Oye pero paren el webeo, pongamos serios.
En mis tiempos uno se ponía colorado cuando se actuaba mal, ahora no tienen ni asco en mandar videos como ejemplos de moral.
TE PA SAS TE, cara de Raja @Cami_FloresO
🔴 Ale Valle a senador Fidel Espinoza: "Ud. ha sido parte de las mentiras de la ultraderecha y jamás lo llamaré socialista porque lo único que le importa son sus propiedades en el sur y ganar su sueldazo en el Congreso"
#FidelEspinoza
Gente tosca, ignorante, inculta, intelectualmente raquítica y desvalida. No tienen referentes, ni siquiera una mínima curiosidad intelectual.
Si visitaran los museos del Vaticano, caerían desmayados con tanta desnudez.
¿Por qué la gente que fue sacada de la pobreza por gobiernos de izquierda termina votando por la derecha más radical?
"Creamos consumidores con capacidad adquisitiva, pero no creamos ciudadanos con conciencia de clase."
Álvaro García Linera
Durante el boom de materias primas de los 2000, los gobiernos del PT en Brasil, el kirchnerismo en Argentina, el chavismo en Venezuela, el MAS en Bolivia y el correísmo en Ecuador tuvieron recursos históricos. Redujeron la pobreza. Ampliaron el consumo. Crearon una nueva clase media.
Pero no cambiaron quién controla los medios, el capital financiero ni la narrativa cultural. No industrializaron. Siguieron dependiendo de vender petróleo, soja y minerales al exterior. Cuando los precios cayeron, el dinero se acabó — y con él, la base política.
Lo más paradójico: esa nueva clase media que emergió gracias al Estado comenzó a adoptar la ideología de las élites. Sin educación política, el ascenso social se reinterpretó como puro mérito propio. Y ese sector terminó votando por Milei, por de La Espriella, por Kast, por cualquier figura que prometiera "menos Estado" y "mano dura" — exactamente las políticas que los habrían mantenido en la pobreza.
El patrón se repite: Bolivia, Brasil, Ecuador, Argentina, Colombia, Chile. La izquierda gana, reduce la pobreza, pierde el poder, y la derecha más radical del ciclo anterior regresa con más fuerza que nunca.
Como advertía Gramsci hace un siglo: tomar el gobierno no es lo mismo que tomar el poder. Mientras la derecha controle los medios, el sistema financiero y la cultura, cualquier victoria progresista será temporal.
El progresismo que solo reparte dinero sin democratizar el poder real está condenado a ser devorado por los monstruos que se negó a desmantelar.
Noticias a Voces
@DudoDeTodo2024@victorosses12 Necesitamos a toda la oposición en la misma parada que Winter para frenar a esta cofradía de mentirosos que nos está llevando al despeñadero. Basta de inacción. Pónganse las pilas la oposición y derecha democrática.
PERDER LOS ESTRIBOS
Cuando el jinete cae antes que el caballo. No por el corcoveo del corcel, sino, porque nunca aprendió a galopar.
Hay expresiones que sobreviven a los siglos porque contienen una verdad anatómica. “Perder los estribos” es una de ellas. No nació en un diván ni en un manual de autocontrol emocional: nació arriba de un caballo. Y eso ya dice bastante sobre nuestra especie.
El estribo era —y sigue siendo— ese aro donde el jinete afirmaba el pie para sostenerse en la montura. Sin estribos, el caballero perdía equilibrio, elegancia y dominio. Bastaba un movimiento brusco del animal para que el hombre, tan convencido de su autoridad sobre la bestia, terminara besando el barro con dignidad medieval. De allí el dicho: perder los estribos era literalmente descomponerse, salir despedido del control, dejar que el cuerpo revelara la fragilidad que el uniforme escondía.
Con los siglos, el caballo desapareció de la política, pero no el jinete.
Hoy ya no vemos monarcas entrando a la ciudad sobre corceles nerviosos. Vemos candidatos en matinales, presidentes en streaming y líderes que confunden autoridad con volumen. Pero el viejo problema ecuestre permanece intacto: el poder exige equilibrio. Y nada desnuda más a un gobernante que el instante exacto en que pierde los estribos.
Porque la ira no es solamente enojo. La ira es una confesión. Es el segundo en que el poder admite que no puede gobernarse ni a sí mismo. Y eso, en política, suele ser más grave que equivocarse.
La psicología moderna lo describe con elegancia clínica: secuestro emocional. La amígdala cerebral toma el mando, la razón queda suspendida y el individuo reacciona como un mamífero sitiado. Traducido al castellano cotidiano: el adulto interior abandona la sala y deja a cargo al niño caprichoso. El problema comienza cuando ese niño caprichoso tiene acceso al aparato del Estado.
José Antonio Kast perdió los estribos frente a un niño y su madre. Y hay algo particularmente revelador en eso. No frente a una guerra. No frente a una crisis económica. Frente a un niño. Un gobernante —o alguien que aspira a serlo— debería comprender que la infancia posee un privilegio devastador: expone el carácter de los adultos sin necesidad de discursos. Los niños son espejos crueles. Hacen preguntas simples que dejan en evidencia respuestas complejas. Y algunos líderes toleran mejor una investigación judicial que la espontaneidad de un menor.
Cuando un político se irrita ante un niño, uno no ve fortaleza: ve fragilidad. Es el emperador romano perdiendo una batalla contra un gorrión.
Pero además hay algo profundamente simbólico en perder los estribos frente a la infancia. Porque gobernar consiste, en el fondo, en administrar vulnerabilidades. Un país es una enorme colección de fragilidades humanas: enfermos, ancianos, desempleados, familias endeudadas y niños. Si la paciencia se rompe frente al más indefenso de los interlocutores, ¿qué queda para el resto?
Los antiguos manuales de caballería enseñaban que un buen jinete jamás debía castigar al caballo en público. No por bondad, sino por autoridad: quien se enfurece demasiado revela que ya perdió el control. La furia siempre delata impotencia.
Quizá por eso los grandes líderes de la historia tenían algo de actores consumados. Mandela sonreía donde otros habrían buscado venganza. Aylwin hablaba despacio incluso en la tensión. Sabían que el poder no consiste en gritar más fuerte, sino en resistir la tentación de hacerlo.
Perder los estribos es, finalmente, perder la vertical moral. El caballo cambió por cámaras, micrófonos y críticas. Pero el barro sigue esperando abajo, y Kast tiene una tendencia a revolcarse en su propio fango…y en público, porque al final, queda claro que el jinete no sabe cabalgar.
@MisColumnas
El Presidente ha caído en la noche oscura de su mandato. Un incidente público con un niño, en apariencia superable, se ha convertido con el paso de las horas en una radiografía escalofriante de su personalidad privada.
Los columnistas Peña y Matamala lo abordan en profundidad hoy
Valores …
Sentí un tirón. Apenas alcancé a darme vuelta cuando la moto zigzagueó levemente y aceleró hacia el poniente. El motochorro se llevó mi celular y yo quedé con un clavel blanco en la mano. Alguien me facilitó un teléfono para avisar lo ocurrido y comenzar de inmediato a bloquear todo lo necesario.
Eran pasadas las siete de la tarde cuando ocurrió el robo. “Capaz que llegue el ministro Arrau a exigir justicia”, me dije. Es lo que suele hacer: llegar primero y pedir las penas del infierno para los delincuentes. El problema es que esa no debiera ser su principal función. Su tarea es evitar que los delitos ocurran, no aparecer primero en los medios después de que ya se cometieron. Esta vez no llegó.
Así comenzó el largo ajetreo de avisar a la mayor cantidad posible de contactos lo sucedido y pedirles que estuvieran atentos ante cualquier intento de estafa. También me di cuenta de cuánto nos hace falta volver a memorizar números telefónicos, como se hacía antiguamente. Solo recordaba algunos; todos los demás estaban guardados en la memoria del celular que, en ese momento, viajaba en una moto con destino desconocido.
Al mismo tiempo, entre la rabia y el susto, comenzó un ejercicio de reflexión que le dio otra dimensión a lo ocurrido. Había sido víctima de una inseguridad que aumenta cada día, pero estaba en un lugar donde había otros valores en juego.
Me había quedado con el clavel blanco en la mano porque, a esa misma hora, se rendía homenaje a Carlos Lorca en el lugar donde fue detenido hace 51 años: calle Maule 120, vía que hoy lleva su nombre. Dejé allí una vela y el clavel. La gran mayoría de los presentes eran jóvenes; creo que yo era uno de los pocos viejos. Entonces pensé en quienes hoy piden militares en las calles para enfrentar la delincuencia. En 1975 también había militares en las calles, pero en ese tiempo no eran los celulares los que desaparecían.
La preocupación y la molestia por el robo duraron muchas horas. Sin embargo, al día siguiente recuperé en pocos minutos mucho más que las aplicaciones que tardaron horas en descargarse en mi nuevo teléfono. Recuperé valores aún más preciados, de esos que no se miden en dinero y que permiten volver a confiar en las personas.
Unos llamaban para saber cómo estaba; otros insistían en ayudarme a pagar el nuevo celular. Me negué, por supuesto. Pero el gesto era maravilloso. Me demostraban que el delincuente era solo uno, mientras que quienes reaccionaban con cariño, humanidad y solidaridad eran muchos más. Y eso es lo que verdaderamente cuenta.
La amistad, la solidaridad y el respeto por la vida siguen siendo infinitamente más grandes que la violencia. Somos muchos más quienes jamás seríamos capaces de ofender a una mujer, de faltarle el respeto a un niño o de hacer daño a otro ser humano. Al final, esos son los valores que permanecen. Son ellos los que permiten seguir creyendo que, pese a todo, la inmensa mayoría de las personas sigue optando por el bien, por los libros, por la cultura, por el medioambiente que no generan empleos ni ganancias, pero nos dejan unos tremendos valores.
Si Bielsa tiene millones de fans yo soy uno de ellos.
Si tiene solo 10 fans yo soy uno de ellos.
Si tuviera apenas 1 ese sería yo.
Si no tuviera ningún fan, es porque ya no estoy vivo.
Si el mundo está en contra de él, yo estoy en contra del mundo.
Ramin Rezaeian reacts to Iran’s dramatic 1-1 draw with Egypt, sending an emotional message to the Iranian people (translated from Persian):
“I don’t know what to say. I don’t know why we have such bad luck—once, twice, three, four, five times.
I don’t know what our people have done to deserve this.
I hope we can still qualify so they can feel better, they deserve more than this.
We fought as hard as we could. It didn’t matter if we had died tonight. We just wanted to make our people happy.
We have been fighting for months. We never asked for anything in return.
Every one of these players is honorable. We played for the love of our people.
People of Iran, we love you so much. I am sorry, that is all I can say.”
Gonzalo Winter @gonzalowinter destroza duramente a José Manuel Astorga @jumastorga, al Gobierno @GobiernodeChile y a parlamentarios de derecha por el mal manejo del caso de los niños haitianos y la difusión de información que, según sostiene, terminó siendo desmentida.
Jeannette Jara por trato de Kast a niño:
“El presidente Kast dio cuenta de lo que es, una persona prepotente, que se encarga de ponerse a discutir con un menor de edad, no me parece, me parece inadecuado”
🚨EXCLUSIVO
Aquí el momento exacto cuando el niño no saluda a Kast y le da el ataque de histeria contra el niño y su tutor.
“Es su mamá, es su mamá, es su mamá, es su mamá”
No está apto para gobernar.
🔴 El cargo presidencial representa mucho más que a una persona: simboliza a Chile, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras.
🔴 Por eso, cuando un presidente enfrenta a un niño por una decisión tan simple como no querer estrechar una mano, el hecho trasciende y termina siendo noticia internacional.
🔴 Las autoridades tienen el deber de dar el ejemplo, especialmente frente a los niños. Reconocer un error no debilita la autoridad; la fortalece. Pedir disculpas públicas sería un gesto de respeto y una señal de que la libertad también implica aceptar que los niños tienen derecho a decidir sin ser intimidados.
🔴 La libertad, si no se practica con el ejemplo, termina siendo solo un discurso.