Con Franco se vivía bien, lo único malo es que si no pensabas como él te fusilaban. Y que las mujeres eran un 0 a la izquierda. Y que si eras homosexual te encarcelaban. Y que no podías divorciarte de tu marido. Y que si tu marido te pegaba palizas, estaba autorizado a hacerlo porque legalmente era tu dueño. Y que si eras pobre te podían robar a tu hijo recién nacido para dárselo a una familia rica y te decían que tu hijo había fallecido. Y que si la policía te pillaba por la calle de madrugada sin justificación te metían una paliza mientras te humillaban.
Pero no se vivía tan mal en el franquismo. “Al menos tenían casa”.
Hay una pequeña cafetería donde dos personas llegan y se acercan al mostrador.
—Cinco cafés, por favor. Dos para nosotros y tres “colgados”.
Pagaron, tomaron sus dos cafés y se fueron.
Le pregunté al mesero: —¿Qué significa eso de cafés “colgados”?
—Espera y verás.
Entraron más personas.
Dos chicas pidieron un café cada una, pagaron y se fueron.
Luego llegaron tres mujeres y pidieron siete cafés: —Tres para nosotras y cuatro “colgados”.
Yo seguía intrigado… ¿qué significaban esos cafés “colgados”?
Entonces, un hombre con ropa gastada, que parecía no tener hogar, se acercó al mostrador y preguntó con sinceridad:
—¿Tiene algún café “colgado”?
—Sí, señor.
Le sirvieron un café… y entendí todo.
La gente paga por adelantado un café que será servido a alguien que no puede permitirse una bebida caliente.
Esta tradición comenzó en Nápoles.
Increíblemente, se ha extendido por ciudades y pueblos de todo el mundo.
También es posible pedir no solo “cafés colgados”, sino un sándwich o incluso una comida completa a bajo costo.
¿No sería genial que todos empezáramos a hacerlo en las ciudades y pueblos donde vivimos?
Pequeños actos de bondad como este pueden impactar muchas vidas, de formas que ni imaginamos.
Quizá todos deberíamos intentarlo.
Hoy volví a llorar, a veces el corazón
se queda sin palabras y solo sabe llorar. Lloré porque todo pesa, porque el miedo se me sentó al lado y la ansiedad me apretó el pecho como si quisiera recordarme que todavía estoy aquí. Volví a llorar porque no sé bien hacia dónde ir.
Para mí, la peor parte de la vida adulta es entender que tus responsabilidades no se cancelan por lluvia, tristeza o ganas de quedarte en la cama. La vida sigue, y tú tienes que seguir con ella.
Valoren a quien les dedica tiempo, valoren a quien los incluye en sus planes, valoren a quien los apoya, valoren a quien los escucha, valoren a quien les dice la verdad sin caretearles nada, valoren a la gente buena, valoren a la gente sencilla. Valoren hoy, no mañana.