Sobre el sustantivo “montón”, cuando se convierte en adverbio, me parece una de las maneras más bellas que tiene el español para decir que algo es mucho, especialmente cuando de describir un sentir se trata: “me desesperas un montón”, “te quiero un montón”, “me cansé un montón”.
Como antiguo militante del marxismo, quisiera que me permitan contarles algo que considero importante: mi etapa como marxista fue, sin duda, tiempo perdido.
Perdí años de mi vida militando por ideas que prometían cambiar el mundo y que, al final, no cambiaron absolutamente nada. De hecho, lo empeoraron todo.
Marchas, campañas, donaciones, activismo, propaganda. Siempre buscando alguna excusa fantasiosa para sacrificar mi tiempo, dinero y energía.
¿Y para qué?
Para terminar agotado, con menos recursos y con los mismos problemas de siempre.
También hice campaña por políticos de Izquierda que prometían cambiar las cosas. Les dí mi confianza y apoyo incondicional.
Y una y otra vez me estafaron, junto a toda una generación de izquierdistas ingenuos.
Pero el costo más grande no fue económico.
Fueron las amistades que perdí.
Porque la Izquierda consiguió algo verdaderamente monstruoso: hacer que mire a mis propios amigos como enemigos.
Colegas de años pasaron a convertirse en “traidores de clase” simplemente porque discrepaban conmigo.
Una camaradería construida durante años terminaba de un día para otro por una simple discusión sobre política.
Y lo peor es que terminaba creyendo que romper una amistad por política no era algo disfuncional, sino un acto de coherencia.
Qué estupidez.
Algo similar ocurrió con mi familia.
Personas que habían estado conmigo toda la vida podían convertirse, bajo esta lógica enferma, en personas por las que perdía todo respeto.
A personas cercanas que tuvieran cualquier tipo de éxito o dinero, las llegué a juzgar como “explotadoras y privilegiadas”.
Cuánta ignorancia.
Llegué a mirar con odio a personas que nunca me hicieron daño, simplemente porque la ideología me enseñó que eran gente sin “conciencia de clase”.
Y ahí entendí el verdadero peligro.
Cuando me dí cuenta de que estaba sacrificando relaciones reales por fantasías enfermas que el marxismo había implantado en mi mente.
La Izquierda me hizo creer que estaba luchando por la humanidad mientras desperdiciaba mi vida.
En lugar de buscar formas de servir a mi prójimo, buscaba justificaciones para menospreciarlo.
Me autoengañaba diciéndome que estaba colaborando a construir un mundo mejor, cuando en realidad solo deterioraba el mío.
Ese fue el tiempo perdido.
Hoy miro hacia atrás y no siento nostalgia.
Siento alivio.
Porque felizmente esa etapa terminó.
La época oscura quedó atrás.
Y si algo aprendí de ella es que el marxismo no solo destruye países, también te destruye por dentro, destruye tu alma.
Eduquen a sus hijos para que no repitan estos errores, que no sigan el camino de la indecencia marxista y no desperdicien porciones importantes de su vida por una ideología criminal que lo único que hace es extirpar tiempo, dinero y moral.
Eres guardia de seguridad y la Fiscalía te fabrica un delito intentando calmar el enojo popular tras un indignante escándalo de corrupción que deriva en un feminicidio.
Antes podías confiar en un Poder Judicial independiente que protegiera tus derechos.
Ahora, como el Poder Judicial está alineando al Gobierno, el Juez del Bienestar te manda directo a la cárcel. Tu defensa tramita un amparo, pero toda la justicia federal -desde el Juez de Distrito, pasando por los Magistrados de Circuito, hasta la Suprema Corte-, también responden al régimen político y no permitirán que se vea afectado por su propia corrupción. Además, el impartidor de justicia podría optar por no arriesgar su puesto en la próxima elección declarándote culpable.
¿Entiendes ahora el horror que vivimos tras la bestialidad de la Deforma Judicial?
Despierta México.
Salí de Venezuela hace 7 años ya, porque me pusieron una pistola en la cabeza a plena luz del día. 19 años tenía. Iba caminando a la universidad.
Me costó entender que eso pasó básicamente porque no había consecuencias para los criminales reales, como suele ser en las dictaduras.
Me fui aterrada y sin ganas de volver. Estaba chica y me costaba separar lo que es el gobierno vs. lo que es la patria.
Afuera lo entendí. Y me dolió muchísimo darme cuenta que amaba mi país más que a nada y que el recelo venía de que nunca quise ser una exiliada. Qué sensación tan fea lo que es el despojo y más cuando ni siquiera has terminado de formar tu identidad.
Por fortuna y bendición, migré a un país que amé profundamente desde el momento en que llegué. Me acogió, me permitió crecer, lo hice mi casa y lo sigo amando. Amo su cultura, sus costumbres y sobre todo a su gente.
Pude crecer, recorrer distintas tierras, sanar y ser feliz en ese proceso. País que visito, país del que me recorro al menos tres ciudades como queriendo entender cómo funciona desde adentro. Me voló la cabeza conocer formas de pensar tan diferentes e interesantes. Ese intercambio constante me recordaba lo que somos en Venezuela y lo que no. Nos empecé a recordar con cariño y con nostalgia.
Ya cuando sané y quise volver de visita, era demasiado tarde.
Para bien o para mal, tengo nacionalidad española y venezolana. La española me permitió moverme libremente por el globo, con la excepción de que si llegaba a pisar venezuela no podía salir.
Podía visitar cualquier país, excepto el mío. Y si lo visitaba, no podía salir, a no ser que tuviera ese pasaporte venezolano que me era imposible de conseguir por distintos motivos claramente relacionados a la dictadura.
Cuento esto como un marco para decir que la intervención de hoy, de este 3 de Enero de 2026, no la celebro a la ligera. Cuando crecí no soñaba con que USA bombardeara a mi país, te lo juro.
Pero tampoco nadie te prepara para lo que es ver a una tanqueta militar aplastando los huesos de estudiantes que solo exigían derechos humanos, poder comprar comida o tener libertad.
Nadie te prepara para estar semanas sin electricidad en un país que es ridículamente rico. Nadie te prepara para lo que es llegar con una emergencia a un hospital y ver cómo se te muere un familiar en los brazos porque no hay insumos. Nadie te prepara para lo que es tener amigos presos en el centro de tortura más grande del continente, y que ese centro de tortura casualmente esté en tu país.
Una dictadura es una dictadura. Y las salidas pacificas son una utopía.
Lo intentamos todo: votar, alzar la voz, pedir ayuda, protestar, irnos, quedarnos y hasta morir por nuestra tierra.
Nada funcionó. Y la represión no solo siguió sino que tomó fuerzas. En algún punto se sintió invencible (en psicología le decimos “Indefensión aprendida”). Por eso estamos tan contentos hoy. No creemos que lo que vengan sean rosas, pero sí nos devuelve algo de esperanzas.
No tienen que venir a preocuparse por nuestro petróleo, sabemos que tenemos las reservas más grandes del planeta. Rusa y China también lo saben bien, porque nos lo han robado en las últimas dos décadas y ahí si no hemos visto a nadie diciendo nada.
Todavía nos queda mucho. Y seré cruda con esto: tampoco somos libres (aún). Pero por primera vez en 26 años está ocurriendo algo histórico en nuestro país.
Si no eres venezolano, déjanos celebrar un poquito esta sensación de alivio y de esperanza que habíamos perdido.
Si eres venezolano y estás en Venezuela, por favor cuídate mucho. Nos necesitamos a todos a salvo.
Si eres venezolano y estás fuera, te entiendo. Te abrazo fuerte y te pido nos eduquemos sobre lo que pasa para explicarlo bien. Hará falta darle visibilidad a esto para que no se tergiverse nuestra historia.
Ya la historia no es solo el pasado, sino lo que está ocurriendo hoy. Y por eso cuento la mía.
Oye @Uber_MEX Ya todo el día a todos lados tienes tarifa dinámica que "por alta demanda", además que pasa con tus conductores, pedí un viaje, me trajo por una ruta que no era la del mapa, tardó muchísimo en llegar a destino y encima me cobras 200 peso más.
Oye @amazonmex , compré un regalo que tenía que entregar HOY y por culpa de su deficiencia me han cancelado dos veces la entrega, ahora se espera para el 24. Ya me arruinaron. NADIE en su centro de atención hace algo al respecto.
🟥ORWELL SE REVUELCA EN SU TUMBA
Cuando George Orwell escribió “La rebelión en la granja” lo hizo como una crítica al comunismo y se basó en la experiencia de cómo se vivía en la Unión Soviética.
Pues, Hollywood acaba de hacer una adaptación cinematográfica de su libro donde el villano principal es una copia barata de Elon Musk y los cerdos son comunistas.
Teniendo tantos ejemplos actuales como China, Venezuela o Cuba, esta gente se puso a criticar a millonarios que no oprimen a nadie y a blanquear a la ideología más criminal de la historia.