Normalicemos no sentir culpa por tomar distancia de quienes nunca tuvieron consideración por nuestros sentimientos. No estamos obligados a sentir pena por quienes sabían que podían herirnos y aun así eligieron hacerlo. También tenemos derecho a protegernos.
Si alguien tiene un gesto genuino conmigo, inmediatamente pienso en cómo devolverle esa misma energía. Me muevo desde el amor, la lealtad y la gratitud; no olvido a quienes estuvieron para mí cuando realmente los necesité.
Podemos ser reemplazados en muchas de las cosas que hacemos, pero jamás en lo que somos. Otra persona puede ocupar nuestro lugar, hacer nuestro trabajo o cumplir nuestras funciones; pero nuestra esencia, nuestra forma de amar y lo que transmitimos no se puede sustituir.