Volver a la humanidad esclava, reemplazar su democracia por algoritmos que reemplazan a los votos y garantizar que no se le diga genocidas a los genocidas. Esto es lo que llegó a Colombia.
Leo a muchos abelardistas indignados repitiendo: «No politice la tragedia».
Pues tengo algo que contarles, mis queridos tigresos: cuando las malas decisiones de un Gobierno cuestan vidas, denunciarlo no es politizar la tragedia; es exigir responsabilidades.
La negligencia y la arrogancia de ese payaso que ustedes llevaron a la Presidencia costaron decenas de vidas aquí, en Pereira y Dosquebradas. Entre las víctimas hay personas que conocí, gente cercana y familias que lo perdieron todo.
Así que métanse su indignación selectiva por donde mejor les quepa.