer con Borges es una de las costumbres más dulces de mi vida. Me permite creer que conozco a Borges más que a mis otros amigos, porque la hora de la cena es, sobre todo, la hora de la conversación.”
El ingeniero que construyo Claude Code acaba de soltar un video de 28 minutos donde te enseña a escribir prompts que realmente funcionan
He visto cursos de 300 dolares que no llegan ni a la mitad de lo que explica en los primeros 10 minutos
Archivos CLAUDE.md, atajos de memoria, sesiones paralelas y patrones de prompting que cambian el juego
Todo en un solo video y completamente gratis
Da igual si eres principiante, desarrollador o ya llevas meses usandolo
Esto te va a hacer usar Claude como nunca antes
Bill Ackman literally gave a 44-minute masterclass that explains money better than any business school.
1. Starting early is the single biggest advantage you have. If you save $10,000 at age 22, never add another penny, and earn 10% a year, you have $600,000 by retirement. wait until 32 to start, and the same money only grows to $232,000. The decade you lose at the beginning costs you more than any decade later because compounding does its heaviest lifting at the end.
2. The return rate matters even more than most people grasp. That same $10,000 at 22 earning 10% becomes $600,000. At 15% it becomes over 4 million. At 20%, the rate Warren Buffett has achieved, it becomes 25 million. Einstein called compound interest the most powerful force in the universe. Ackman's lecture is essentially a demonstration of why.
3. Avoiding losses matters as much as chasing returns. if you reach for a 20% return but lose half your money every 12 years from bad decisions or a rough patch, your 25 million collapses to 1.8 million. Buffett's rule one is never lose money. Rule two is never forget rule one. the math of recovery is brutal, so protecting the downside is not caution, it is strategy.
4. Debt is safer, but the upside is capped. Equity is riskier, but the upside is unlimited. In the lemonade stand example, the lender who put up $250 earns a steady 10% and gets paid back first if the business fails. the equity investor who put up $500 earns over 100% if it succeeds but gets wiped out if it fails. The equity holder earns more precisely because they took the risk the lender refused.
5. The risk that matters is permanent loss, not price movement. most people think risk is the stock price bouncing up and down every day. Ackman says ignore that. the real risk is whether you will permanently lose your money. Short-term volatility is noise. the question that matters is whether you get your capital back with a return over the long run.
6. Avoid startups and complicated businesses. You do not need 100% a year to build a fortune. you need 10 to 15% over a long period. so skip the lemonade stands and unknown ventures. Invest in public companies that are established, liquid, and have to clear real hurdles before going public. If you cannot understand how a business makes money, avoid it no matter how good its track record. Ackman cites Enron, a business almost nobody actually understood.
7. Invest in a business you could own forever. if the stock market closed for 10 years, you should not be unhappy holding it. Coca-Cola is his example. easy to understand, sells a syrup and earns a profit on every drink, the population keeps growing, and it is nearly impossible to disrupt with new technology. McDonald's is another. People have to eat, the food is cheap, and they keep growing. find a business you would be comfortable holding through anything.
8. You want products people are loyal to and will pay a premium for. People buy generic flour and sugar without caring about the brand. but they want the Hershey bar, the Cadbury bar, the see's candy specifically. you do not want to sell a commodity that anyone can sell cheaper. You want something unique that customers refuse to substitute even at a 20% discount.
9. Low debt is a safety feature. In the lemonade stand example, $250 of debt was manageable. But if it had been $1,000 and the business hit a rough patch, it could have gone under and wiped out the shareholders. Find companies with little debt or so much profit relative to their interest payments that a bad year cannot sink them.
10. Barriers to entry protect your returns. You want a business that is hard for someone to compete with tomorrow. Coca-Cola's market presence is so strong that you expect to get a Coke at any restaurant. Pepsi has coexisted with it for decades, but neither can put the other out of business. If a competitor can show up next year with a better version and steal the customers, the business is not worth owning long term.
11. The best businesses are immune to outside factors you cannot control. Coca-Cola has survived 120 years through world wars, nuclear weapons, and every kind of crisis, and each year it makes slightly more money. You want companies that do not depend on commodity prices, interest rates, or currency moves. A business that keeps earning regardless of what is happening in the world is the kind you hold forever.
12. Low capital intensity is one of the most underrated qualities. The worst businesses require massive reinvestment to grow. The auto industry has to build enormous factories and buy machine tools before selling a single car, and those tools wear out. GM's stock barely moved over 40 to 50 years for exactly this reason. Coca-Cola, by contrast, sells a formula and collects a royalty. American Express takes a few percent of every dollar spent on its card. a business that earns a royalty on other people's capital is one of the best things you can own.
13. Pay down debt and build a cushion before you invest. If you have high-interest credit card debt, paying it off is a guaranteed return equal to the interest rate. same logic, to a lesser degree, with student loans at 6 or 7%. and you want 6 to 12 months of expenses in the bank so that losing your job tomorrow does not force you to sell. You can only handle market volatility if you do not need the money.
14. Be a buyer when everyone is selling and a seller when everyone is buying. The natural human tendency is the opposite, a lemming-like instinct to sell in a crash and buy in a bubble. people sold into the 1987 crash when they should have been buying. The only way to resist this is to be financially secure enough that the money at risk does not affect your life, so you can withstand the swings without panicking.
15. The stock market is a voting machine in the short term and a weighing machine in the long term. Ben Graham's idea, which Ackman repeats. short-term prices reflect the whims and emotions of investors. long term, prices reflect the actual value of the underlying businesses. If you buy good businesses at reasonable prices and hold them while they grow, you make money over time as long as you are never forced to sell at the wrong moment.
16. A stock is just a bond where you do not know the coupon. Flip a price-to-earnings ratio over, and you get an earnings yield. A stock at 10 times earnings is a 10% earnings yield, which you can compare directly to a 3% treasury. the difference is the bond's coupon is fixed and the stock's coupon, its earnings, moves up and down. Ackman wants an earnings yield higher than a treasury that will also grow over time, so he does not need to be right about explosive growth to earn a good return.
que lindo sería si en Twitter cada uno se dedicara a postear sobre su especialidad y nada más, que rápido se llena de mierda el feed y eso que sigo todos perfiles bastante técnicos @elonmusk